Por
Julett Pineda
Los
cortes ocasionales de agua y electricidad fueron reemplazados por un
plan de racionamiento aún más severo. A partir del cuatro enero de este
año entró en vigencia el plan de abastecimiento especial de 2016
presentado por Hidrocapital para racionar el agua frente a la amenaza
inminente de sequía que trae el fenómeno El Niño. Aunque desde
2015 organizaciones climáticas ya advertían sobre la intensificación
del fenómeno con respecto a años anteriores, las condiciones actuales de
los embalses están lejos de ser suficiente para combatir la sequía que vendrán
los primeros seis.
Para
el profesor y ambientalista Alejandro Álvarez Iragorry, la preparación contra
El Niño llegó tarde. A pesar de que el Instituto Nacional de Meteorología
e Hidrología (Inameh) y su presidente, José Gregorio Sottolano, informaron la
semana pasada que “se deben tomar las medidas pertinentes que coadyuven a
minimizar los impactos del clima en nuestro país”, el especialista asegura
que la crisis de sequía que atraviesa Venezuela se vio opacada por la
crisis política y económica.
“Ya
llegamos a la crisis, ya no hay nada que hacer. Lo que queda es usar el agua de
la manera más austera posible”, aseguró Álvarez Iragorry. “Desde 2014 hay
alertas de que podía venir un Niño de gran magnitud y países como Colombia,
Perú y Ecuador se prepararon“, agregó.
Por su
parte, el ambientalista Juan Carlos Sánchez destaca que en 2010 Venezuela
atravesó un fuerte período de sequía y hoy en día, cinco años después, el país
sigue sin preparación frente a este tipo de fenómenos climáticos. “Ese fue un
año bastante drástico con respecto al racionamiento. Tenemos un problema
institucional grave“, apuntó Sánchez.
El
presidente del Inameh confirmó a través de un comunicado que debido a las pocas
lluvias registradas el año pasado, los embalses en la región norte del
país están “en situación crítica con respeto a sus niveles óptimos para poder
afrontar un nuevo período seco”.
Sottolano
también advirtió que las altas temperaturas que se esperan para los próximos
meses podrían causar incendios forestales y que el fenómeno será más intenso
que en años anteriores. Entre los años en los que El Niño azotó de manera
más fuerte al país figuran los períodos de 1997 a 1998 y de 2009 a
2010, intervalos en los que se registraron fuertes sequías -y lluvias
posteriormente- que dejaron miles de afectados.
“Para
dar una idea, cuando pasó el último Niño, las temperaturas de las aguas
del Atlántico no pasaron de 1,4ºC. De acuerdo con la Administración
Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA por sus siglas en inglés), esta vez las
aguas llegaron hasta los 2,3ºC”, explicó Juan Carlos Sánchez.
La
NOAA es una institución americana considerada entre los especialistas como
la fuente más autorizada para hacer monitoreos de los fenómenos
climáticos. Cuando las aguas alcanzan una temperatura de medio grado centígrado
por un período sostenido de tres meses, se considera que el fenómeno califica
como Niño.
Carlos
Méndez, investigador del Centro de Ecología del Instituto Venezolano de
Investigaciones Científicas, coincide con que ya no hay nada que hacer a estas
alturas, aparte de racionar el agua. “Como medida a largo plazo, hay que
tener mayor preparación. Debido al cambio climático, las sequías van a ser
más prolongadas y las lluvias más intensas“, explicó.
Los
especialistas están de acuerdo con que instituciones como Corpoelec e Hidroven
no generan ni publican la suficiente información como para saber qué tan bien
preparado está el país para hacer frente a la sequía. Sin embargo, ante los
constantes cambios climáticos, Méndez propone que se haga un monitoreo
continuo.
“La
distribución de los efectos no es homogénea como en años pasados. Ahora los
cambios se han vuelto más impredecibles que antes. La única fórmula que tenemos
es estar en constante monitoreo, como hace el Inameh, y tener un sistema
de respuesta rápido ante lo que pueda suceder“, afirmó el investigador del
Ivic.
13-01-16


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