viernes, 22 de junio de 2018

La verdad duele, por @camilodeasis




Juan Guerrero 21 de junio de 2018
@camilodeasis

Estemos claros. El chavizmo no es una ideología. A lo sumo es un tipo de pensamiento de la marginalidad, impuesto como política de Estado. Y esa imposición fue planificada y sistemáticamente aplicada, convirtiéndola en una perversa obscenidad política.

Quien posea medianamente formación académica sabe que entre las bandas delincuenciales no existe formación teórica ni menos política. Lo que existen son acuerdos entre pandilleros para delinquir. No nos vamos a caer a engaños.

El chavizmo no es solo Hugo Chávez, su familia y amigos. El chavizmo es, fundamentalmente, un deterioro ético y moral que quebró consciencias, fracturó principios y valores, y acercó a las fuentes del erario nacional, tanto a personajes de cuello blanco como a choros, drogadictos y adictos a cuanto resentimiento y mal existen.

En Venezuela el asalto al poder del Estado ha sido un hecho que tiene sus antecedentes y también sus mentores, asesores y financistas. No nos caigamos a engaños. Todavía están frescas las voces e imágenes de aquellos llamados “profetas o viudas del desastre” quienes en su desespero acercaron la república al abismo de estos oscuros tiempos. Van desde Núñez Tenorio, Ernesto Mayz Vallenilla, Arturo Uslar Pietri, Ramón Escobar Salóm, hasta José Vicente Rangel, Guillermo García Ponce, William Izarra, Luis Britto García, Carlos Escarrá, Muller Rojas, Alí Rodríguez Araque, Luis Miquelena, entre un largo etcétera de cursilería y bobalicones, (-sin olvidar los tarifados asesores extranjeros, con Lucas Estrella y su Oráculo del guerrero, además de los brujos, santeros y paleros), así como los medios de comunicación de radio, televisión y prensa, quienes fabricaron a este frankenstein que ha sido Chávez y el chavizmo. Especie de ideología de la marginalidad, salida de un izquierdismo líquido (-usando los principios del profesor Zygmunt Bauman) putrefacto y desquiciado.

Por eso, cuando se intente reflexionar y relatar la historia política de la Venezuela de fines de siglo XX y principios del XXI, habrá que ser objetivo y honesto para colocar en su justo sitio a estos y otros personajes. Muchos de ellos todavía vivos y quienes disfrutan de los beneficios del actual régimen de Estado.

No olvidemos nunca que Chávez y el chavizmo son una construcción de las malas políticas de los gobiernos, en la mal llamada IV república. El chavizmo pertenece, como pensamiento arribista y de facilismo e izquierdismo Disney, al compadrazgo político de la tradición adeco-copeyana. Mientras el madurismo sí es hechura nueva, del siglo XXI, en su versión política degenerada y perversa del chavizmo.

Porque no se puede contar la historia de este terrible drama venezolano que padecemos, con documentales y libros sesgados, sin base histórica y con medias verdades, como el llamado “Chavismo: la peste del siglo XXI”, por ejemplo. O de medios de comunicación, y hasta banqueros, quienes pretenden ahora que se les obvie su participación en la implantación de esta perversidad de régimen totalitario que nos está devorando a todos.

El soporte ideológico del chavizmo y del madurismo no son ni Marx, ni Engels ni Lenin ni Mao. Ni tampoco el Che ni Fidel Castro. La verdad, la realidad está indicando que esta es una pantalla para esconder, usando la ilusión de las bellas palabras edulcorantes de los siempre acomodados izquierdistas venezolanos (-la izquierda Disney), la podredumbre de la marginalidad del delito de pandillas organizadas, en bandas y megabandas de asesinos y delincuentes, quienes ordenan desde las cárceles, partidos políticos, cuarteles y centros estratégicos como Miraflores o Fuerte Tiuna, usando una descomunal propaganda de Estado, donde se difunde un bien orquestado plan de la patria, como disfraz izquierdista para adecentar la perversidad y obscenidad de lo que en realidad significa esto llamado chavizmo.

Porque el deterioro del Estado no es un hecho fortuito. Todo. Absolutamente todo ha sido diseñado hace años, con otros nombres y otros actores. Lo que se ejecuta es un libreto. Los actores pueden muy bien ser sustituidos. Incluso el actual presidente, ministro de la defensa o cualquier otro gobernador, diputado o concejal. Estamos frente a un “sistema de régimen” totalitario que es más complejo y perverso que una tradicional dictadura.

La aberración de autoridad de Estado que se vive es algo inédito en el mundo. No hay comparación con otras experiencias vividas en sociedades que han sido sometidas a vejámenes, humillaciones y violaciones sistemáticas de sus derechos humanos básicos. Venezuela es un caso único.

Me atrevo a señalar que el uso del pensamiento marginal hecho Estado sería algo novedoso. Otra señal lo comporta la participación de bandas de delincuentes al frente de la administración del Estado y sus instituciones. Además de la práctica del delito y su depravación, de manera cuasi formal, como virtud para el ascenso en la administración del Estado.

Por ello indicamos que el deterioro generalizado de la república y su sociedad, como política de Estado, son una planificación que a lo largo de los años está siendo exitoso. Su mejor logro han sido los cientos de miles de muertos, prisioneros, torturados, desaparecidos y los millones de venezolanos que han emigrado.

Venezuela hoy no es un país. Es un descomunal y gigantesco campo de concentración sometido a un diario y permanente deterioro. Tanto material, físico como psicológico y espiritual. De sobrevivir, vamos a padecer por varias generaciones de un daño permanente e irreversible, tanto en nuestros organismos físico-mentales, como en nuestro medio ambiente absolutamente contaminado.


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