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sábado, 29 de julio de 2017

Los dilemas de la crisis, por Miguel Méndez Rodulfo


Miguel Méndez Rodulfo 28 de julio de 2017

Venezuela enfrenta, si se quiere, su hora más terrible en estos nefastos 18 años de infame gobierno. El país está en una encrucijada, los presagios no apuntan nada bueno, pero forzosamente hemos de llegar a una definitoria. Muchos analistas políticos consideran que la polarización es extrema; sin embargo, tengo mis reservas al respecto. Creo que la polarización opera cuando hay dos bandos más o menos igualados y ninguno puede reducir al otro. En el retrato de hoy, 85% de los venezolanos adversan férreamente al gobierno chavista;  esa mayoría aplastante, la razón que la asiste, el apoyo de la comunidad internacional y su deseo de luchar cívicamente por un cambio, puede y debe inclinar la balanza a su favor. No obstante esto no será nada fácil. Otro argumento esgrimido por los analistas es que cada parte quiere aplastar a la otra y eso inevitablemente tiene el potencial de desestabilizar al país. Tampoco estoy muy de acuerdo con esto, porque la oposición tiene muy claro que la gobernabilidad se basa en la inclusión, la libertad, el respeto y el reconocimiento de las minorías. De manera que de haber un nuevo gobierno democrático, la oposición chavista tendrá su espacio político y no será perseguida ni obstaculizado su accionar político. Lo que es claro es que esto no es así para el régimen, que si quiere borrar a la oposición y negarle todos sus derechos políticos.

El gobierno llama al diálogo para que éste le proporcione piso político a la constituyente; la oposición se niega naturalmente a justificar ese exabrupto jurídico, con lo que el régimen amenaza con obligar a la MUD a sentarse cuando la ANC se haya aprobado. Zapatero también llama al diálogo, pero los convidados de Vladimir a la 1, claman por una negociación y aducen, cosa que es cierto, que los conflictos se inician en los reductos de las partes, pero siempre terminan en la mesa de negociación. El tema es que el diálogo, mucho menos la negociación, es extremadamente difícil de justificar con un gobierno que quebranta la Constitución y las leyes y le da una patada a la mesa cuando quiere. ¿Cómo se dialoga así? Además, por la propia culpa del gobierno, el control político de la oposición se ha ido diluyendo de la MUD, con lo cual se instala en el país el germen del caos, de la multiplicidad de actores en el conflicto, algo que socava el diálogo.

Lo que los amigos de Villegas nos dicen es que si no hay negociación, habrá guerra civil, porque el régimen aunque escuálido (nunca mejor usado el término), tiene el poder de las armas. De manera que nos conviene negociar. Así debemos conformarnos con unos cuantos magistrados en el TSJ, algunos rectores en el CNE, el respeto a la Asamblea Nacional y a la Fiscalía General. A cambio, tendríamos que dejar que se cumpla el período constitucional: o sea, Maduro entrega en 2019. Esta solución negociada, dicen, toma a la Constitución como guía. Lo que olvidan es que la Carta Magna establece también el revocatorio, algo que el gobierno obvió groseramente, y no estipula que una constituyente se convoque en esos términos. La manipulación del régimen al TSJ para promover una constituyente espuria e inmoral, habla a las claras del irrespeto por los preceptos constitucionales. ¿Luego entonces, cuál Constitución va a ser la guía?

El “arreglo anterior” no explica que pasa si se aprueba la constituyente y el gobierno arrasa con todo. Las protestas multitudinarias contra la permanencia del régimen en el poder, no comenzaron en abril por la constituyente, se iniciaron porque ya es imposible vivir con la escasez cada día mayor de alimentos, una inflación galopante que es la más alta del mundo y una ausencia casi total de medicinas, algo que parece que los analistas no consideran cuando proponen que dejemos a Maduro terminar su mandato. La constituyente en sí misma es una trampa, para todos incluido el gobierno. Si la hacen e intentan aplicarla, la ira popular incontrolada incendiará el país. Si no se hace (que aún es una posibilidad), porque el gobierno se la piense bien, haya asimilado la presión internacional y se convenza que Trump puede suprimir las compras de petróleo venezolano, o bien porque la MUD negocie su cancelación a cambio de las condiciones anteriormente expuestas, el gobierno verá mermado su apoyo en los dos casos y la oposición sufrirá credibilidad en el segundo. Los días que vienen son muy difíciles. Los militares jugarán un rol fundamental. Ni la mayoría está comprada con un cargo público, o una prebenda del Arco Minero, y todos saben que el Estatuto de Roma los perseguirá en caso de delitos de lesa humanidad. Esto último y la decisión de EEUU de evitar que Venezuela se convierta en otra Siria, es lo que impediría una guerra civil. En tanto el pueblo no ceja en su empeño de salir de esta calamidad de gobierno.

 
Miguel Méndez Rodulfo
Caracas 28 de julio de 2017