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domingo, 29 de enero de 2017

Cambio social y cambio educativo: las competencias por @perroalzao


Por Arnaldo Esté


Esta reflexión la escribo en el marco de la crisis general en Venezuela.

Es reiterado decir que la educación no funciona, que hay que cambiarla y que la dirección de ese cambio tiene que ver con la profundización de la democracia, lo que implica llevarla a las aulas, transformar las aulas en ambientes de aprendizaje donde se cultiven, en su práctica cotidiana, valores y competencias correspondientes a esa democracia profunda.

Competencia es un término ahora muy común en el debate pedagógico y aparece en buena parte de los diseños curriculares de muchos países. Está en el discurso formal de la Unesco.

Es muy repetida la preocupación sobre las graves carencias comunicativas y reflexivas de los estudiantes que ingresan a las universidades o salen a buscar trabajo: tienen que volver a aprender y el fracaso personal no es raro.
En general, competencia (no deportiva o mercantil) alude al conjunto de posesiones (saberes, habilidades, destrezas) y actitudes que posibilitan el ejercicio de funciones adecuadas, productivas, eficaces para un desempeño en un contexto específico.

Las competencias van desde las más elementales para el manejo de herramientas: martillos, palas, picos, alicates… lo que implica saber que para confrontar una exigencia específica, abrir un hueco en la tierra no es lo mejor emplear un martillo sino un pico y una pala, pero además tener la intención, la actitud para abrir ese hueco.

Lo anterior suena muy obvio, pero no es así. Es rara la ocasión en la que en un aula los estudiantes confronten el problema de abrir un hueco en la tierra, sin decir que es bien posible que en la escuela o el aula haya un pico y una pala y, si aparece, es como un grabado en el libro de texto. Pero también es muy probable que el docente tampoco los haya usado.


Algo parecido ocurre con algo más complejo que es el uso de la lengua. El énfasis, desde preescolar, lo encontramos en cuido de las destrezas motrices con palotes y caligrafías que con frecuencia están referidas a unas gráficas también abstraídas, sin el contexto de su eventual uso.

Esto que escribo no es nada nuevo. Hace mucho tiempo que se sabe y expone en los pedagógicos. Pero es teoría, es información que no se supone que sea practicada en la propia aula universitaria. El profesor puede hablar de competencias como un aprendizaje que solo se logra con su ejercicio, con su práctica, pero él no lo hace. Él sigue dando clases repetidas con informaciones que ya están en Internet y a las que se puede acceder sin necesidad de asistir a clases.

La competencia para comunicarse verbalmente, la lengua y, particularmente, la lengua escrita, solo se aprende ejerciéndola y es la competencia para colocar en signos convenidos las propias reflexiones. Poco tiene que ver con la copia o transcripción de textos. Es una competencia que se logra luego de confrontar un problema, de problematizarse ante la necesidad de comunicar una reflexión.

Ante estas cosas no hay inocencia. Ahora es responsabilidad de los maestros y, sobre todo, de los profesores universitarios propiciar este cambio: profundizar la democracia.


28-01-17