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martes, 29 de mayo de 2018

Profesores que inspiran: Jesús María Aguirre por @centrogumilla



Por Lesslie Mendoza


A los 75 años y luego de tres décadas ofreciendo sus conocimientos a miles de alumnos en la Escuela de Comunicación Social, este sacerdote jesuita e investigador asegura que aún tiene mucho que aportar a su profesión y a los estudiantes que pasan por las aulas de clases

Vasco de nacimiento, pero venezolano de corazón.  Jesús María Aguirre (o “Chusma”, como le dicen cariñosamente quienes lo conocen) es un personaje multifacético y con gran trayectoria en la investigación de la comunicación en Venezuela. Profesor, sacerdote y voluntario comprometido con las causas sociales son algunos de los roles que desempeña con mucho ánimo cada día.
Nacido en la ciudad de Azpeitia (provincia de Guipúzcoa, en España) en el año 1943, fue bendecido en la misma pila bautismal que San Ignacio de Loyola y Vicente Emparan (quien fuera Capitán General de Venezuela hasta 1810), como una suerte de jugarreta del destino que lo llevaría a incorporarse a las dos casas que lo han cobijado en la vida: la Compañía de Jesús y Venezuela, su hogar durante casi 55 años.

“Entré a la Compañía de Jesús y nosotros desde que entramos nuestra vocación es para todo el mundo. Así fue como pidieron un grupo de voluntarios para ir a otros países; en ese momento algunos iban para la India donde las puertas estaban cerradas. La opción de Venezuela era una que estaba demandando gente porque estaba teniendo una expansión muy grande la presencia jesuítica en el país. Entre los que se propusieron como candidatos estuve yo. En el año 1962 estaba yo ya aquí”.

De allí en adelante, Aguirre se ha caracterizado por desarrollarse académicamente en diferentes áreas de las ciencias humanísticas y ha obtenido varios grados no solo en Venezuela, sino también en países como España, Francia y Ecuador.

Filósofo de la Universidad San Gregorio de Quito, teólogo egresado de la Universidad de Deusto (España), comunicador social de la UCAB y doctor en Ciencias Sociales de la UCV son algunos de los títulos que acumula en su historia de vida.

Pero su pasión por el periodismo y la comunicación es lo que lo define. En 1975 fundó la revista Comunicación, editada por el Centro Gumilla, y ha publicado más de 16 libros sobre el tema. Además, desde hace 30 años se mantiene unido a la Escuela de Comunicación Social de la UCAB, en donde se ha desempeñado en diferentes áreas, sobre todo como docente y referente para todos los estudiantes de esta carrera.


“Con mis intereses fui acumulando formación adicional vinculada a la comunicación y las ciencias sociales, y así es como al regresar a Venezuela, comencé las prácticas profesionales en la revista SIC del Centro Gumilla, en la que he colaborado desde 1969. Mi vinculación con la Escuela de Comunicación comenzó en el año 1988, con una materia que se llamaba Análisis de Prensa, que dictaba junto a la profesora Caroline de Oteyza. Durante estos 30 años con la Escuela, hemos abierto cátedras como Sociología de la Comunicación y Sociología de la Comunicación en América Latina; fui coordinador de trabajos de grado, encargado del departamento de Ciencias de la Comunicación y abrimos los postgrados en las áreas de comunicación, desarrollo social y organizacional. También intentamos crear un doctorado, esta última fue una experiencia fallida”.

Aguirre cuenta que, luego de tantos años en esta escuela, su bandera siempre ha sido aportar a la carrera de Comunicación Social en la que se desempeña como docente diversos conocimientos que preparen a los estudiantes para que den lo mejor de sí fuera de las aulas.

“Mi gran inspiración como profesor siempre ha sido mejorar la profesión del comunicador. Yo creo que es una profesión muy poco comprendida, muy mal entendida. La gente ni siquiera cae en cuenta que en torno a eso que llamamos las industrias culturales hay más de 400 oficios distintos. Para mí es muy importante, más allá de que haya estudiado esta carrera, mejorar desde las condiciones laborales hasta la preparación profesional; por eso la mayoría de mis investigaciones las he dedicado a esto y lo que desearía uno es la mejora de los medios y por supuesto de las políticas de comunicación del Estado”.

Con la frase “up to day”, este jesuita de 75 años de edad cuenta que los cambios generacionales que ha vivido como profesor con sus estudiantes le han servido para nutrirse sobre las nuevas tendencias que van surgiendo en el mundo; además afirma que mientras más aprende de sus alumnos más cosas nuevas tiene que enseñarles a las generaciones siguientes que también entrarán en su aula.

“Existen cambios generacionales. Hay una frase de un Papa que dice ‘qué distintos éramos nosotros de nuestros antecesores’. Se imagina uno que estas generaciones se parecen a nosotros, pero son muy distintas de todo punto de vista. Hay una transformación de los valores, no como esas cosas pintorescas de transexuales e hippies, sino en la forma de concebir la vida, más postmoderna, su relación con el mundo es absolutamente distinta. Ahora con Facebook uno se mantiene conectado, sobre todo en el caso venezolano. Todavía hablo con exalumnos que están en cualquier parte del mundo. Para uno esto es nuevo, ahora tengo tablet y smartphone. Sin ser nativo digital he visto el cambio de las tecnologías con mis estudiantes, ellos son los que me han mantenido, como digo yo ‘up to day’, uno aprende muchísimo de los alumnos”.

Un sin fin de anécdotas como docente

El profesor Aguirre se ha dedicado no solo a colaborar con los sueños de sus estudiantes, sino a formar profesionales que sepan argumentar y defender sus ideales como comunicadores sociales y seres humanos.

“Las anécdotas son muchas, pero recuerdo dos en particular que para mí han sido muy significativas. En la cátedra de sociología de la comunicación para ver cómo era el tema de las ideologías, solía hacer la afirmación ‘la mujer es un animal de pelo largo e ideas cortas’. Entonces, las alumnas se ponían frenéticas y yo les pedía que me demostraran lo contrario; claro, esto lo hacía como provocación para ver qué argumentos tenían para defenderse (risas). Una vez se creó una comisión que fue a la Escuela para protestar porque yo era machista. Me pasaba que entraba a este salón y las mujeres se ponían de espaldas, y siguieron así hasta que entendieron mi juego. Otra anécdota que recuerdo de mis alumnos fue un grupo que estaba haciendo su tesis, un largometraje, y se les murió el actor principal que era Cosme Cortázar, del famoso grupo Rajatabla. Yo en ese momento era coordinador de tesis y me plantearon que, como yo me parecía mucho a ese actor, hiciera el papel. Me tiñeron el cabello de rojo, me envolvieron como una momia y me toco correr por el parque El Pinar para que los estudiantes pudieran tener la película ‘Susana toma el baño’”.

Luego de tres décadas dando clases, el padre jesuita ha sido un pilar fundamental para el desarrollo de profesionales intachables que representan a Venezuela en diferentes ámbitos fuera y dentro de las fronteras del país, a los cuales recuerda siempre con cariño por haber sido excelentes alumnos.

“Yo suelo decir que de los exalumnos hay dos tipos, unos son muy buenos y otros son muy malos. De los que están en el medio uno se acuerda menos. Algunos estudiantes que he tenido que han sido resaltantes, pues está Elí Bravo, uno de los más inteligentes que he tenido; otro que fue muy serio pero brillante es el actor Edgar Ramírez. También puedo hablar de otros muy sobresalientes como Carlos Correa, de Espacio Público, o Andrés Cañizález, un gran investigador”.

Frente a la situación actual del país, el éxodo de jóvenes venezolanos y la desesperanza de los profesionales de la comunicación, el profesor Aguirre mantiene su optimismo y afirma que sobre las adversidades crecen los mejores periodistas.

“En Venezuela hay dificultades, en eso estamos de acuerdo, pero como las hay en todos los países. Por estudios y demás me ha tocado viajar por el mundo y vivir situaciones de dictadura; si uno espera que siempre existan condiciones óptimas, la vida no es así. En cada momento hay un reto y ahí uno debe tejer su vida. Entiendo al que no tenga vocación política para quedarse apostando por el país. Es algo de reto personal, pero a la hora de la verdad las personalidades más fuertes se tejen en medio de obstáculos y luchas. Cuando uno ve a los grandes profesionales del periodismo, como Ryszard Kapuściński (periodista polaco) y Oriana Fallaci (periodista italiana), ellos enriquecieron su haber profesional en medio de dictaduras”.


28-05-18