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jueves, 26 de enero de 2017

Para que la esperanza no se pierda por @froilanbarrios


Por Froilán Barrios


En la historia de los pueblos existen acontecimientos emblemáticos: para el pueblo vasco, la batalla de Roncesvalles; para el pueblo judío, la constitución del estado de Israel en 1949; la historia del siglo XX de Francia está marcada por aquel Mayo de 1968; para Portugal, la Revolución de los Claveles en 1974, entre tantos ejemplos memorables de los cinco continentes.

Si hay una fecha adecuada para la reflexión nacional es el 23 de Enero, incluso es la jornada política más importante de toda nuestra historia contemporánea, en primer lugar, porque reafirmó la democracia como sistema, y luego, al enviar a los cuarteles a quienes habían ejercido incansablemente el poder desde 1830.

Es, por tanto, oportuno ante la penumbra que nos oprime y que condena al pueblo venezolano a vivir en las tinieblas de la desesperanza, la urgente reflexión de la dirigencia opositora dentro y fuera de la Mesa de la Unidad Democrática, al momento de definir estrategias para el presente 2017, cuyo inicio ha sido marcado por las desventuras y resbalones de 2016, luego de haber cerrado con broche dorado el año 2015.

Causa desazón el diluvio mediático de declaraciones en las que todos van a ninguna parte, o a su peculiar punto de vista; donde pareciera que el volumen del centimetraje en los medios y redes sociales es el pasaporte para un sueño, el convertirse en el elegido o el salvador de la patria, como si el asunto se resolviera en el dilema de ser el más radical y rabioso opositor o, por el contrario, el más conciliador y calmado negociador.


Si el liderazgo opositor se diera el beneficio de la sensatez y pensara primero en la población que, hambrienta y secuestrada por la inseguridad personal, votó hasta por 8 millones el 6-D de 2015 para elegir una Asamblea Nacional victoriosa, ocultaría en el segundo plano de los archivos sus prioridades de ser gobernador, alcalde, presidente de la República, y se ocuparía de restablecer la autonomía del Parlamento y lo convertiría en instrumento de movilización masiva en todos los rincones del país, por alimentos, salarios justos, empleo digno, medicinas, servicios públicos decentes, reconstrucción empresarial.

Qué puede pensar un ciudadano anónimo cuando ve los medios y lee al mismo tiempo el aguacero de posturas para salir del régimen; unos claman por la reforma; otros, por la constituyente, elecciones generales, elecciones presidenciales 2019, ya que el referéndum revocatorio feneció; otros más osados desafían a los militares a que se pongan los pantalones o las armas, para salir de este terrible trance. En medio de la tormenta lanzan llamados a paros generales, marchas a Miraflores, como si se tratara de un casting donde será premiado el más virulento discurso.

Como han planteado algunos, será posible acordarse en torno a alguna propuesta y empujar, si no todos, la mayoría en una sola dirección la carreta; seremos optimistas si el diálogo comienza primero entre la oposición, sin exclusiones, en una encerrona que permita diseñar la ofensiva final ante un régimen moribundo, cuyo soporte, además del poder, el petróleo, la ayuda castrista, se identifica en la ausencia de estrategia unificada del liderazgo opositor.

25-01-17