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domingo, 4 de mayo de 2014

¡Dios te bendiga!



FÉLIX PALAZZI sábado 3 de mayo de 2014
Doctor en Teología Dogmática
felixpalazzi@hotmail.com
@felixpalazzi

Esta expresión suele acompañar todo final de una conversación telefónica o constituye la frase de una despedida. Es común escucharla entre nosotros sin importar las veces que se repita en el transcurso del día, casi como un sortilegio que sirve para otorgar cierta protección ante la dureza de la realidad. No es el momento de indagar si es un dato absolutamente propio de la cultura venezolana o un elemento compartido con otras culturas; el hecho es que forma parte de nuestra vida cotidiana.

Es probable que toda mujer adquiera conciencia de ser madre cuando es capaz de otorgar la bendición a sus hijos o extenderla a los que considera como tales. Y todo padre amplía su horizonte de protección sobre sus hijos confiándolos a una fuerza superior mientras, evidentemente, todo hijo solicita la bendición aunque no tenga claro si Dios existe o no.

Este simple gesto posee una profunda densidad humana y religiosa. Quien invoca la bendición sobre su hijo o un ser querido se coloca más allá de todo precepto, impedimento moral o credo religioso; tampoco pertenece a una casta religiosa o necesita de una consagración previa o un rito específico.

Impartir la bendición es la expresión laical más genuinamente religiosa pues el único vínculo que legitima y otorga la bendición es el amor. El amor, entonces, se transforma en la condición previa y en el horizonte de referencia que acompaña a toda bendición. El amor es el signo privilegiado de la presencia y encuentro con Dios. Reza un antiguo himno de la Iglesia: «ubi Caritas est vera, Deus ibi est» («donde hay amor verdadero, allí está Dios»).

Reconocimiento

Bendecir implica reconocer la gratuidad de la existencia y de las relaciones humanas. Quien bendice no se ubica en un orden superior sino que parte del reconocimiento de la relación afectiva que lo une con el otro. La bendición evidencia el reconocimiento del vínculo que se da en la reciprocidad del amor en el que ya es imposible reconocerse si no en relación al otro. Rabindranath Tagore, un místico y poeta, dice: «¿Por qué, entre la multitud, te eligió a ti, por qué llegó a tu puerta, por qué te preguntó el camino estrechándote en silencio la mano? Te seguirá, hablando y riendo sin que nunca recele su corazón. Conserva su confianza, guíale por el buen camino y bendícelo. Pon tus manos sobre su cabeza y pide en tus plegarias que, por más que las olas se levanten amenazadoras, el soplo del cielo acuda a hinchar sus velas y lo impulse hacia el puerto del reposo. No olvides en tus prisas, abre tu corazón y bendícelo». Toda bendición no comporta únicamente un deseo de protección ¿más que justificado en la actual situación que vivimos?, es además la más clara expresión de la gratuidad y el amor recíproco. Deberíamos practicarla con esa conciencia.

Tomado de:
http://www.eluniversal.com/opinion/140503/dios-te-bendiga

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