Por Óscar Lucien
Con poco tino político el
Parlamento Europeo no autorizó una delegación que estuviera presente en
las cruciales elecciones parlamentarias celebradas el pasado 6 de diciembre
en Venezuela, las cuales cerraron con contundente triunfo de los candidatos de la Mesa de
la Unidad Democrática. Se privó a la ciudadanía europea de
una voz calificada y legitimada para ofrecer una visión documentada e
imparcial de lo que ocurriría en Venezuela, sometida a un régimen
autocrático que tiene (o tenía, gracias a lo ocurrido este domingo) bajo
su control todos los poderes públicos.
La elección de una nueva
Asamblea Nacional, convertida por el propio Gobierno enun plebiscito a la
gestión de Nicolás Maduro, debió ser un evento de
alta trascendencia para tan relevante instancia política europea que tiene
entre sus compromisos doctrinarios la defensa de la democracia y de la
libertad, no sólo en el ámbito de las naciones europeas sino, también, en
el mundo. Sin embargo, esa delegación no vino y no pudo constatar ‘in
situ’ el obsceno ventajismo con el que se desarrolló esta elección,
los abusos y delitos electorales en la propia persona del jefe del
Estado, la participación de funcionarios en campaña, el bloqueo
informativo, la violaciones sistemáticas a la veda electoral,
la perversa intimidación a la que fueron sometidas las comunidades
más pobres a quienes se amenazaba con que un triunfo opositor
significaba la suspensión de la ayuda pública.
Este domingo el pueblo
venezolano, a contracorriente de este clima adverso, harto de las colas
para adquirir lo más básico en alimentación, aseo y salud, de la escasez,
de la violencia, de la corrupción, de la destrucción de la
producción nacional, de las expropiaciones, de la inflación, de los atentados
a la libertad de expresión y de la criminalización de la opinión, se
pronunció, expresó en las urnas su deseo de cambio. De manera clara y
contundente se comprobó en las urnas los vaticinios de todos los sondeos de
opinión: una amplia mayoría de venezolana rechaza el régimen ineficiente,
militarista y corrupto que Hugo Chávez dejó en herencia a
Nicolás Maduro. En las elecciones parlamentarias de Venezuela han caído al
menos dos mitos importantes: primero, las dictaduras no salen
con votos y, segundo, la unidad estaba “pegada con saliva de loro”. Con el
voto mayoritario a favor de la alternativa democrática, a pesar de
la parcialidad del Consejo Nacional Electoral y el amenazante clima,
se produce un punto de inflexión en la deriva autocrática y
totalitaria del régimen. Los venezolanos votamos porque la nueva Asamblea sea
el foro privilegiado para el debate político, el espacio por
excelenciapara el diálogo en procura de las urgentes decisiones para sacar
al país del abismo. Hoy, más que nunca, estoy convencido de que dos
mitades no hacen un país. En segundo lugar, sometida
a descalificaciones, insultos y hostigamiento del
Gobierno, y asimismo a la incomprensión de grupos radicales opositores, la
Mesa de la Unidad Democrática demostró ser una plataforma eficaz de
conciliar las diferencias de los múltiples partidos que la conforman para
conducir una victoria que abre el camino para la recuperación de la
institucionalidad democrática, para atender los problemas de los más pobres
pero en ámbito de libertad y de respeto a la pluralidad política.
Maduro, quien fue el jefe
de campaña de los candidatos del oficialismo, salió derrotado. Se acabó la
época de gobernar por decreto, habilitado legislativamente por unos parlamentarios
obsecuentes que habían renunciado a su mandato esencial de legislar
para el pueblo y no para un autócrata.
La nueva Asamblea que se
instalará el 5 de enero de 2016 debe convertirse en el foro político
por excelencia, que ha sido conculcado por estos años de predominio
oficialista, convertida bajo la voz de mando de un capitán del ejército
venezolano, Diosdado Cabello, en un cuartel. La sólida
mayoría calificada que suponen los 112 diputados obtenidos implica
que la nueva Asamblea podrá someter a referendo tratados o acuerdos
que lesionen el interés nacional, sancionar leyes habilitantes,remover o
nombrar autoridades de poderes públicos.
El domingo, Maduro fue
derrotado y se abre un camino realmente democrático para Venezuela.
10-12-15

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