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viernes, 23 de junio de 2017

Barbarie preconstituyente por @froilanbarriosf


Por Froilán Barrios


Desde el momento en que Nicolás Maduro comunicara el pasado 1° de mayo el decreto 2830 de convocatoria a la constituyente comunal, se ha desatado una tempestad de amenazas, agresiones y de víctimas fatales en todo el territorio nacional, como jamás se haya conocido en nuestra historia republicana.

Esta cruzada del terror precedida en 2017 por las sentencias 155 y 156 emitidas en marzo por el TSJ, donde se inhabilita a la AN y se otorga al Ejecutivo la facultad de legislar en un prefabricado contexto de estado de excepción, nos indican el tenor y las funestas pretensiones de la constituyente de marras, cocida y preparada en Miraflores, implementada por los vecinos de la esquina de Pajaritos y el tribunal inquisidor de la avenida Baralt.

La horda de voceros oficialistas no ha escatimado esfuerzo alguno para adivinar el futuro inmediato de todo opositor a los instintos criminales de la tiranía castromadurista, en cada marcha obligatoria de empleados públicos se explayan en amenazas de todo calibre: “En 41 días voltearemos como una media al Ministerio Público, para que abandone las filas de la traición”, “la asamblea nacional constituyente tendrá que asumir las funciones que la AN dejó de cumplir y podrá levantarle la inmunidad parlamentaria a cualquier diputado vende patrias”, remarcando con el latiguillo de “que la constituyente funcionará en el Palacio Legislativo”.

El discurso de la jauría es adornado entre cánticos de paz y amor, cuyo efecto brutal ha producido más de 3.000 detenidos, 300 periodistas agredidos, cientos de desaparecidos y el parte de guerra público de 75 asesinatos, en su mayoría jóvenes participantes en las masivas jornadas de protesta. Cifras que son mayores según medios internacionales, ya que las circunstancias las aprovecha el Sebin, Cicpc, GNB, en medio de las razzias y de la operación “tun tun”, para desaparecer a opositores, al tener en la práctica por las cifras registradas licencia para matar impunemente.


A este apocalipsis se agregan las centenas de fallecidos por enfermedades crónicas ante la carencia de medicinas, bebés muertos por hambre, el derrumbe de la red hospitalaria que ha enlutado a miles de hogares, los desaparecidos por la acción del hampa desatada por la ausencia del Estado – solo presente en la represión de las protestas ciudadanas–, la destrucción del aparato industrial y del medio de vida de millones de trabajadores.

¿Quién detiene esta barbarie? Expresada en una turba delincuencial gobernante que en cadena nacional lee el epitafio al pueblo, al anunciar sin empacho alguno: te quedan 40 o menos días hasta el próximo 30 de julio, ¿Cual puede ser el destino de una juventud que se inmola protestando en las calles, si desde la cúpula del poder increpan “te espero en la bajadita del 30 de julio para aplicar la justicia de los cementerios”?

Amenazas que remachan con ponerle un candado al país con la afirmación: “En la constituyente podría incluirse que Venezuela no forme parte de ningún organismo que tenga injerencia en los asuntos internos del país”. Por tanto, la encrucijada que vivimos exige la gran unidad nacional, desechar el facturero, los reconcomios, con sensatez y madurez política, para así enfrentar el abismo de la tiranía. Ya lo hicieron una vez en 1957, Villalba, Caldera, Betancourt, descartaron las diferencias y abrieron las puertas de la democracia, cuestionada y todo pero democracia al fin.

21-06-17