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sábado, 8 de julio de 2017

5 apuntes: ¿qué se vio en el ataque al Palacio Legislativo? Por @WillyMcKey


Por Willy McKey


1. La “intrusión” oficial. Apenas unas horas antes, el Vicepresidente de la República estuvo delante del Acta de la Independencia, en el Salón Elíptico, un espacio del Palacio Legislativo que es regentado por el Poder Ejecutivo donde cada año un funcionario del Ministerio de Interior y Justicia debe abrir y cerrar el arca que contiene el Acta.

La lectura del contexto puede conducir a ver que se trataba de las autoridades ejecutivas del gobierno llegando desde la intrusión al Capitolio. El posicionamiento de la propuesta constituyente en el top-of-mind político venezolano arroja de inmediato la impresión de que el partido de gobierno hacía presencia desde su ejercicio del Poder en un lugar ajeno, donde no pudieron ganar por los votos. No es así. Sin embargo, en los discursos, y en el hecho de hacer el acto completamente desconectado de las autoridades del Poder Legislativo, fue evidente el carácter intrusivo del evento.

El asunto es que todo esto tuvo lugar a unos metros del sitio donde, apenas unas horas después, la sangre de algunos diputados mancharía el piso del atrio y los jardines, después de la entrada violenta de grupos militantes del oficialismo al Palacio Legislativo, un lugar donde entrar y salir amerita que la Guardia Nacional Bolivariana encargada de custodiarlo lo permita.

2. La intrusión no-oficial. Mientras en el hemiciclo se llevaba adelante una sesión extraordinaria, con la historiadora Inés Quintero como oradora de honor, llegó hasta el Palacio Legislativo un grupo de simpatizantes del gobierno con la aparente intención de intimidar. Aparente hasta que la amenaza creció y las hordas traspasaron el patio interno del Palacio Legislativo.

El ataque pareció pasar desapercibido para la televisión abierta y la radio. La razón es que, mientras tenía lugar el inicio del referido asalto a la Asamblea Nacional, por todos los medios de comunicación abierta se transmitía un desfile militar que días antes tuvo su propia espiral noticiosa, cuando voceros de la oposición llegaron a decir que las autoridades militares estaban considerando su suspensión.


Durante la alocución de Nicolás Maduro en el marco del desfile, el mandatario señaló que ordenaría una investigación en torno al hecho, señalando que le resultaba sospechoso. La intención de desvincular desde la vocería oficial el ataque al Capitolio del desfile puede generar varias lecturas, pero hay dos ejes interpretativos claros: el primero es que, al suceder en simultáneo, el desfile se plantea como el evento controlado a cargo del Poder Ejecutivo y la sesión extraordinaria pasa a ser el evento en caos a cargo del liderazgo opositor; el segundo tiene que ver con el sujeto político y el sujeto que recuerda: desde 2002, cuando una cadena de radio y televisión ocupa los medios mientras hay un suceso de violencia política, existe el temor de que la intención detrás de la sincronía sea ocultar algo, en este caso una arremetida contra el patrimonio, y la agresión grave a varios trabajadores, periodistas y diputados.

3. La custodia. Unos días antes de este ataque salió un video que se hizo viral. Allí se veía al Coronel Lugo, encargado de la seguridad de la Palacio Legislativo, empujando al Presidente de la Asamblea Nacional y sacándolo de un área del edificio. Después de un intercambio de palabras, Lugo remataba que bajo su mando militar se resolvían los conflictos como a él le daba la gana.

Quizás sea necesario repetirlo: entrar y salir amerita que la Guardia Nacional Bolivariana encargada de la custodia lo permita. Varias fotografías que circularon por las redes muestran a diputados heridos en el suelo del patio del Palacio Legislativo, con atacantes a su alrededor posando para el registro fotoperiodístico, mientras hay uniformados contemplando la escena.

Sin embargo, en esas mismas fotos destaca otro elemento, algo que quizás habría pasado desapercibido, de no ser por la torpeza comunicacional del Ejecutivo.

4. El Ministerio 2.0 y la referencia calcada. A pesar del black-out informativo, las imágenes provistas por los medios digitales mostraron un nuevo elemento: buena parte de los atacantes parecía haberse esforzado para hacer resonar las referencias visuales del ataque a la Asamblea Nacional con las imágenes que se han visto durante casi cien días de protestas y la llamada “resistencia”, al menos a través de vestimenta e implementos.

Después de los ataques, este elemento se convirtió en el objeto comunicacional del Ministro de Comunicación e Información. A través de su cuenta personal (y mediante una estrategia de interpretación semiótica tan simple que despierta suspicacias) se dedicó a comparar el look de los atacantes del Palacio Legislativo con la apariencia de los manifestantes opositores, como quien ha calcado una referencia ajena y desea subrayarla.

Se pretende activar una maniobra orwelliana: tomar una estética, convertirla en argumento político y agitar la ya manida estrategia del contraste social: si son del este son libertadores, pero si son del oeste son colectivos armados, marcando que tal cosa es la lectura opositora aunque “luzcan iguales” o parezcan estar haciendo lo mismo. Sin embargo, la maniobra del calco referencial queda inconclusa cuando el elemento más noticioso de las manifestaciones opositoras permaneces ausente: la represión.

Mientras difunde el contraste estético y simple, el ministro deja de lado algo que quienes atacaron el edificio de la Asamblea Nacional mantenían en condición de secuestro a unas trescientas personas y esa circunstancia se mantuvo durante horas, sin despertar la reacción de ninguna fuerza de seguridad pública. Y, al no haber represión contra los atacantes, el intento de calcar las referencias de la resistencia opositora queda trunco.

Minutos después hubo un esfuerzo evidente por conseguir (y “comunicar”) testimonios de algunas víctimas, algunos atacantes que hubieran perdido en la pelea cuerpo a cuerpo. Pero fueron pocos y todos resultaban menores frente a la sangre y las heridas del bando opositor.

5. Sangre en el Capitolio. Si bien la violencia y las armas pueden generar un efecto intimidatorio en la política, cuando ese miedo no es acompañado desde el Poder con una batería de incentivos y soluciones, lo único que genera es un rechazo potencial, invisible, latente.

Quizás por eso la sangre que se vio en el Palacio Legislativo replantea el tablero político de una manera sutil, pero diferenciadora. Por ejemplo: una estrategia mal comunicada, como la del evento con intención plebiscitaria que la oposición plantea para el 16 de julio, puede empezar a despertar el interés de quienes empiecen a entenderlo como una acción de catarsis y capitalización política. Al mismo tiempo, toda la campaña oficialista que ha intentado vincular a la constituyente con la paz y el diálogo se viene abajo por la vinculación directa de hechos que el discurso oficial llevó adelante, desde su principal vocería ejecutiva.

Y en ocasiones la propaganda no es suficiente.

La propaganda, para ser efectiva, requiere de una alta credibilidad y de algún incentivo que haga que el miedo parezca un mal menor. Y el tren ejecutivo de Nicolás Maduro falló en cada una de esas direcciones. Incluso, siendo fríos y pragmáticos (a veces el análisis lo amerita), los diputados que resultaron agredidos con mayor gravedad hoy capitalizan un insumo político como la defensa del Parlamento, de las instituciones y, gracias al capital simbólico del efeméride, de la Independencia.

El Ejecutivo Nacional tuvo una triple oportunidad de capitalización política: el evento del Acta de la Independencia, el desfile militar y el ataque al Palacio Legislativo. El primero fue un intento legítimo, pero soberbio: al no ser capaces de llevarlo a cabo junto a autoridades legislativas (como fue durante años) pierden una oportunidad para “contagiar” la idea de su buena fe y su defensa del diálogo. El segundo fue un intento sectorizado, pero riesgoso: un desfile militar evoca la distancia del asunto civil y remite de inmediato a la idea de opresión vivida en las manifestaciones. El tercero fue un intento intimidatorio, pero acéfalo, donde perdieron la oportunidad de ejercer un liderazgo que calmara los ánimos y evitara que la oposición capitalizara políticamente la agresión. Así, lejos de demostrar disciplina política, el oficialismo estimuló una lectura de “pueblo rebasando a sus líderes” que en ocasiones también se lee en el terreno de la protesta opositora, argumentando cierta ignorancia y descontrol.

Buena fe, distancia, opresión e ignorancia. Es inevitable recordar una parte de esa Acta que muchos tuvieron delante y no pudieron leer. Y viene a cuento por esa singular virtud política con la cual Juan Germán Roscio cuidó la redacción de cada línea, tal como debe cuidarse todo lo que se escribe durante las transiciones:

“Los intrusos gobiernos que abrogaron la representación nacional aprovecharon pérfidamente las disposiciones que la buena fe, la distancia, la opresión y la ignorancia daban a los americanos contra la nueva dinastía que se introdujo en España por la fuerza. Y contra sus mismos principios, sostuvieron entre nosotros la ilusión a favor de Fernando, para devorarnos y vejarnos impunemente cuando más nos prometían la libertad, la igualdad y la fraternidad, en discursos pomposos y frases estudiadas, para encubrir el lazo de una representación amañada, inútil y degradante”

Este 5 de julio de 2017, 206 años después, una representación legítima de diputados electos por el voto universal y secreto de más de catorce millones de ciudadanos fue atacada de manera violenta por quienes intentan “encubrir el lazo de una representación amañada, inútil y degradante”, pues la constituyente propuesta por Nicolás Maduro no es sino eso: una representación amañada, inútil y degradante que decidió servir de excusa para un exceso que rebosó sus fuerzas y su credibilidad, manchándose de sangre ajena.

Y aunque el Acta de la Independencia parece recordarnos a menudo que hay manchas de sangre que no salen, también tiene el empeño de subrayar que hay gobiernos que sí. En especial aquellos que se benefician con la buena fe, la distancia, la opresión y la ignorancia.

06-07-17