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viernes, 23 de mayo de 2014

El Bracero político creado por la reelección del Presidente Santos: ¿significará la entrega de Colombia al Castrocomunismo?



Mensaje con Destino: CORDÓN UMBILICAL DE COLOMBIA Y VENEZUELA.

Por Jesús González Briceño, 20 de mayo, 2014.

Colombia y Venezuela han sido  la más grande obsesión de Fidel y Chávez, y no menos de Maduro, quien es un discípulo de ambos aunque no calza  sus niveles intelectuales pero muy similares al primero en sus métodos represivos. La conformación de un escenario  de Colombia  Perú, Ecuador y Venezuela, una nueva Gran Colombia Bolivariana-castrista, sería  la consumación del mayor éxito fidelista para luego morir en paz con su conciencia revolucionaria. Ese proyecto no es nada descabellado porque existen condiciones  reales para su realización con dos protagonistas como  Correa   y Ollanta Humala que están  a toque, aunque no han sido  tan favorables las condiciones políticas de ambos países pero las ganas no les faltan, ni faltarán en el futuro próximo. Ya Fidel quemó sus naves en Chile con Salvador Allende y anteriormente con el Bogotazo y el Santiagazo marxistas de 1948.

No atañe en esta ocasión las venideras elecciones  presidenciales colombianas con  la reelección de Juan Manuel Santos en un escenario de lograr la paz con las FARC y el ELN, que con su reelección abrirá las compuertas del comunismo castrista, porque la realización de las negociaciones por la PAX COLOMBIANAE con los  jerarcas de la guerrilla  en la Habana no fue fortuito ni ocasional, en vez premeditado, para que recibieran el asesoramiento y experiencia invalorable del comunismo cubano, de tal modo que  ciertamente los negociadores  guerrilleros han tenido acorralados a los representantes santistas  y pareciera que los culpables del largo proceso de  hostilidades y quebrantamiento de los derechos humanos son únicamente los gobernantes colombianos.

En este proceso de negociación Gobierno-FARC, el presidente Santos y su equipo gubernamental, antagónico al expresidente Uribe y su partido, han dado la impresión de que tuviera una agenda oculta,  una carta debajo de la manga como un mago, aparte de su empeño  reeleccionista, compatible con la  traumática tradición de los gobernantes latinoamericanos de permanecer en el poder por largos períodos, a la usanza  de Juan Vicente Gómez, Pinochet, Getulio Vargas, Somoza, Trujillo, Chávez y los Castro, y muchos más, y por la necesidad de lograr las pacificación de Colombia envuelta en una lucha fratricida desde Gaitán. La justificación de Santos no es nada nuevo y la repetición de la historia hegemónica al sur del Rio Grande se repite históricamente.

Pero no es solamente esta argumentación la que trasluce, hay poderosos motivos en esa bestial y sucia política colombiana  por conservar el poder de grandes emporios o de familias, o por  seudoideales revolucionarios, pero en el caso que nos ocupa hay otros ingredientes  malsanos u oscuros que se develarán después de las elecciones presidenciales colombianas el  25  de mayo próximo para poder apreciar las consecuencias o mejor dicho los resultados de los acuerdos alcanzados, en  casi dos años de negociaciones, y los que faltan  todavía, si Santos es reelegido para  ver  en  que pararán los logros sobre reforma rural integral (  agrarios,) participación política y el último recientemente  sobre las drogas ilícitas. Pero todo está por verse porque  la aproximación del evento presidencial  trae consigo  muchas y diversas sorpresas: Santos ha perdido mucho terreno en las encuestas y apela al chantaje de que si no gana se perderá el proceso de paz con los guerrilleros, desatándose  una campaña sucia perversa contra el candidato del uribismo con el recién video de su candidato Iván Zuluaga, denunciado por la revista Semana dirigida por Alejandro Santos Rubino, astilla del mismo palo, con el hacker Sepúlveda,  y  utilizando al Fiscal General de la Nación, de confianza del presidente, Luis Montenegro, para hostigar al expresidente y actual senador Álvaro Uribe.

La corrupción y perversión de los poderes públicos colombianos han llegado  al máximo a propósito de este venidero proceso electoral en que se destituyó y  restauró  al alcalde bogotano Gustavo Petro, ex miembro del pacificado M-19       como una jugada para  apartarlo momentáneamente de sus aspiraciones  presidenciales porque le restaba  votos izquierdistas a su candidatura. Las FARC protestaron esta medida suspensiva pero fue sólo una mueca simulada porque su objetivo principal es que Santos renueve su  mandato para incorporarse a la vida política colombiana.

La otra cuestión que aparece  contradictoriamente es  la  cercanía de presidente  Santos con los guerrilleros del M-19, siendo conocido  alias SANTIAGO en tanto su poderosa familia posee el más grande monopolio de la red comunicacional del país, además de haber desempeñado la misma presidencia de la república y  con un hermano, Enrique, quien era compinche del Tirafijo, cofundadores del movimiento guerrillero M-19.

En este proceso negociador para acabar las hostilidades de larga data se ha visto de todo, con un movimiento guerrillero, FARC-ELN, que  no ha cesado de realizar  masacre de militares, civiles y menores de edad inocentes, y ataques contra la infraestructura del país, e infiltrando movimientos agraristas y protestas recientemente durante este proceso de negociación en la Habana y decretando unilateralmente  el cese de las hostilidades del 20 al 28 de mayo, para no perturbar los comicios, sin que el presidente Santos se haya manifestado contundentemente contra estas acciones terroristas. Es posible que  se pierda la reelección de Santos, beneficiando al candidato de Uribe, Iván Zuluaga, pero sería algo grandioso que otro candidato como  Peñalosa pudiera alcanzar el deseado trofeo presidencial, pero las encuestas no le favorecen. No obstante el desarrollo de los acontecimientos  muy previos a este evento comicial puede cambiar el futuro castrocomunista de Colombia lo que significaría la frustración de los Castro y el aceleramiento de la separación de Maduro en Venezuela. Colombia y Venezuela están unidas por un cordón umbilical.



Jesús González Briceño

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