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miércoles, 28 de junio de 2017

López Maya: Se vive una guerra con saldo de muertos, heridos y detenidos por @EfectoCocuyo


Por Ascension Reyes


La historiadora Margarita López Maya no tiene dudas en calificar la situación que se vive en el país como bélica. Su mirada, que ha paseado por distintos procesos históricos dentro y fuera de Venezuela, suma hitos para esclarecer qué pasa en este momento cuando la oposición ha llamado a la ciudadanía a la desobediencia civil y a la defensa de la Constitución y se apresta, aunque no en lo inmediato, a integrar un Gobierno de Unidad Nacional.

-La MUD invocó los artículos 333 y 350 de la Constitución para defender la  Carta Magna y, además, llamar públicamente a la desobediencia civil.  ¿Cuál es su análisis de la situación del país?

-Pienso que estamos en una confrontación que tiene rasgos de una guerra. El Gobierno, después de dos meses y medio de manifestaciones, sigue siendo protestado diariamente por la mayoría de la población del país. Las encuestas demuestran auténtico descontento y la ciudadanía reclama que el Gobierno rectifique, pero este no ha cedido ni un milímetro a las peticiones de la ciudadanía. La población no ha cedido tampoco y tiene poderes institucionales que la representan como la Asamblea Nacional, la Fiscalía (General) de la República y, por otro lado, los partidos de oposición, ONG, gremios y algunos gobernadores y alcaldes. Se vive una guerra, una confrontación muy fuerte de dos bloques que han dejado como saldo muertos, heridos y detenidos. El país está paralizado, en ruinas, la rutina se ha roto, hay escasez. Todas son características de una situación bélica. Es algo inédito, un Gobierno que se niega a acatar la voluntad popular y que se confronta con la mayoría del país, que sigue adelante con su proyecto de Estado totalitario muy similar a los Estados totalitarios del siglo XX. No cabe la diatriba si es derecha o de izquierda, porque es al estilo de Mussolini muy claro. Basta ver la regeneración psicológica propuesta por la Cancillería. Eso es muy estalinista, muy del fascismo y comunismo del siglo XX. La Asamblea Nacional ha avanzado tratando de recuperar sus atribuciones. Se mueve hacia un Gobierno paralelo con el nombramiento de nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y rectores del Consejo Nacional Electoral, así como previniendo en el exterior que el Gobierno haga contrataciones sin el aval del Parlamento. Vivimos dos gobiernos paralelos con espacios institucionales en medio de una situación bélica, de violencia, en la que el Gobierno irrespeta todas las reglas como allanar residencias sin orden judicial, designar autoridades sin cumplir con los procedimientos y declarar estados de excepción sin contar con la Asamblea Nacional, y el Poder Legislativo tratando de gobernar con laConstitución dentro de lo que cabe.


-¿Es acertada la estrategia de la Mesa de la Unidad Democrática de anunciar la conformación de un Gobierno de Unidad Nacional y una eventual transición?

-Sí, está transitando una ruta para construir un Gobierno al margen de este que está diagnosticado de ilegal e ilegítimo. Es un problema de acumulación de fuerza. El Ejecutivo transita una salida con la Asamblea Nacional Constituyente con el objetivo de ganar legitimidad y construir un Estado totalitario. El otro sector, el insurgente trata de integrar un Gobierno de Unidad Nacional para disputar el poder que está en Miraflores. Cada uno tiene sus fortalezas y debilidades. El Gobierno cuenta con los recursos públicos, los militares y la empresa petrolera, y la oposición con los espacios que ha ganado como el Legislativo, la Fiscalía y el reconocimiento internacional. Tiene el respaldo solidario de  la mayoría de los gobiernos de América como Estados Unidos, Canadá, Argentina y Chile, entre otros. Cada quien tiene sus fuerzas e intenta ganar esta confrontación.

-Pero ¿no se crea más ingobernabilidad y más inestabilidad?

–En la confrontación bélica la gobernabilidad no existe. Hay una confrontación en ciernes y quién predominará no está claro. Maduro cuenta con recursos pero no tiene proyecto de futuro. El Gobierno batalla para ir a ninguna parte, ofrece miseria y violencia. El otro bando ofrece reconstruir un Estado para ir a una convivencia. Es un proyecto que no está muy claro pero cuenta con la retórica de la Asamblea Nacional como hoja de ruta. El Gobierno, al no aceptar el reconocimiento al otro, crea más ingobernabilidad. Con su diagnóstico equivocado de la crisis también lo hace. Ese argumento del saboteo es propio del fascismo. Muy propio de ese tipo de Estados totalitarios, como el cubano, que le achacan la culpa a otros.

-Sin embargo, ese reconocimiento internacional a la oposición parece que ha decaído. En la OEA tuvo un revés.

-Sí y no. Diría que es una cosa relativa. No es la OEA de hace dos años. Es una pena que no se haya obtenido una resolución más firme la semana pasada, que no se haya logrado una salida a la crisis. El Gobierno usa todas sus estrategias para sobrevivir y no puede nadar hasta la orilla. Tiene una situación de sobrevivencia.

-¿Avizora un proceso largo?

-Desafortunadamente, sí. Pudiera demorarse. Sobre todo el problema en Venezuela es que no tenemos ningún tipo de árbitro interno que ayude e internacionalmente el Gobierno no respeta a ninguno. Tiene el apoyo de sus amigos Rusia, Cuba, Nicaragua y de algunos países del Caricom. Lo de la OEA no es una victoria del Gobierno. El hecho de que varias naciones del Caricom se abstuvieran es sintomático de que cada vez Maduro está más aislado. Resolver la crisis por la vía pacífica es muy complicado. Se camina en la cuerda floja. Controlar la violencia de los grupos de ambos lados es muy difícil. Hay hambre, no hay normas ni estado de Derecho. Estamos en el borderline. Hay que seguir pulsando para evitar un derramamiento de sangre y una guerra civil.

26-06-17