Por
Sumito Estévez
En el
año 1812 se utilizó por primera vez el
término gedankenexperiment para denotar a los experimentos conducidos
en los pensamientos.
Tanto
la Filosofía como esa otra rama de ella que es la Física adoran plantear
experimentos mentales como recurso académico. Es probable que el experimento
mental físico mas famoso es aquel que planteó el físico austriaco Erwin
Schrödinger para poder explicar cómo afecta un observador las leyes físicas de
la mecánica cuántica.
Son experimentos que se plantean sin intención (e incluso
muchas veces sin posibilidad) de llevarlos a cabo físicamente, pero cuya
concatenación lógica de eventos permite obtener conclusiones que prueban
teoremas.
A
veces veo lo que pasa en Venezuela y siento que somos una especie
de gedankenexperimentperverso de algún superburócrata fastidiado.
Hagamos
pues un experimento imaginario.
Imaginemos
(hipotéticamente, claro está) que el gobierno decide expropiar las fábricas de
alimentos para animales. Y lo hacen alegando la seguridad y la soberanía
alimentaria, por tratarse de una materia prima sensible y fundamental en el
proceso de independencia agroalimentaria.
El
recurso del subsidio es ampliamente utilizado por todos los gobiernos. Es
indudable que es una de las formas de reparto de la riqueza. Imaginemos
(insisto: hipotéticamente) que los nuevos gerentes de las compañías expropiadas
deciden subsidiar el precio por kilogramo del alimento para animales, para que
el bajo precio garantice que el producto final sea asequible a la mayor parte
de la población.
Y
ahora, para no complicar mucho nuestro gedankenexperiment, limitémonos a
imaginar que se trata del alimento para vacas.
Imaginemos
que estos nuevos gerentes de las compañías expropiadas tienen que aprender cómo
se maneja el negocio de producción de alimento para vacas. No es tan fácil como
prender una máquina que hace alimentos o preguntarle a los trabajadores
“Mira, chico, ¿cómo es que se hace esto?”. El asunto implica rearmar
acuerdos crediticios para importación de materia prima (pues sí: para hacer
materia prima hay que importar otra materia prima) y restablecer sistemas
de distribución y cobranza. En fin, aspectos gerenciales que toma sus buenos
años aprender.
Nosotros,
mientras tanto, sigamos imaginando: ahora la producción de la nueva comida
barata para vacas cae estrepitosamente. Y así nuestro experimento imaginario
nos ha llevado a un escenario donde hay muchas vacas hambrientas y poca comida.
Si trasladamos esto a lo que ha pasado con nuestros programas de modelo social,
será sencillo predecir el resultado: contrabando y mercado negro.
Imaginemos
(no está de más repetirlo: hipotéticamente) que el productor, ése que siempre
ha estado literalmente sembrado en estas tierras, no quiere ver morir de hambre
a sus vacas y mucho menos quedarse sin modo de vida. ¡Miren que interesante! En
nuestro experimento se acaban de crear tres nuevos tipos de ganaderos: el
primero son los que consiguen el alimento a precio subsidiado; el segundo son
esos que deben comprar el alimento en el mercado negro; y el tercero lo forman
aquellos que se quedan sin vacas porque no tienen contactos ni tienen para ir
al mercado negro. Pero, un tiempo después, debido a que el éxito de las
relaciones financieras es directamente proporcional a la rentabilidad, también
desaparecerán los primeros y sólo quedarán los del medio.
Volvamos
a la idea de que hay un burócrata perverso detrás de
este gedankenexperiment. Uno que, por supuesto, jamás ha llenado de
estiércol sus zapatos recorriendo el campo. Imagínelo en su oficina sacando
cuentas para decidir cuánto cuesta producir un litro de leche. Suma los gastos
de nómina, los metros cuadrados, veterinario, los impuestos… y el alimento para
vacas. ¡Y listo! Ya cree que sabe cuánto vale producir un litro de leche. Y
digo “vale” porque lo que no él sabe es cuánto cuesta producirlo.
Entonces
el burócrata saca su cuenta y le suma ese 30% de ganancia para el productor que
manda la Ley, no vaya a ser que se nos muera de hambre.
El
problema en nuestro gedankenexperiment es que el precio de kilo de
alimento para vacas que se toma es el subsidiado. Y ése es el elemento
protagónico de la fórmula del burócrata. El escenario paradójico puede
resolverse fácilmente a favor del funcionario: ¿quién manda al productor a
incentivar el delito comprando en ese mercado tan poco matemático que es el
negro? Visto así el delito es del comprador y no del vendedor y se queda en la
fórmula el precio subsidiado del alimento para vacas.
Y es
en función de ese precio que se fija el precio máximo de venta por litro de
leche.
Llamemos
a ese precio omega: Ω. Pues bien: usted y yo ya sabemos que Ω es menor de lo
que en verdad es el valor de producción de un litro de leche de vaca.
Recordemos
que el precio real del alimento de vaca para quien lo compró en el mercado
negro no es ése que el burócrata anotó.
Así
llegamos a un escenario más en nuestro gedankenexperiment: aquellos
productores que vendan la leche por encima de Ω van presos, pero si la
venden a Ω se mueren de hambre (y al rato se le morirán de hambre las vacas
también).
“¿Qué
hacer? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer?”, se preguntan y quienes me acompañan hasta
estas alturas del gedankenexperiment.
“¡Ya
sé! ¡Que los productores de leche hagan tortas o dulce de leche y lo vendan a
un precio que les permita mantener operativa la producción!”, dice alguno. Y es
brillante su solución joven. El problema es que ya no habrá leche para
vender y se supone que nuestro gedankenexperiment se planteó para que
hubiese leche para todos. Pero así es la ciencia: no siempre llega al resultado
esperado, sino al lógico.
¿Entonces?
¿No hay nada que hacer? ¿Dónde ven ustedes la solución posible? ¿A alguien
de ustedes se le ocurre otro final para este gedankenexperiment?
10-01-16

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