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martes, 1 de diciembre de 2015

Dogma de Fe, @incisos



Por Alfredo Yánez Mondragón, 30/11/2015

¿Por qué llamarse a engaños? Esta debacle que se vive en Venezuela tiene un solo grupo de hacedores. Por años, desde que se desconoció la voluntad política expresada en la Constitución Nacional y se le llamó moribunda, pasando por la manipulación del electorado con fórmulas matemáticas para convertir una tendencia en aplanadora; hasta llegar a la asfixia del aparato productivo y convertir a las fuerzas vivas del país en un conglomerado de pedigüeños, estratificado, para que siempre haya alguien que crea que se puede estar peor.

Eso es el legado; y como en la Iglesia, ese legado es un dogma; que –¡oh paradoja!- procede del padre y del hijo.

En las últimas horas ha brotado cierta confusión; por no decir malhadada manipulación según la cual, el hijo desvirtuó el legado del padre.

El dogma es indivisible; lo mismo que el legado. Aquí nadie empeoró nada, nadie lo catalizó ni lo sacó del rumbo. Esta barbarie comenzó con los estrafalarios discursos populistas; con los lanzamientos de pelotas en los estadios del Imperio, con el pito en la boca, despidiendo a los expertos en materia petrolera; con el nefasto grito del exprópiese, con el reconcomio de haber sido criado por la abuela y no por la madre; con la bajeza de condenar por televisión a los jueces que aplicaron su arbitrio, con la tozudez de creerse imprescindible hasta morir a manos de sus verdugos, por no haber oído a nadie que le hablara en otro renglón; distinto al sonsonete cubano.

Aquí no ha cambiado nada, desde la perspectiva de la barbarie y el capricho. Ni siquiera la majestad presidencial; esa que falla desde su origen hoy, ha podido instalarse en la residencia oficial; porque el legado compartido es el mismo. Nadie lo rompió, nadie ha querido armar el suyo propio; porque desde antes del anuncio de “su” fatalidad, se han agarrado de ese fetiche propio y a ratos popular; para endilgar devaluaciones, desabastecimientos y escasez superlativa en rubros tan disímiles como el papel para limpiar miserias, hasta cualquier ítem que usted piense en este momento.

Resulta vergonzoso advertir la pretensión de algunos voceros de querer separar al uno del otro; cuando ese otro no puede ser; no pudiese ser, no existiría sin el uno.

Creer que la heredad fue una equivocación, es no haber comprendido que en la ceguera por el poder; ese padre irresponsable creyó que su figura podría ser eterna.

Son días estos para comprender que los dogmas ya no funcionan en una sociedad globalizada, que despertar implica un shock pero que una vez despiertos, la pesadilla queda atrás para dar paso a la vida real, esa que se construye día a día, sin fetiches, ni tótems.

Que nadie se engañe. Vienen tiempos duros, y es momento de que advirtamos que pase lo que pase, nos toca asumir la realidad que nos toca vivir, con la República como único dogma.

Tomado de:


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