domingo, 24 de junio de 2018

Cuenta la verdad por @hcapriles



Por Henrique Capriles


Quiero pedirte algo que puede parecerte inusual, en especial porque no suelo utilizar esta columna para solicitudes como ésta: si conoces a alguien, dentro o fuera de nuestras fronteras, que todavía apoya el desastre social, económico y político que sigue hundiendo en la pobreza a las familias venezolanas, hazle conocer estos datos que voy a mencionar a continuación.

Es importante que lo hagas, porque no conozco ningún manual de obediencia política, ni ideología ni partido alguno que sea capaz de justificar la crueldad que revelan las cifras de la hiperinflación que padecemos en Venezuela y sus consecuencias en la vida diaria de nuestros barrios, pueblos y ciudades. Al menos no si pretende considerarse democrática.

Comienza por explicarle a esa persona, que hoy en día Venezuela tiene la única economía que vive en hiperinflación. Es como padecer una enfermedad que había desaparecido, gracias a la evolución de las políticas públicas y al avance de la justicia social, pero que en Venezuela ha sido revivida por quienes tienen el único fin de beneficiarse económicamente mientras mueren inocentes, a punta de hambre, miseria y violencia de Estado.

Y si esa persona que aún defiende el régimen del desastre te pidiera cifras, dile que sólo en el mes de mayo nuestra inflación fue de 110,1%. Con eso la inflación acumulada en lo que va del año 2018 es de 1.995,2%. Es posible que, con el fin de justificarlo, quieran echar mano de la inflación interanual. Pues bien: si lo comparas con el 2017, ya la inflación va por 24.571%. Y para evitar alguna confusión algebraica, ponlo en letras para que le quede claro: veinticuatro mil quinientos setenta y un por ciento de inflación interanual.

Ésa es la cifra: un promedio de 2,5% de inflación diaria. Puedes decirle que es lo mismo que vivir cada día la inflación que vive Chile durante todo un año. Nuestros precios aumentan en un solo día lo que le toma a Chile todo un año, 365 días, así de mal estamos.

Al revisar los promedios, en esta primera mitad del año la inflación ha sido de 78% por mes. Y, como durante los segundos semestres suele aumentar, el más optimista de los escenarios calcula ese promedio en 89% de inflación mensual, haciendo que la interanual sea de 206.724%.

Sin embargo, hay analistas que se atreven a augurar hasta 121% mensual: 1.390.526% interanual. Es decir: en Venezuela existe la posibilidad de registrar un millón trescientos noventa mil quinientos veintiséis por ciento de inflación en 2018.

¿Quién podría justificar cifras como éstas con desgastadas mentiras gobierneras como “la guerra económica”? ¿Quién va a comprarles tanto embuste, tanta mentira?

Ni siquiera en sus países aliados, que tanto le alcahuetean la retórica, podrán conseguir apoyo en las excusas. Su propia historia los desmentiría. Pongo un ejemplo: Bolivia tuvo la inflación interanual más alta que se había registrado en la historia económica de América Latina en 1985. Hoy ya Venezuela superó ese vergonzoso récord, pero es necesario recordar que a Bolivia le tomó año y medio en alcanzar ese registro, mientras que al gobierno de Nicolás Maduro le tomó apenas ocho meses dar el salto hiperinflacionario.

Y cuando te escurran con el asunto de que eso es la macroeconomía, pero que han protegido el sueldo de los trabajadores con el torpe argumento de la catajarra de aumentos del salario mínimo (algo que sólo demuestra que a la gente no le alcanza la plata), diles que hoy se necesitan dos salarios mínimos para comprar apenas un kilo de carne y un cartón de huevos.

¿A cuánto van a tener que aumentar el salario mínimo ahora, cuando hay especialistas que calculan que a finales de este año la canasta básica familiar puede estar costando quinientos millones de bolívares? ¿Cómo van a ocultar que hasta la industria petrolera, donde tienen un control absoluto y no pueden echarle la culpa ni al imperio ni a cualquiera de sus fantasmas, ha bajado sus niveles de producción a niveles históricos?

Esos mismos trabajadores saben que en abril necesitaban cien salarios mínimos para poder comprar apenas los productos de primera necesidad, pero en mayo ya necesitaban más de doscientos. Imagínense que si se mantuviera ese promedio, lo que los especialistas llaman un escenario base 106% de inflación promedio mensual, en 2018 las cosas habrían subido 580.891% de precio.

Y cualquiera sabe que no hay clase obrera ni militancia que aguante esa pela. En el gobierno deben saber que el hambre que generaron en la gente terminará de comerse el poquito de capital político que les quedaba en algunas regiones. El problema es que eso los hará afianzarse más en el miedo, en el terror, en la violencia.

Extorsionan con el hambre. Manipulan con crueldad a la gente. No les queda otra.

Allá afuera siguen convenciendo a países de la OEA con negocios y petróleo barato. Y, mientras eso pasa, en Venezuela cada cuatro semanas se duplica el gasto familiar.

Seguro más de uno te hará una pregunta tramposa, con la finalidad de poner los errores de un solo lado de la cancha y te preguntarán: “¿Cómo es que el régimen de Maduro ha sobrevivido políticamente a todo esto, si la gente la está pasando tan mal?”

La respuesta a esa pregunta es todavía más cruel: con la única intención de mantener el control de cambio y seguirle dando dólares baratos a la élite política y a sus cómplices, el gobierno decidió endeudarse.

¡Tanto criticar al Fondo Monetario Internacional, tanto hablar del neoliberalismo salvaje, y se están comportando como el más cruel de los totalitarismos! En Miraflores ponen sus negocios y los de sus cómplices por encima del Pueblo. Han generado un déficit fiscal que nos mantiene secuestrados por una inflación monstruosa que ellos no piensan detener, porque ésa es la única garantía de que quienes los mantienen en el Poder puedan seguir llenándose los bolsillos.

Con todos estos argumentos, siempre vendrá la patada de ahogado típica de quienes defienden la crueldad de las decisiones que siguen hundiendo a Venezuela en la miseria: “¿Y entonces qué es lo que propone la oposición?” Si llegas a ese punto de la conversación, entonces hazte escuchar y dile a esa persona que aquí existe gente preparada que saben cómo levantar a Venezuela sin improvisación ni demagogia.

Dile que sabemos que es urgente reducir el déficit fiscal y que eso obligará a disminuir un falso subsidio de los servicios públicos, pero que también hemos pensado planes de apoyo social que compensará el impacto que eso genere, por culpa de un manejo irresponsable de las políticas públicas durante casi dos décadas.

Dile que sabemos cómo devolverle la credibilidad a la política monetaria nacional, cómo estabilizar el control de cambio y cómo unificarlo, pero que para eso se necesita un cambio de visión y por tanto de gobierno. Un cambio inevitable que llegará tarde o temprano, para devolverle la independencia al Banco Central de Venezuela, que dejará de ser una maquinita de imprimir plata para alcahuetear desmanes del gobierno y se convertirá en lo que siempre ha debido ser: el custodio del valor de nuestra moneda.

Dile que es urgente sincerar el control de cambio, unificándolo y asumiendo la estrategia más eficaz para salir de este espejismo económico, infernal y distorsionado, donde una élite pretende seguirse forrando de billete a costa del hambre ajena.

Dile que un país petrolero no tiene por qué depender de una única fuente de ingresos, extorsionando a otras naciones, sino más bien diversificar su economía y convertir su principal riqueza en una fuente de tranquilidad económica. Y para eso hace falta una reforma sustancial que ya hemos entendido, pensado y planificado.

Por último, dile a esa persona, que el gobierno que defiende perdió una oportunidad de oro para hacer de Venezuela un país grande y con un pueblo dichoso. Dile que durante dos décadas convirtieron a una de las economías más prometedoras del planeta en un caso de estudio donde la hiperinflación ha resucitado, como consecuencia de la ineficacia de su modelo. Dile que decidieron matar a la gente de hambre con tal de no perder el Poder, pero que incluso así las fuerzas democráticas y sus defensores conseguiremos la manera de hacerle entender a cada persona que el madurismo ha terminado de cavar la fosa política de un modelo que fracasó.

Dile que tú formas parte de esta fuerza del cambio. Dile que Venezuela será libre y que, más pronto que tarde, esa persona que hoy intenta defender lo indefendible será testigo de esta transformación.

Necesitamos ser muchos explicando que en Venezuela el pueblo no merece seguir viviendo el infierno que el hambre, la extorsión y el Poder ejercido desde la violencia pretenden imponer. Vayamos uno a uno, persona por persona, si es necesario. El desastre que han generado es tan grande que ni siquiera ese gran aparato comunicacional que han construido podrá ocultarlo.
Es la hora de ser millones diciendo lo mismo: que Venezuela demanda un cambio de gobierno, que quienes están en el gobierno se sostienen por el frágil y vergonzoso poder del miedo y el hambre, que somos más y estamos listos para ser gobierno.

¡Que Dios bendiga a Venezuela y a cada persona que se sume a nuestra lucha por la Democracia!

24-06-18




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