miércoles, 25 de julio de 2018

A propósito de las protestas sociales, por @lmesculpi




Luis Manuel Esculpi 24 de julio de 2018

Se incrementan permanentemente. Es lógico que así sea. La situación se hace cada vez más insoportable. Sus manifestaciones constituyen una seria preocupación par el gobierno. Le temen realmente, están conscientes que los paliativos son y seguirán siendo por demás insuficientes.

Las protestas sociales crecen en cantidad y calidad. Según el Observatorio Venezolano de la Conflictividad Social en el primer semestre del año se produjeron 5.315 protestas, un promedio de treinta diarias.

La semana pasada en Caracas – región que junto a Lara y Zulia – ocupa los primeros lugares la lucha por las exigencias reivindicativas, se intensificaron además de las acciones desplegadas por los distintos sectores de la salud, especialmente de las enfermeras, se sumaron los pensionados, en distintas parroquias el descontento se expresó por la falta de agua, los trabajadores de CANTV y Corpoelec exigiendo salarios dignos, al igual que los investigadores del IVIC.

Las principales motivaciones de las movilizaciones sociales que algunos califican de “baja intensidad ” están relacionados con la hiperinflación y la escasez de alimentos y medicinas, los salarios de hambre, la crisis de los servicios públicos, entre ellos el grave estado en que se encuentra todo lo relacionado con la salud.

Sin embargo se comenta con mucha frecuencia que en medio de la gravedad de la crisis “la gente no protesta”, incluso esa afirmación la formulan algunos formadores de opinión y analistas políticos, quienes a nuestro juicio no valoran en su justa dimensión, este fenómeno que tiende a crecer en la medida que el entorno económico y social sigue su espantoso curso, mientras el gobierno evidencia su incapacidad para enfrentarlo.

Se comete un error al considerar que el contenido reivindicativo de las manifestaciones, las sustraen de la lucha política, porque en sus discursos y consignas no explicitan ese carácter, desconocer que este tipo de lucha social en la misma medida que se desarrolla adquieren implícitamente en su contenido, modalidades que transcienden el contenido inicial. Si se interrogará por ejemplo a un trabajador de la salud quien tiene la responsabilidad del caos en que ejercen sus labores no dudó en que respondería.

En ese proceso van “in crescendo” tanto en cantidad como en calidad.

Las movilizaciones recientes han contado con un número mayor de participantes, y concurren cada vez más personas que respaldaron en algún momento al oficialismo, llama particularmente la atención la presencia de dirigentes de empresas y organismos del estado.

El que hasta ahora no sean masivas y simultáneas no significa que no puedan llegar a serlo. No compartimos el criterio que por la censura y la autocensura no son reseñadas en los grandes medios es como que sino existieran, lo cierto es que existen y se difunden por otras vías sus exigencias, tampoco es cierto que no tengan incidencia política, además de las razones expuestas, agregaría que ellas constituyen un verdadero dolor de cabeza para el gobierno.

En el sector salud existe coordinación entre los distintos gremios vinculados al área, la participación de dirigentes políticos -que seguramente los hay- en la protesta será de quienes de forma natural lideran gremios, sindicatos y organizaciones vecinales. El resto de la conducción política, en esta etapa, debe expresarse solidariamente y coadyuvar en las labores de coordinación. El reclamo que hacen algunos amigos cuyas opiniones me merecen respeto de otra formas de participación de los dirigentes políticos, ahora puede resultar contraproducentes al propio desarrollo de las luchas sociales. Estas líneas intentan aportar algunos elementos con el propósito de comprender e incentivar las luchas que hoy de manera incipiente, pueden proyectarse en el futuro a una escala mayor y favorecer el necesario cambio político.

Luis Manuel Esculpi

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