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sábado, 21 de enero de 2017

Muera la inteligencia o esos intelectuales incómodos por @DiarioTalCual


Por Alberto Lovera


No cabe sino la indignación general ante el salvaje robo y pillaje al Palacio de las Academias. Lamentablemente no es un hecho nuevo ni infrecuente, hemos sido testigos de innumerables arremetidas del hampa a las universidades nacionales.

En todos estos casos no se han resumido a un simple robo, han actuado con una saña inmensa, destruyendo las instalaciones, mandando un mensaje de odio al saber que alguien ha sembrado.

Antes de escribir esta líneas, nos topamos con un artículo de Laureano Márquez en TalCual, el 28-6-2013, www.talcualdigital.com/Nota/88272/muera-la-inteligencia que recuerda un episodio en la Universidad de Salamanca, donde hace ya 80 años, se protagonizó un aireado debate entre los fascistas y Miguel de Unamuno, a la sazón, rector de esa universidad, donde le increparon a este con el grito ¡muera la inteligencia! o ¡mueran los intelectuales!, y donde Laureano no sólo nos describe el acontecimiento sino que lo relaciona con esta mezcla de acoso financiero y violencia física que se viene operando hacia las instituciones de cultivo del conocimiento en nuestro país.

Hay demasiados indicios que apuntan a sospechar una mezcla de delincuencia común con bandas con motivaciones políticas, uno de los signos de un régimen en metástasis, que se hace la vista gorda ante las repetidas agresiones a las instituciones académicas, consideradas como enemigas, además de sus propias políticas y ejecutorias que trata de asfixiarlas, frustrado por el liderazgo intelectual que mantienen, a pesar de la situación de precariedad material a que han conducido a las instituciones y al personal que trabaja en ellas.


Atacar o dejar que agredan a las instituciones dedicadas a la formación del talento humano y a la producción de conocimiento no sólo es un crimen, es también conspirar contra unas de las conquistas democráticas del pueblo venezolano, que defiende la posibilidad del debate plural entre los distintos puntos de vista. Es tratar de socavar uno de los elementos claves para el progreso de las naciones: el conocimiento, que se convierte en incómodo cuando pone al descubierto las raíces de nuestros males e ilumina el camino para corregirlos y enrumbarnos en un futuro mejor y más equitativo para todos.

En aquel suceso de la Universidad de Salamanca, Unamuno les advirtió a los fascistas: “para vencer necesitáis fuerza bruta que os sobra, para convencer se necesita la razón”. Con represión y agresión se puede intimidar y alargar la sobrevivencia de un régimen agónico, pero no evitar que el pueblo que sufre deje de luchar por una mejor calidad de vida, apoyado por esos intelectuales incómodos que tanto le molesta al oficialismo porque ponen al descubierto, como ha dicho Benjamín Scharifker, a “un sistema totalitario que se basa en un obra de ficción”, solo que su guión maltrata a la gente, menos a los enchufados.


20-01-17