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miércoles, 13 de junio de 2018

La procesión va por dentro, por @lmesculpi




Luis Manuel Esculpi 12 de junio de 2018

Es un “hecho notorio y comunicacional”, las controversias en el campo opositor, -como era previsible- se han incrementado posterior al veinte de mayo. La anhelada unidad no pareciera posible en lo inmediato, será necesario persistir para alcanzar su recomposición. Resulta verdaderamente incomprensible que en la actual coyuntura, frente a la crítica situación y ante las debilidades del oficialismo, las fuerzas democráticas no puedan reencontrarse y la polémica pública adquiera la pugnacidad conocida y manifestada a través de las redes sociales.

La sobre exposición de la discusión prácticamente no ha permitido visibilizar la magnitud y diversidad de los conflictos internos del oficialismo, donde la procesión va por dentro. Recientemente en una conversación con un amigo dirigente del PSUV relataba palabras más palabras menos: “nosotros tenemos serias confrontaciones y debates internos, pero cuando aparecemos públicamente tenemos una sola voz “cuestión ampliamente conocida, pero me llamó la atención su añadido: “esa disciplina ahora comienza a romperse”.

Es de suponer que no existe espacio en el país que escape al descontento y al malestar que genera la grave crisis que vivimos y que se responsabilice de ella al gobierno. De esa turbulencia, por supuesto, no escapan los dirigentes y militantes del partido oficialista.

Algunas manifestaciones públicas son expresión de esa confrontación, entre ellas es de destacar la declaración de Elias Jaua: “Creo que lo sabio y lo justo es que pongamos a la orden nuestros cargos y se someta a un proceso de votación directo, secreto y universal para escoger los integrantes de la dirección nacional y los liderazgos regionales”…”El PSUV no puede seguir siendo indiferente ante el entramado de corrupción que han involucrado a funcionarios del gobierno y sectores privados”.

Todo ello a propósito de la realización del congreso del partido de gobierno, que Diosdado Cabello -quien al parecer a perdido el poder que presume- había anunciado para el 28 de julio y Maduro presionó para adelantarlo y se habría iniciado la pasada semana.

Dirigentes nacionales y regionales desconocen datos elementales del evento anunciado, tales como su integración, la forma de designación de delegados y el temario. El máximo organismo de dirección casi no se reúne, las decisiones las toma un pequeño cogollo del gobierno, los organismos de base Unidades de Batalla Bolívar-Chávez (UBCH) no funcionan y han sido sustituidas por organismos para estatales como es el caso de los CLAP. Existen duras críticas contra esta práctica aunada a la campaña clientelar desplegada por Maduro recientemente.

La situación en nuestro propio campo dificulta, en buena medida, que se produzca un proceso de distanciamiento de los sectores más críticos y se desarrollen positivamente las contradicciones en el terreno adversario. Ellos juzgan a toda las fuerzas alternativas por algunas manifestaciones individuales, que sobre todo en twitter, muestran poca compresión de estos fenómenos, agrediendo a todos por igual sin mediar ningún tipo de consideración.

Se ha puesto de moda en círculos académicos y políticos analizar los procesos de transición, ello no resulta casual, pues el cambio político necesariamente pasará por una etapa de transición, muchos de esos procesos y también los nuestros han sido posible por la participación activa de elementos del régimen anterior. El pos gomecismo y también el 23 de enero de 1958 son ilustrativos en ese sentido. Pretender imaginar una transición con la exclusiva participación de la oposición actual, además de iluso sería una manifestación de miopía política, al no comprender la necesidad de dotar al cambio político de algunas garantías de gobernabilidad y estabilidad para alcanzar y superar la actual situación logrando la reconciliación y una transición en paz.