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sábado, 24 de junio de 2017

350, por Miguel Méndez Rodulfo



Miguel Méndez Rodulfo 23 de junio de 2017

Luego de 18 años de incorporado a la nueva Constitución el artículo 350, y después de haber llovido ríos de tinta sobre su aplicabilidad o no, sobre su improcedencia o no, la oposición venezolana, es decir el 83% del país, invoca su aplicación. Esto de por sí es un paso histórico y sobre todo un no retorno en el intento por desalojar al chavismo del poder. Esta vuelta de tuerca del sector opositor en su estrategia por salir de este régimen macabro, es una táctica acertada que da nuevos bríos a la lucha e impide que la protesta se disuelva. Es vital mantener la chispa encendida e ir a más, porque lo que se debe lograr es la articulación con los sectores populares para dar al traste con el 17% que controla el poder. Para quienes piensan que la lucha será larga y que el gobierno está fuerte, les decimos que el régimen se sostiene gracias a la represión de los militares y los colectivos. En el primer caso, por fortuna, las atrocidades son ordenadas por un alto mando corrompido, pero no son compartidas por la inmensa mayoría de oficiales de menor rango que el generalato. En el segundo caso, el terror que siembran los colectivos, está dirigido a intimidar y aterrorizar a la ciudadanía, como se comprueba en las atrocidades cometidas en urbanizaciones como El Paraíso, pero que generan el repudio de la población. Así, uno y otro método represivo, más que apuntalar al gobierno, lo debilitan, de manera que cada vez más se acrecienta el rechazo a Maduro y a toda la camarilla de su desgobierno.

En tanto que la oposición aplica el 350 cumpliendo los preceptos constitucionales, lo cual se comprueba porque se desconoce a un régimen que incumple los valores, principios y garantías democráticas, consideración que está harto probada, vale aclarar que también el desconocimiento aplica por el tropello a los derechos humanos de que hace gala el gobierno; en este sentido, la matanza de los más de 70 jóvenes en estos meses de lucha, habla por sí misma. Luego la oposición tiene poderosas razones para desconocer a este funesto régimen, y lo hace apelando a lo que la propia Constitución dispone; sin embargo, en el caso de la constituyente, no se respeta con igual rigor el texto constitucional, ya que el gobierno hace su propia interpretación, de manera que la escogencia de los constituyentistas será una selección sectorial (y a dedo) del PSUV.

La terquedad del gobierno, o quizás su única salvación, es apelar a una constituyente espuria que de consumarse no hará sino enardecer a una población opositora que hasta entonces habrá canalizado su lucha por las vías que la Constitución establece, pero que a partir de ese punto de inflexión desbordará sus cauces y defenderá con todo la pretendida subversión del estado de derecho que este régimen agónico trate de lograr. La oposición en estos meses ha demostrado una constancia admirable y una determinación irreductible. La juventud venezolana, por su parte, ha ofrendado el sacrificio de sus vidas, como sólo sabe hacerlo la flor del idealismo de una Nación. Este sacrificio y esta determinación, no pueden ser en vano, de manera que no podrá el madurismo salirse con la suya y arrebatarle al pueblo venezolano su democracia y su libertad.

Mucho menos un régimen desprestigiado, agónico, débil, dividido, sin recursos y sobre todo sin nada que ofrecer a futuro más que miserias, hambre y odio. Antes de la constituyente la oposición debe convocar a una huelga nacional, como preludio a una lucha sin cuartel, para salir de este malvado régimen.

Miguel Méndez Rodulfo
Caracas, 22 de junio de 2017