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jueves, 29 de junio de 2017

Gracias, Pompeyo @garciasim


Por Simón García


A Pompeyo lo conocí en marzo de 1958, en mi pueblo, en el primer acto de AD para honrar la memoria de Alberto Carnevali, fallecido en 1953, en la penitenciaría de San Juan de los Morros.

Aquel hombre sencillo, amable, de fuerte contextura, lleno de vitalidad, parado ante la Iglesia lucía una persona elevada. Miraba la plaza, con una luz de asombro que parecía descubrir cada detalle. Tal vez no terminaba de despertar de los numerosos años en los que tuvo detrás a los esbirros de la Seguridad Nacional. Dos Secretarios Generales de AD habían muerto en ese período, Ruiz Pineda y Carnevali, mientras que él nunca pudo ser detenido. Estaba frente a Pompeyo Márquez, una leyenda.

Los comunistas habían sido excluidos del Pacto de unidad a pesar de su protagonismo en la derrota de la dictadura. Su ascenso era sostenido. Comenzó AD a crear directivas paralelas y sacar a los comunistas de los sindicatos. El gobierno los hostigaba y enfrentaba las protestas con represión. La dirección del PCV exigía en la calle un viraje gubernamental. Pompeyo, persistente e infatigable, mostraba sus extraordinarias cualidades de organizador.

La fundación del MIR extrajo las fuerzas que podían imponer internamente en AD un viraje y el triunfo de Fidel demostró que era posible tomar el poder en el patio trasero de los EEUU. Los dados de la catástrofe corrieron con una evidencia imparable: si el gobierno no daba paz, los comunistas irían a la guerra. Dirigentes reflexivos, como Pompeyo, incurrieron en lo que él mismo calificó como el peor error de su vida: promover una insurrección y sustituir la lucha social por la armada.


Pompeyo, que siempre predicó con el ejemplo, estuvo allí, arriesgando el pellejo. Preso en 1964 y recluido en el cuartel San Carlos, se fugó espectacularmente junto con Teodoro y García Ponce en 1967. Entonces alentó el debate sobre por qué se había producido la inocultable derrota política y militar de aquel intento de tomar el poder contra la Constitución.

Fue artífice del repliegue progresivo de la lucha armada, la reinserción en los procesos electorales a través de una estructura legal, Unión para avanzar (UPA) y del retorno al largo camino de la lucha de masas y la democracia.

Pompeyo supo ser un hombre contra las circunstancias. Un líder que logró hacerse enteramente a sí mismo, ávido por aprender y con generosa pasión de servicio a los demás. En su código de ética inscribió: ser útil a la gente, defender la unidad, respetar al otro, sentido crítico, tolerante ante el error, acción transparente y una brillante honestidad.

Fue un hacedor. Su segunda naturaleza, la de periodista, la vivió en Tribuna Popular y Punto!. De su interés por el estudio y el conocimiento nació la Fundación Gual y España. Su principal obra, colectiva y trascendente, el MAS, no hubiera llegado a ser lo que fue sin su concurso.

Escribió libros, dictó conferencias, se mantuvo como articulista en TalCual y Ultimas Noticias. Fue un pedagogo de la política, un maestro y amigo que vivió para dar a otros ideas, ideales, convicciones y razones de lucha.

Fue grande, dejó huella. Y en nombre de todo eso lo despedimos con un silencioso y breve, Gracias, Pompeyo.

27-06-17




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