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lunes, 29 de julio de 2013

Estadísticas opacas

VLADIMIRO MUJICA 25/07/2013

Hay una clara manipulación de cifras y la falsificación de la realidad de nuestro país. Venezuela ha recibido elogios internacionales por reducir la pobreza y mejorar las condiciones de vida de las mayorías. La alternativa democrática tiene que revelar la dimensión de la manipulación y la desinformación

El reciente reconocimiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) a Venezuela por, según reza el anuncio oficial, "progresos notables y excepcionales en la lucha contra el hambre", puede alternativamente ser interpretado como una burla en momentos en que el país se debate en una dura crisis económica y social que afecta sobre todo a los sectores de menores ingresos, o como algo muy revelador de la forma en que se manejan las estadísticas a nivel internacional.

En este contexto no deja de llamar la atención que en el mismo anuncio se señala que "Según las estimaciones más recientes de la FAO, Venezuela forma parte del grupo de 18 países, entre los que se cuenta Cuba, Guyana, Nicaragua, Perú, San Vicente y las Granadinas, que han realizado progresos excepcionales, al haber reducido la prevalencia de la subnutrición del 13.5% en el periodo 1990-1992 a menos de 5% en el periodo 2010-2012 y haber alcanzado así la meta del Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM) 1 referente al hambre". 

Al reconocimiento de la FAO hay que añadirle el premio Handam de educación de la Unesco en 2012 a Nepal, Sudáfrica y Venezuela; y la lista no termina allí.

Venezuela también ha recibido elogios internacionales por reducir el desempleo, por tener una distribución del ingreso más equilibrada y, en general, por reducir la pobreza y mejorar las condiciones de vida de los sectores de menores ingresos.

La pregunta termina por ser inescapable ¿Sobre qué datos reales se sustentan estas afirmaciones? Uno puede escoger la ruta fácil, que consiste simplemente en pensar que estas distinciones se compran con el dinero petrolero y que los premios y reconocimientos internacionales a Venezuela son parte de una conspiración internacional de los aliados del chavismo para transformar mentiras en verdades. Pero lo extenso y complejo del tema exige una revisión con mayor profundidad.

En primer lugar, es indispensable reconocer que hay un ingrediente innegable de manipulación de las estadísticas y de falsificación organizada de la realidad de nuestro país que el gobierno y sus aliados internacionales realizan de manera continua y en múltiples escenarios.

Uno de los espacios donde la opacidad es dominante es el tema petrolero. Las cifras oficiales presentadas por Pdvsa no son auditables y la única manera más o menos realista de hacerle seguimiento a temas de vital interés para el país, como la magnitud de la producción petrolera, la proporción entre producción nacional y extranjera, etc., es recurrir a los organismos internacionales que monitorizan el flujo de crudo.

La distorsión de información le permite al Gobierno presentar la nacionalización de la industria como obra de la revolución chavista, cuando la realidad es que hoy la producción de empresas extranjeras excede con mucho la producción de Pdvsa. Es decir, que en la práctica se ha ido desnacionalizando la industria y se ha aumentado de manera descomunal la deuda de la empresa hasta hacerla insolvente.

Otros terrenos en que la opacidad y la desinformación son sistemáticas son los relacionados con la educación y el desempleo.

Pero aquí es necesario detenerse un poco porque los indicadores que maneja el gobierno en los organismos internacionales sobre la forma de calcular el desempleo, teniendo en cuenta el así llamado empleo informal, han introducido un grado considerable de discusión, inclusive entre los expertos.

Otro tanto se puede decir sobre el tema educativo, donde el Gobierno presenta cifras de crecimiento de la matrícula, alfabetización y acceso al sistema educativo que se prestan a ser interpretados como índices positivos de la gestión gubernamental.

Una conclusión importante es que las fuerzas de la alternativa democrática tienen que hacer un esfuerzo deliberado y por disciplinas, no solamente para revelar la dimensión de la manipulación y la desinformación, sino para contrarrestar con argumentos técnicos y datos sólidos, en los casos en que ello sea necesario, cada una de las interpretaciones sobre indicadores sociales y económicos que se introducen a conveniencia del Gobierno venezolano.

A los venezolanos no es necesario convencernos del fracaso de esta larga década de desgobierno.

Produce una gran indignación el contrastar el supuesto paraíso en que se ha convertido Venezuela, según algunas organizaciones internacionales, y el infierno de la vida cotidiana y la destrucción del país que se respira a lo largo y ancho de nuestra geografía.
Cada vez que un líder del chavismo vocifera "No hay papel tualé, pero tenemos patria" mueve a coraje el cinismo de una oligarquía enchufada en el poder.

Pero ninguna de estas reacciones puede reemplazar el estudio disciplinado y profesional que es necesario realizar como soporte a las posiciones del liderazgo de la alternativa democrática.

Mucho se ha avanzado en esta dirección, pero esta es una pelea que requiere atención continua, porque los ojos de otros países son muy sensibles a lo que opinan organizaciones que gozan del respeto internacional como la FAO y la Unesco.

El chavismo lo sabe, y por eso manipula, y nosotros bien haríamos en también entenderlo a cabalidad.


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