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domingo, 25 de junio de 2017

Pompeyo Márquez, la luz del entendimiento por @silvamichelena


Por Héctor Silva Michelena


Copio esta su lúcida frase: “Desde el primer momento en que pensé abordar este tema vino a mi memoria una reflexión del genial Charles Chaplin que dice: ‘Me gustan mi errores, no quiero renunciar a libertad deliciosa de equivocarme”. Esa era la luz de su entendimiento: ser comedido (Lorca), apasionado, activista, valiente, estudioso y, muy especialmente, ser consciente de que no era poseedor de la verdad. Es como si hubiese hecho propia la frase del poeta inglés Alexander Pope (siglo XVII): “Errare humanum est, sed perseverare diabolicum; que traducida literalmente significa: “errar es humano, pero perseverar (en el error) es diabólico”. El tema abordado era: “La década de los sesenta, la paz democrática y algunas reflexiones sobre la línea insurreccional”, en el primero de los dos tomos de sus obras escogidas, tituladas Pensamiento y acción (El Centauro, Caracas 2002, coordinación editorial de Fernando Rodríguez). Pope completa la frase: “Rectificar es de sabios”.

Hace poco más de dos años, cuando ya había cumplido 93 años, Antonio Sánchez García escribió un sólido artículo que muestra gran parte del hombre que acaba de morir: Pompeyo Márquez. Fui buen amigo de Pompeyo, compartí con él largas horas de conversación y discusión, tanto personales como en la Comisión Económica del PCV, que él coordinaba, con acierto, apertura, conocimiento y amistad, ese afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. El poeta Aquiles Nazoa lo elevó a lo sublime: “Creo en la amistad como el invento más bello del hombre”. Esta fue una de las facetas más hermosas de su pasión y su lucha sin fin.


En ese capítulo escribe Pompeyo: “A menudo, cuando me preguntan cuál es uno de los principales errores cometidos durante mi vida, respondo: haber sido factor importante en el desarrollo de la política insurreccional de esta década. E igualmente, cuando me solicitan hablar acerca de cuáles son mis principales éxitos, incluyo en lugar destacado el proceso de rectificación de dicha política y el papel desempeñado por mí en hacer comprender, después de 1963, lo equivocada que era nuestra actuación, y a la vez ser uno de los primeros en proponer una necesidad de buscarle una salida al atolladero en el cual estábamos, desligados por completo de los más vastos sectores de la sociedad”. Remata a continuación: “La luz se nos prendió cuando después de haber agotado hasta el último cartucho en las zonas urbanas exhortando a la abstención militante, el resultado fue que en las elecciones de diciembre de 1963 acudió a las urnas electorales más de 90% de la población votante: hasta inválidos en silla de ruedas y viejitos y viejitas se iban sumando a las largas colas de votantes. Era el repudio a la acción armada. La campaña del gobierno se sintetizaba en la frase “venezolano siempre, comunista nunca”. Sólido ejemplo de sabia rectificación: el bravo guerrillero, factor clave del Comité Central del Partido, criticando oportunamente la línea de la lucha armada.

Fue un crítico severo de la invasión a Checoslovaquia, cuando las fuerzas del Pacto de Varsovia, encabezadas por la URSS, cortaron la Primavera de Praga, cuando el 20 de agosto de 1986, una fuerza que duplicaba la utilizada en Hungría en 1956, invadía a ese país

Pompeyo cierra la última pregunta formulada por Antonio Sánchez García con estas luminosas palabras: “No hay combate que no se deba dar. Las elecciones son una maravillosa ocasión para movilizar al pueblo. Para que jamás cese el ejercicio democrático. Para impedir la entronización de esta dictadura cívico militar (la de Maduro & Co.) con tendencias totalitarias. Sin abandonar ni una sola trinchera. Nadie puede asegurar por dónde saltará la liebre. Dada las características tan particulares del ser venezolano, aquí puede suceder cualquier cosa. Incluso un acuerdo entre sectores disidentes del chavismo con sectores democráticos, sectores del Ejército e incluso de la Iglesia. Cerrarse por principio a cualquier vía sería un gravísimo error político. Todas las encuestas reportan una brutal caída de la popularidad de Nicolás Maduro. Si la oposición se moviliza y asiste a los comicios bajo las banderas de la unidad, su triunfo electoral podría ser una campanada para una gran movilización hacia un gran cambio. La historia no pide permiso para abrirse paso hacia los fines de la libertad. Aprendamos de Chile, de España. Hay que abrirle los brazos al futuro. Pero ninguna vía será viable sin una condición sine qua non: la unidad. Si tuviera fuerzas saldría a gritarlo a todo pulmón y a los cuatro vientos: ¡¡¡UNIDAD!!!

Una advertencia, una directriz, una petición angustiada, hoy en día palpitante y bañada de sangre, cuando Maduro y sus fuerzas represivas agreden las protestas pacíficas por los desmanes cometidos por su gobierno contra nuestro contrato social fundamental, aprobado por el soberano, nuestro pueblo, la Constitución de 1999. Ese pueblo, en el cual reside intransferiblemente la soberanía, sabrá ser fiel a su tradición republicana y libertaria.

24-06-17