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miércoles, 13 de junio de 2018

La hiperinflación y el empobrecimiento colectivo por @ElNacionalWeb



Por Maritza Izaguirre


Semana a semana tropezamos con la dura realidad del fenómeno hiperinflacionario; el presupuesto familiar ajustado obligatoriamente a ingresos disminuidos en su poder adquisitivo por la devaluación acelerada de nuestro signo monetario, obliga a comprar cada semana menos bienes a un mayor precio. La experiencia recoge que en las últimas dos semanas los precios se han más que duplicado.

Es decir, que nos vemos obligados a disminuir las cantidades y eliminar todo lo que no sea de primera necesidad, con el fin de mantener la reducida dieta familiar. Ello implica que solo logramos adquirir lo indispensable, disminuir lo gastado en alimentos y poder satisfacer necesidades relacionadas con los artículos de limpieza y otros elementos requeridos para cumplir con las tareas rutinarias en el mantenimiento de la casa.

Todo lo anterior, con el objeto de preservar algunos recursos adicionales que se necesitan para la compra de medicinas, solucionar problemas rutinarios tales como la compra de bombillos, cancelar la copia de una llave, reparar un artefacto afectado por los cortes eléctricos o corregir los problemas asociados a los equipos de bombeo del agua del tanque a las tuberías, resultado, entre otros, del uso recurrente del sistema, ante los cortes obligados del agua responsabilidad de las autoridades. Ello implica llamar a las empresas privadas, especializadas en el ramo, que hoy calculan los servicios al precio del innombrable.

Todo lo anterior obliga a la utilización cada vez más frecuente del crédito y de los ahorros, lo que implica la disminución de los recursos destinados a cubrir las emergencias, especialmente aquellas relacionadas con las contingencias médico-asistenciales, dado que la cobertura de los seguros se ha reducido sustancialmente ante la inflación.

Ello lleva a la búsqueda de ingresos extras, lo que conduce a multiplicar las jornadas, desempeñando tareas extraordinarias que permiten incrementar, al menos parcialmente, los ingresos para satisfacer las necesidades básicas del núcleo familiar. En especial todo lo relacionado con niños y adolescentes, para permitir la cobertura parcial de los gastos asociados al desempeño escolar, tales como uniformes, libros, cuadernos y otros elementos requeridos para avanzar en la adquisición de los conocimientos básicos para su desempeño intelectual, claves para su éxito futuro, cuando les tocará competir en una sociedad global.


De allí la angustia compartida acerca del porvenir que nos espera ante la falta de decisiones por parte del Poder Ejecutivo para enfrentar el problema. La hiperinflación arruina y conduce a decisiones, tales como la salida masiva de nuestros compatriotas buscando nuevos horizontes, muchos de ellos en países que enfrentaron con coraje y voluntad años atrás las causas del fenómeno al asumir con responsabilidad un programa de ajuste destinado a corregir la situación.

Por lo tanto, no hay tiempo que perder: el enemigo a vencer es la hiperinflación, fenómeno que se puede controlar si se toman las medidas adecuadas, tales como lo han demostrado países amigos.

12-06-18