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jueves, 29 de junio de 2017

La falacia del ideal democrático universal, por Gabriel Entin



Gabriel Entin 28 de junio de 2017

Qué es la democracia? ¿Existe un modelo político sobre ella? ¿El ideal democrático representa un valor universal? Estas preguntas, imposibles de reducirse a una única respuesta, pero relevantes porque sus diferentes interpretaciones legitiman desde la década del ochenta gran parte de la política internacional, incluidas las guerras, están en el centro de la reflexión del filósofo político y profesor francés de la Universidad de Nantes, Florent Guénard (1968), uno de los invitados a La Noche de la Filosofía. Desde una perspectiva que conjuga la filosofía política y la historia de la democracia desde la Grecia antigua hasta la actualidad, Guénard –quien esta semana dictará también un seminario en el Centro Franco-Argentino de Altos Estudios– analiza en su último libro La Démocratie universelle. Philosophie d’un modèle politique (Seuil, 2016) las condiciones en que la democracia occidental puede funcionar como modelo universal, y las posibilidades y límites para su expansión.

Según afirma Guénard –director además del principal portal sobre el mundo intelectual y editorial francés e internacional La vie des idées (http://www.laviedesidees.fr/)–, la creencia de que la democracia puede exportarse y en nombre de ella pueden justificarse guerras e intervenciones armadas (como en Irak, en 2003 y en Libia, en 2011) responde a un momento histórico preciso y a una comprensión restrictiva del ideal democrático. El momento preciso, explica, se sitúa entre 1980 y el 2000, cuando en los Estados Unidos los teóricos neoconservadores reinterpretaron e impulsaron una concepción de democracia liberal disociada del ideal revolucionario. Se trataba de una forma de combate ideológico contra el autoritarismo durante la última década de la Guerra Fría, que sería luego trasladado al Medio Oriente e inauguraría desde entonces los estudios sobre democratización en diversas regiones (promovidos a través del Journal for Democracy, la revista académica norteamericana fundada en 1990 donde escribieron desde Francis Fukuyama y Samuel Huntington hasta Guillermo O’Donnell y Amartya Sen).

Guénard considera la comprensión restrictiva de la democracia limitada a un procedimiento para la designación de representantes, que excluye el ideal de un régimen basado en el bien común. Sólo a partir de esta noción mínima, sostiene, puede creerse que derrocando a un régimen autoritario se asegura el funcionamiento democrático, más allá de condiciones históricas, culturales, sociales y religiosas. Aunque la historia reciente desmiente con crudeza esta visión, Guénard insiste sobre la importancia de la idea de un universalismo de la democracia, entendida no sólo como procedimiento electoral, sino también como aquel régimen donde el pueblo se transforma en sujeto político y decide cómo gobernarse en su búsqueda de libertad e igualdad.

Esta idea de democracia representa un valor universal y puede producir y expandir procesos de democratización en contextos diversos. Si bien tienen dinámicas históricas específicas, sus actores comparten una comprensión de la democracia como experiencia y horizonte de emancipación que va más allá de un modelo determinado. Esta comprensión incluye lenguajes y principios comunes: la igualdad de derechos, la libertad de expresión, asociación, movilización, sufragio libre y la lucha contra la corrupción. Es en este sentido que Guénard atribuye un contenido universal a la democracia: su carácter prescriptivo originado en la Revolución francesa puede asociarse a diferentes protestas populares de los últimos años como la Revolución Naranja en Ucrania (2004), la Primavera Arabe (2010-2013), o la Revolución de los Paraguas en Hong-Kong (2014).

Uno de los filósofos que permite dilucidar varios de los problemas contemporáneos de la democracia es Rousseau, según considera Guénard. Especialista en el filósofo ginebrino, se interesó en la noción de “conveniencia” como clave de comprensión de su pensamiento sobre la institución y organización de una comunidad política creada a través de convenciones –tema de su libro Rousseau et le travail de la convenance (Honoré Champion, 2004)–. También indagó sobre las relaciones entre política y religión, justicia y derecho penal, y la noción de sensibilidad en Rousseau.

En línea con el proyecto intelectual de Pierre Rosanvallon, de quien es uno de sus colaboradores en el Collège de France, Guénard desafía a concebir la democracia como un problema, donde el pueblo constituye el fundamento indiscutible de legitimidad del poder y remite al mismo tiempo a un sujeto indeterminado. La universalización democrática, el desafío a repensar el populismo menos como una perversión que como una característica de sociedades democráticas basadas en la ilusión de la unidad frente a un otro –una cuestión abordada en el libro que coeditó Peuples et populisme (PUF, 2014)–, y el estudio de problemas políticos actuales en sus dinámicas históricas, sintetizan el trabajo de este filósofo que incita a los ciudadanos a involucrarse y ejercitar la vida democrática.

Gabriel Entin es investigador del Conicet (Centro de Historia Intelectual-UNQ).