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viernes, 15 de febrero de 2019

Sin educación no hay vida @CECODAP @FERNANPEREIRAV



Por Fernando Pereira


El escenario de emergencia humanitaria  compleja que vive el país es reconocido nacional (salvo por los altos jerarcas del gobierno) e internacionalmente. El debate sobre la ayuda humanitaria copa los escenarios de debate político, de técnicos y profesionales, medios de comunicación, redes sociales, camioneticas e incluso en la panadería donde me acabo de tomar un café.

Existe un estado de necesidad tan grande, que todos hablan de la comida y las medicinas que deben llegar, las formas de presentación, cómo deberían entrar y ser distribuidas, las prioridades de atención. Es evidente que la desnutrición creciente y las enfermedades galopantes requieren todo el apoyo internacional en virtud de los desequilibrios generados y el desabastecimiento nacional.

Nuestra preocupación estriba en la educación que agoniza sin que se le presten ni siquiera cuidados paliativos. Ana Carolina Griffin realizó una investigación para Cecodap donde recoge la realidad de escuelas públicas y subsidiadas ubicadas en sectores populares: “La escasez de comida y transporte está haciendo más difícil la asistencia al colegio. Algunos niños, niñas y adolescentes se quedan en el camino por falta de “energía“ para subir la cuesta que significa, meriendas, transporte, uniformes y útiles. Otros continúan su formación escolar más allá de las fronteras venezolanas. La crisis humanitaria se matricula en la escuela, aunque el Gobierno intente ocultarlo”.

El Ministro de Educación Aristóbulo Istúriz, anunció la cifra de la matrícula escolar para el año 2018-2019 en 7.664.869, señalando que había tenido un leve ascenso respecto al año anterior (declaraciones que se deben ubicar en el campo de la fe pues las estadísticas ofíciales no se publican desde el año 2015); pero, las cifras que ha procesado el investigador Luis Bravo de la UCV dicen que a pesar de que este año, la matrícula hubiese aumentado un poco con relación al anterior tenemos un comportamiento hacia la baja. Hay 213.709 alumnos menos que en el año 2013 que fue el año de mayor matrícula educativa en la historia venezolana. ¿Qué pasó con esos muchachos, dónde están?

Están fuera de la escuela, están sobreviviendo en las calles, en circuitos de la violencia o forman parte del contingente de al menos 2 millones de venezolanos que ha migrado a otros países en los últimos dos años.

En el mes agosto, Noelbys Aguilar, Directora del Programa Nacional de Escuela de Fe y Alegría que agrupa a 176 escuelas a nivel nacional reportaba 40% de inasistencia para el año recién concluido y semanas más tarde reportaba que menos del 50% de los alumnos inscritos en 2017 se inscribieron en 2018. Aguilar señaló que era algo nunca visto desde que la institución fue creada.


La privada no escapa

“En su más reciente rendición de cuentas al país, el pasado 14 de enero, el Gobernante Nicolás Maduro dijo “aquí no se ha cerrado ni una sola escuela” es posible que eso sea cierto en lo que respecta a las escuelas públicas,  pero las asociaciones que agrupan al sector educativo privado Andiep y Cavep, denunciaron el cierre de al menos unas 450 en los últimos dos años, lo que representa casi 10% de las 5 mil escuelas privadas que hay en todo el país” destaca Griffin.

Hay quienes piensan que los colegios privados están ubicados en zonas privilegiadas para atender a los sectores más favorecidos; desconociendo que hay instituciones privadas incluso en sectores populares y en zonas donde suplen la no presencia del estado.

La migración de docentes a otros países y a la informalización para tratar de sobrevivir representa una de las principales falencias que se deben enfrentar.
Esfuerzo titánico de las familias

El escenario desolador (o el Empinado camino a la educación como lo denominó Griffin) solo ha podido sortearse con el concurso de familias que hacen lo impensable para que sus hijos continúen estudiando en los distintos sectores sociales.

Evidente que no se puede sobrevivir sin comida, agua, medicinas; pero también lo es que no podemos sobrevivir sin educación. No podemos seguir pensando que esta es una tarea para después. O que cada familia siga viendo hasta dónde puede aguantar. Desde ya hay que entender que se debe considerar como una prioridad la atención a la educación dentro del contexto de la emergencia humanitaria compleja.

14-02-19




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