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miércoles, 30 de mayo de 2018

Hitler y el auto del pueblo, por @aposylt




Astrid Prange 29 de mayo de 2018

Dos hombres, un megaproyecto: Adolf Hitler y Ferdinand Porsche son los creadores del Escarabajo. Porsche es el diseñador genial, Hitler el político que dio el respaldo. "Se encontraron dos personalidades que congeniaron", resume el historiador Wolfram Pyta, profesor de Historia Moderna en la Universidad de Stuttgart.

Junto con los también historiadores Nils Havemann y Jutta Braun, Pyta contó en el libro Porsche. Vom Konstruktionsbüro zur Weltmarke (Porsche: de oficina de diseño a marca mundial) la historia de la firma, fundada el 25 de abril de 1931 en Stuttgart.

En concreto: sin el respaldo de Hitler, Porsche no habría podido llevar a término su proyecto de un auto popular. "Hitler necesitaba una mente creativa que pudiera construir un auto pequeño que pudiera ser producido en serie", dice Pyta. "Y Porsche necesitaba un respaldo político que le permitiera trabajar sin la presión de los costos".

Motorización y movilización

Ya en el Salón del Automóvil de febrero de 1933, apenas unas semanas después de haber sido nombrado canciller, Hitler había anunciado su propuesta de movilización popular. En el verano de 1934, la Asociación Alemana de la Industria Automotriz instruyó a Porsche que creara un automóvil popular que se llamaría "Kraft durch Freude" (Fuerza a través de la alegría), tal como la organización nazi para actividades recreativas.

Hitler, quien no tenía licencia de conducir, se tomó la elaboración del prototipo de "su Volkswagen" como algo muy personal. El 26 de mayo de 1938 estuvo presente en la colocación de la primera piedra de la planta de Volkswagen en Wolfsburg.

Sin embargo, el automóvil "Fuerza a través de la alegría" no sirvió para motorizar al pueblo, sino más bien al Ejército. Fue usado con fines militares gracias a su condición de todoterreno y sirvió con eficiencia en el frente.

Nadie se sorprendió por el uso militar adicional de la creación, porque esa transformación estaba acordada de antemano. En una exposición de Porsche realizada en 1934 se dijo que se buscaba un auto popular "que no solo sirva para movilización de personas, sino también como transporte y que sea útil para determinados fines militares".

¿Un Volkswagen francés?

La exitosa historia del vehículo pequeño para el pueblo comenzó solo después de la guerra. Para sacudirse del pasado nacionalsocialista, se le cambió el nombre por Escarabajo. Ya en diciembre de 1945, apenas unos meses después del fin del conflicto, el primer Escarabajo salió de la línea de producción. Diez años después, Volkswagen celebró la fabricación del auto número un millón. El vehículo de capot jorobado se convirtió en un símbolo del milagro económico alemán y obtuvo ventas récord en todo el mundo. Cerca de 22 millones de Escarabajos fueron producidos y vendidos.

De su pasado nacionalsocialista se había sacudido el Escarabajo incluso poco después de terminada la guerra, al punto de que el Ministerio de Producción Industrial francés, que era dirigido por los comunistas, se puso en contacto con Porsche en octubre de 1945. "La mejor prueba de este desacoplamiento de su pasado nazi lo vemos claramente en los esfuerzos del gobierno francés de ganar los servicios del diseñador de Volkswagen", dice el historiador Pyta.

"Oportunismo sin límites"

La competencia francesa quería evitar la aparición de un "auto popular" alemán. "Fue una intriga de las empresas Renault y Peugeot", explica Pyta en conversación con DW. "Porsche y su yerno Anton Piëch fueron acusados de crímenes de guerra". De hecho, Porsche fue sorpresivamente capturado en diciembre de 1945 y puesto bajo custodia por las autoridades militares francesas hasta agosto de 1947. Pero esta acción no pudo frenar el éxito mundial del Escarabajo.

Para Pyta, la colaboración entre Porsche y Hitler no es para nada sorprendente. Los fabricantes, supuestamente apolíticos, suelen quedar obnubilados cuando los gobernantes autoritarios se muestran sorprendidos con sus proyectos. "Porsche no fue el único que sin trabas morales se colgó con oportunismo del cuello de dictadores", dice Pyta. "Los empresarios que solo piensan en el éxito de sus empresas o en la implementación de sus ambiciosos proyectos muchas veces no tienen reparos en pactar con los gobernantes".


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