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lunes, 23 de enero de 2017

Los dos finales por @garciasim


Por Simón García


Estamos en presencia de dos finales opuestos: el del modelo totalitario del gobierno y el de la fase de acumulación de fuerzas de la MUD. 

El primero expresa el fracaso del comunismo a la cubana. El segundo, la gran victoria que reconquistó para la democracia al poder legislativo. Uno es irreversible. El otro, lleva a una necesaria transformación del discurso y su comunicación, las alianzas, la delimitación del adversario, la recreación de las formas de lucha o cómo abrir la transición de la dictadura a la democracia.

La acumulación de fuerzas debe ceder a la acumulación de condiciones, ampliación de actores y movilización eficaz de factores de cambio. Se cuenta con uno, fundamental por su poder espiritual y cultural, la Iglesia católica venezolana. Se inició, con el discurso de Julio Borges, un llamado a la reorientación constitucional de la Fuerza Armada, otra institución decisiva.

Falta hablarle al chavismo descontento y al sector que ha decidido observar o eludir el conflicto entre cambiar o mantener al gobierno que genera y prolonga las crisis. Dos minorías relevantes para derrotar la desunión y falta de confianza en el futuro.

La competencia entre respuestas diferentes sobre cómo encaminar el cambio y su manejo fuera de normas, erosiona la unidad y compromete su eficacia. Han emergido, con distintos matices, las inevitables disyuntivas entre ruptura o transición, entre choque frontal o acuerdo con quienes sostienen una aspiración revolucionaria.


Pesan fallas como la falta de asertividad para centrar a las fuerzas del cambio en su propia Agenda, la desarticulación entre demandas políticas y la sociedad que protesta y rechaza con fuerza al régimen o la rediscusión de los roles para preservar a la AN y evitar que actúe exclusivamente como una parcialidad, así sea la mayoritaria.. Se han hecho concesiones al pensamiento radicalista que exige cambio instantáneo, desprecia objetivos importantes como la elección de gobernadores y empuja, tras el atractivo Maduro vete ya, directo al 2019.

En medio de la no combinación de los medios de lucha, los round restantesno dan para ganar por nocaut. Tal vez tengan razón los que insisten en intensificar el choque frontal. Pero la relación de fuerzas y la disposición a mantenernos en el cuadrilátero constitución, democracia, paz y elecciones aconseja debilitarlo al máximo y ganarle al régimen por decisión de un consenso con participación de sectores que lo han apoyado y cuya participación agregará aportes, minimizará rebotes de los que tendrán que abandonar el poder y ampliará la base de nueva gobernabilidad.

Apostar por la unidad es fortalecer a los partidos y contribuir a la cooperación solidaria entre la élite política desafiada por la misión de reconstruir un país destruido. Una apuesta que exige que la MUD se rediscuta y se cuide a sí misma.

Para ganar, hay que saber llegar a un final abierto, con muchos más sectores, distintos a la MUD. 

22-01-17