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sábado, 28 de enero de 2017

Lo advierte la Fundación Bengoa: hasta la clase media pasa hambre en Venezuela por @contrapuntovzla


Por Vanessa Davies


El precio de la leche “es una tragedia nacional” para niñas y niños, advierte la investigadora Maritza Landaeta, de la Fundación Bengoa. “La gente come arroz, yuca, tubérculos y pasta cuando la consigue. Pero no puede comprar proteínas”

Familias que comen de la basura. Parejas que toman un paquete de pasta del estante y deben dejarlo porque no tienen cómo pagarlo. Mujeres que no disponen de los 3.200 bolívares que cuesta medio cartón de huevos. Papás a quienes no les da el bolsillo para la compra de un pancito a 450 bolívares o un café grande a 1.200. Esto, y más, ocurre a diario en Venezuela, hasta el punto de que dejó de ser un escándalo en los medios de comunicación.

“En el país hay una situación de hambre que ha afectado a toda la población. Nadie ha quedado al margen. La clase media también está pasando hambre”, diagnostica Maritza Landaeta, investigadora de la Fundación Bengoa.

-¿Es un fenómeno nuevo en el país?

-Es un fenómeno nuevo. Los pobres están saliendo a las calles a buscar comida, porque no tienen cómo comer. Los alimentos disponibles son importados, a precios inasequibles para las personas.

La canasta básica familiar subió a 743.596 bolívares en el mes de diciembre de 2016, según datos suministrados esta semana por el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM). Cada día, una familia de cinco miembros precisa 24.786 bolívares a fin de garantizar la cobertura de alimentos y servicios como salud y educación. Tal como lo advierte Oscar Meza, director del Cendas-FVM, más de 60% del ingreso familiar se destina a alimentos, por lo que es poca la ropa y el calzado que se compra en los hogares.


La dieta de la venezolana y del venezolano se ha limitado mucho. “La gente come arroz, yuca, tubérculos y pasta cuando la consigue. Pero no hay proteínas en su dieta. Ni siquiera huevo. No se puede comprar ni un litro de aceite”, subraya la investigadora.

Esa forma de comer “está llevando a un desequilibrio de la salud”, que conduce al aumento de las enfermedades crónicas y la desnutrición, además de la depresión. El precio de la leche “es una tragedia nacional”, porque niñas y niños la necesitan pero sus familias no pueden adquirirla a 12 mil bolívares el kilo o a 3.500 bolívares los dos litros.

Teteros de agua de…

Una alimentación balanceada debería incluir carbohidratos, grasas y proteínas. No es eso lo que sucede en el país. “Un cerebro que no reciba grasas ni proteínas no se puede desarrollar, pero nos encontramos con que en este momento nuestra dieta se basa en carbohidratos baratos”, detalla.

Con base en los estudios de la Fundación Bengoa, Landaeta asegura que niñas y niños venezolanos beben teteros hechos con el agua que queda de la cocción de los tubérculos, de la pasta o del arroz. “Los niños que no tienen proteínas se enferman y se mueren”, advierte. Pequeñas y pequeños, afectados por la falta de proteínas, ingresan a los centros asistenciales hinchados y “con lesiones en sus cerebros que va a ser muy difícil recuperar”.
Landaeta descarta que los CLAP puedan ser la solución, porque están marcados “por la discriminación política” y porque son “una fuente gravísima de corrupción”. A su juicio, “pareciera que el Estado se empeña en crear sistemas para fortalecer la corrupción”.

Más producción

En Venezuela “la alimentación se ha convertido en la principal fuente de corrupción, ahora y siempre”, señala Landaeta. Pero ahora “se ha magnificado, en momentos en los cuales el país está en una crisis tan severa, que el hecho de que se desvíen los recursos de la alimentación impacta significativamente en la nutrición de la población”.

El punto clave, en su criterio, es fortalecer la producción nacional, con énfasis en los rubros de ciclo corto. La médica considera que se deben privilegiar los huevos y el arroz.

La segunda medida que evalúa como imprescindible es la eliminación de los controles. Y la tercera, una cesta de alimentos a la que pueda acceder toda la población, y en la que no pueden faltar proteínas, grasas y carbohidratos.
Hay que garantizar que niñas y niños reciban leche, entrega que puede hacerse en los ambulatorios, propone la investigadora. También las adultas y los adultos mayores también requieren apoyo, recalca, porque su pensión no les alcanza para comer.

27-01-17