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martes, 1 de mayo de 2018

La diáspora venezolana es “desordenada”, deja familias monoparentales y refugiados, por @mabelsarmiento




Mabel Sarmiento 30 de abril de 2018

Este viernes 27, ante un auditorio repleto de vecinos, estudiantes, médicos, trabajadores sociales, profesores y amas de casa, se desarrollo el foro “De cuna de oportunidades a país de emigrantes”. Fueron tres horas de ponencias y reflexiones sobre este fenómeno del cual no se tienen estadísticas oficiales y que, dado su crecimiento exponencial, ya no se califica a las personas como emigrantes sino como refugiados.

Dos especialistas presentes en el grupo de los panelistas, Siboney Pérez, psicóloga, y Claudia Vargas, socióloga, aclararon el camino de la diáspora. La primera alertó sobre los impactos psicológicos y conductuales, y la segunda, resaltó el hecho de que este proceso incluso aumentó la vulnerabilidad de los venezolanos y es una amenaza a sus Derechos Humanos.
Caracas. En un salón con más de 60 personas resultó que todos tienen a alguien, un familiar o un amigo, fuera del país. Y, de ese número, cerca de 20 manifestaron que se querían ir a Colombia, España, Argentina o Chile.

Con esos datos se inició el foro “De cuna de oportunidades a país de emigrantes”, organizado por Crónica.Uno, realizado este viernes 27 de abril en el salón Monseñor Romero, de la casa parroquial de la Universidad Central de Venezuela (UCV), y conducido por la periodista Florantonia Singer.

Siboney Pérez, psicóloga de la organización Psicólogos sin Fronteras, destacó que este es un tema del que nadie se está escapando y, por tanto, enfocó su ponencia en los impactos y efectos psicológicos del proceso migratorio, que está dejando un país de familias monoparentales, fracturadas: se va la madre y deja los niños con los abuelos o se va el padre y deja a la madre como jefa de familia.

Pérez dejó claro que este proceso está arrojando consecuencias profundas y tremendas, pues en el país, a diferencia de otras naciones, no hay cultura de migración

“Lo estamos haciendo a modo de impulso, de sobrevivencia, y eso va a ir configurando unos patrones conductuales y psicológicos completamente distintos, porque no estamos acostumbrados. Esto además genera estrés, y en niveles exacerbados. Cada uno tiene razones para irse o quedarse y ambas opciones van a demandar por parte nuestra que nos adaptemos. El estrés es una manera que nos permite responder ante una situación específica”.

¿Qué pasa cuándo migramos? 

Pérez sostuvo en su reflexión que el país se encuentra en medio del desierto, sus ciudadanos desorientados, porque al elegir un nuevo destino pierden todas las referencias y todas las coordenadas a las que están acostumbrados. Por tanto, puede ser un choque asimilar los hábitos en el entorno de acogida. Cabe destacar que los que más se van son los jóvenes, el relevo del país, “y eso va a dejar una brecha generacional tremenda que nos traerá unos riesgos enormes”.

“El hecho de que sean jóvenes no significa que se adapten más rápido. No es así, igual van a pasar por el mismo proceso, así sepan cuál es el país de destino se van a sentir perdidos. Conocer el sitio no es suficiente para tener seguridad, eso es apenas el comienzo de lo que va a pasar cuando migran”.

Una persona se puede estar preparando, apostillando documentos, y eso es una dimensión temporal; la otra experimentación a la que se somete es a la dimensión psicológica, y eso, de acuerdo con Pérez, es sumamente distinto, pues tiene que ver con los síntomas que se sienten cuando se acerca el viaje, las despedidas, es el momento del dolor, de la rabia, la tristeza, son características individuales distintas, pues además hay un proceso de desinformación, ya que se han perdido los puntos cardinales.

“Aquí hemos nacido y crecido, sabemos cómo movernos, conocemos los caminos verdes y a donde vamos somos extraños. Es un proceso de adaptación muy fuerte. Ahí comienzan los sentimientos de soledad, es la separación de las redes sociales y familiares. Tal vez alguien nos espera. No obstante, esa persona también está sobreviviendo allá. Hay que estar claro de que lo que sabemos aquí no va a funcionar allá. Así nos vayamos para otro país latino, somos venezolanos, ese es nuestro sentido de pertenencia, nuestro arraigo, nuestro anclaje de seguridad. Cuando nos vamos nos desprendemos de eso y no sabemos si vamos a ser exitosos”.

En síntesis, la decisión de emigrar, en el contexto actual, comprende unos factores que no hacen el proceso sencillo. Por una parte, están  las aspiraciones personales del emigrante —ya sean profesionales, sociales, económicas, etc.— y por otra, está la situación de los que se quedan y deben mantenerse en una realidad donde son conscientes de que sus necesidades básicas no están satisfechas. No obstante, entre ambos lados hay un punto común: el duelo, que, a decir de la especialista, está compuesto por 7 aspectos:

Afuera nos enfrentamos a la discriminación, a la xenofobia, por ejemplo, y la gente no está preparada para esas circunstancias, como tampoco para enfrentar los duelos de la diáspora: el de la separación, el de la pérdida de la lengua materna, el que se tiene por dejar atrás la cultura y las tradiciones; por la tierra y los paisajes; por el estatus social; por el profesional y por el contacto con el grupo étnico, eso que llamamos la identidad como venezolanos”.

Migración desordenada


Finalizado el turno de Pérez, pasó al frente la socióloga Claudia Vargas, quien complementó la intervención de la especialista anterior al exponer que, en este momento, quienes optan por dejar la tierra natal no solo están expuestos a impactos psicológicos fuertes sino que además deben lidiar directamente con un proceso migratorio que calificó como “desordenado y forzado”.




Ciertamente, Vargas, quien también es profesora del departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Simón Bolívar, luego de puntualizar la migración en Venezuela durante el siglo XXI —con la llegada al poder del fallecido Higo Chávez en 1998 y con la radicalización de su modelo político a partir de 2002— hizo énfasis en el hecho de que no hay estadísticas oficiales actualizadas desde el año 1999, lo que impide tener una mayor claridad del flujo migratorio venezolano.

Lo que se sabe, y que mostró durante su participación, son datos recopilados a partir de organismos multilaterales y producto de las proyecciones a partir de estudios académicos.

Entonces, destacó que, según el Banco Mundial, en 2010 se fueron del país 521.620 ciudadanos y en 2017, 655.400; que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce 1,4 millones en 2015 y que, de acuerdo con la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), partieron este año 1,6 millones.

Las estimaciones de los estudios e investigaciones expuestas por la socióloga dan cuenta de más de 3,5 millones de venezolanos en otras fronteras, entre ciudadanos ilegales, con doble nacionalidad, asilados y refugiados no aprobados.

También habló de las cifras de solicitudes de asilo por país entre ellos: Brasil, 12.193; Argentina, 11.735; Perú, 14.000; EE. UU., 23.417; España, 4300 y México 1044.

Viendo las estadísticas, dijo que los países de la región se convirtieron en las principales alternativas y que los venezolanos pasaron de la categoría de emigrantes a la de refugiados/asilados.

“El proceso migratorio venezolano ha variado en cuanto a las características. Sin embargo, la mayoría tiene un nivel académico de preparación [al menos educación media] lo cual significa pérdida del capital intelectual, humano y fuerza laboral para el desarrollo en el mediano y largo plazo en Venezuela”.

Según su análisis, la inmigración acelerada y creciente de los últimos dos años —y más específicamente de los últimos 6 meses— ha traído como consecuencia cambios abruptos en las dinámicas sociales, económicas y de espacio político de las localidades receptoras y eso ha desencadenado hechos como xenofobia y profundizado problemas existentes, como desempleo, delincuencia y prostitución, sobre todo en las zonas fronterizas.



Para parar todo esto, recomendó al Gobierno políticas públicas para la mejora inmediata de las condiciones internas y otras exclusivas al tema de la migración, entre ellas, la geolocalización oficial de los venezolanos, elaboración de una base de datos y el establecimiento de relaciones y vínculos con el apoyo de organizaciones públicas y privadas.

Estas ponencias, de la primera tanda del foro, duraron aproximadamente 17 minutos cada una. Luego, continuaron Ana Rosario Contreras, presidenta del Colegio de Enfermeras, y el profesor Hernán Matute, con más de 30 años de experiencia en el sector educativo.