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lunes, 30 de enero de 2017

Piratería marítima sumergió en miedo, ruina y hambre a pescadores de Sucre por @ElPitazoTV


Por Nayrobis Rodríguez


El viernes 20 de enero de 2017 en la noche, bandas delictivas que actúan como piratas del mar en las costas del estado Sucre, lograron un botín de 17 motores fuera de borda en el municipio peninsular de Cruz Salmerón Acosta, en el estado Sucre. Nueve fueron robados a un grupo de pescadores que iniciaban faena a las ocho de la noche en las aguas del poblado de Taguapire y, minutos después, sumaron ocho más que los delincuentes tomaron con el uso de armas y violencia en las aguas del poblado de Salazar, en la parroquia Manicuare.

“Dos noches antes se robaron en Salazar un tren de pesca, lo que usamos para capturar en el fondo del mar y llamamos petota”, comentó Ricardo Mudarra, un pescador de 37 años, con dos décadas de experiencia en las faenas marinas. La situación con el robo de motores no es exclusiva de la entidad sucrense o de las costas orientales, en las aguas del Mar Caribe al occidente y centro del país, sobre todo en los estados pesqueros como la Costa Oriental del Lago, en el estado Zulia y, en Vargas; los asaltos a embarcaciones para robar insumos básicos de la faena pesquera, ha disminuido la cantidad de pescadores en altamar.

Tan solo en un municipio de Sucre, unas cuatro bandas delictivas, que se esconden en el poblado de Punta Araya, al este de la península, azotan a los pescadores, gremio que en enero de 2017 cuenta con 300 hombres en el municipio peninsular, según cifras de la Asociación de Pescadores de Cruz Salmerón Acosta, cuyo resultado refleja una disminución de 20% con respecto al último trimestre de 2016, aseguró Heriberto Rodríguez, presidente del gremio. “El miedo hizo que se dedicaran a otras actividades, entre ellas a la siembra de cebolla o yuca, que se da por estos lados”, comentó.


 Los pescadores abandonaron la faena nocturna para pescar a la luz del día | Foto: Nayrobis Rodríguez

La violencia, los robos y homicidios, que suceden de manera constante (uno o dos asaltos por semana) y que no solo incluyen motores fuera de borda, sino embarcaciones y artes de pesca, además de los altos costos para la reposición de estos insumos, mermaron no solo la cantidad de pescadores en faena, sino que redujeron en 60% la productividad en la captura de especies marinas del estado Sucre, una la entidad que hasta hace cinco años ocupaba el primer lugar en distribución de pescados en el país.

A las cinco de la mañana del viernes 20 de enero, el pescador Pedro Celestino echó el palangre al mar. A las once de la mañana solo había capturado una raya de cuatro kilogramos, especie de la que se obtiene el cazón. Celestino optó por pescar en la orilla, sin usar la embarcación, y solo en horas de la mañana, porque los piratas del mar abundan desde las ocho de la noche hasta las dos o tres de la madrugada, horas de mayor productividad de los pescadores.

Evitar embarcarse de noche ocasionó que, en lo que va de año, los marinos de los poblados de Salazar, Merito, Taguapire y Tacarigua solo lograran obtener 300 cajas, cada una, con 10 kilogramos de especies, en comparación con enero de 2016, época en la que lograron obtener 50 mil cajas, con diversas especies entre las que contaron sardinas, rayas, catacos, cachorretas, corocoros y jureles. La pesca durante 2016 también sumó 200 toneladas de sardinas. Heriberto Rodríguez señaló que la incertidumbre sobre cómo continuarán la faena el resto del 2017 es lo que priva. “No sabemos si lograremos repuntar y capturar cantidades superiores en los próximos meses”, dijo.

Pescar una especie en la orilla, puede generar pérdidas de hasta 15.000 bolívares por día | Foto: Nayrobis Rodríguez

Pedro Celestino solo obtuvo cuatro mil bolívares por la venta de la raya que pescó en un día y no las cinco cajas o 15 kilos de pescado que obtenía faenando por la noche y con lo que lograba ganar unos 15.000 bolívares. “Prefiero eso a que me roben o morir en altamar”, argumentó. Las pérdidas económicas asociadas al temor de ser asaltados y asesinados, se reflejan no solo en el miedo a morir sino en el bolsillo.

Dos años atrás, la labor de un pescador se centraba en la campaña de altamar, es decir, una faena que iniciaba un grupo de hasta diez pescadores, que se prolongaba hasta por quince días entre las aguas de la península en Sucre y la isla de Cubagua, en el estado Nueva Esparta, y en la que cada marino podía capturar entre 10 y 12 cajas de especies por noche.

Cada campaña podía generar hasta 55 toneladas de pescado por grupo de marinos en el mar y tres millones de bolívares por cada pescador. Después de los gastos asociados al mantenimiento de botes y compra de insumos, el marino obtenía ganancias netas de hasta un millón de bolívares. “Con eso podíamos vivir tranquilamente por meses y hacer, si queríamos, solo dos campañas por año”, explicó Ricardo Mudarra.

Ahora tienen que conformarse con hacer faena entre las cinco y las once de la mañana, con lo que solo logran una o dos cajas con diez kilos de especies por día. El precio de una caja de sardinas, por ejemplo, cuesta 8.000 bolívares en el Mercado de Boca del Río en Cumaná, sitio principal de comercialización entre mayoristas en la zona este de la entidad.

Arruinados

La noche del 20 de enero, con el robo de 17 motores en Cruz Salmerón Acosta, nueve en Taguapire y ocho más en Salazar, los delincuentes lograron cargar con unos 85 millones de bolívares, ya que cada motor fuera de borda, nuevo, tiene un costo promedio de cinco millones de bolívares. Usado, puede costar hasta tres millones de bolívares. Una reparación tiene un precio de un millón y medio de bolívares.

En octubre de 2016, a Víctor Mudarra lo dejaron a la deriva en altamar, amarrado, golpeado y arruinado. Él pertenece al grupo de los que ya no trabajan y se dedican a otros oficios con ingresos exiguos, que alcanzan solo para comer a medias. “Apenas tengo para la comida; no puedo comprar un nuevo motor, ni nuevo ni usado”, aseguró, sentado en una silla de mimbre, en su vivienda, frente al mar.

Pescadores desertaron del oficio, unos están desempleados y otros dedicados a las actividades de siembra | Foto: Nayrobis Rodríguez

Pero no es solo el costo de un motor. La pesca incluye otros insumos indispensables, que van desde la adquisición o fabricación de una embarcación a un costo mínimo de tres millones de bolívares o la compra de artes o trenes de pesca a un precio de Bs. 25.000. “Hay gastos menores, como un litro de aceite para motor en Bs. 2.500 o la compra de un pipote con sesenta litros de gasolina, que nos cuesta 600 bolívares y casi no podemos adquirirlo por las restricciones que nos pone la Guardia Nacional (GN)”, detalló el presidente de la Asociación de Pescadores de Cruz Salmerón Acosta, Heriberto Rodríguez.

La imposibilidad de conseguir nuevos insumos tras sufrir robos, se refleja no solo en la recesión laboral, sino en historias de hambre para los pescadores en la península sucrense, quienes solo tienen garantizada, en su mesa, la proteína de los productos del mar que pueden pescar, pero que se ven imposibilitados de obtener alimentos como arroz, pasta, leche, granos, y de comprar con dificultad frutas y verduras.

                                         Foto: Nayrobis Rodríguez

En Merito, poblado ubicado al oeste de la península, el pescador Eugenio García, a quien le robaron motor y artes de pesca en altamar una noche de noviembre en 2016, comentó que cambió su actividad laboral por la siembra de yuca, pero sin mucho éxito, luego de intentar comercializar chivos, que también se los robó el hampa.

“Lo que hago solo alcanza para comer sardinas con casabe o arepa de masa de maíz una vez al día. ¿Quién compra frutas si un kilo de lechosa cuesta 800 bolívares?; ¿cómo compro pan si cada uno cuesta 1.000 bolívares y yo tengo tres muchachos en la casa?”, cuestionó. En esos pueblos pesqueros, un kilogramo de espagueti puede costar 9.000 bolívares, lo que representa 22,5% del salario mínimo actual que es de Bs. 40.638, sin contar que un kilogramo de arroz importado tiene un precio de 6.000 bolívares.

En las costas del centro y occidente

60% de las lanchas de los pescadores del estado Vargas están paradas por el robo de motores, que no solo ocurren en altamar sino en la bahía, por consecuencia de la escasa vigilancia policial, lo que ocasionó un total de 108 robos en 2016. En la entidad hay 20 consejos de marinos, con un promedio de 1.370 hombres y mujeres inscritos.

La merma en la captura de especies marinas asociadas al robo de motores, tuvo como consecuencia que, por ejemplo, en la comunidad de Playa Verde, situada en Catia La Mar, de 157 lanchas registradas solo están activas 53 en la actualidad, según Prisco Ávila, vocero del Consejo de Pescadores de Vargas e integrante del Frente de Pescadores Socialistas de La Zorra, en Catia La Mar.

En el estado Zulia existen entre 13 y 15 asociaciones de pescadores que reportan bajas considerables en la captura de pescado. La mayoría reclama baja en la producción. Ana Rincón, vocera de una de estas asociaciones, señaló que entre junio y julio de 2016, sus afiliados lograban obtener entre 300 y 400 kilogramos de pescado cada dos días, sobre todo en especies como bocachico, corvina y bagre.

En lo que va de año, la pesca no alcanza las 100 unidades a la semana. Rincón destacó que los problemas principales son la inseguridad y los constantes derrames petroleros, con este último aseguró que Pdvsa no hace nada.

En la noche del 23 de enero, funcionarios de la Guardia Nacional (GN) en el estado Sucre, arrestaron a tres hombres en el municipio Cruz Salmerón Acosta, acusados de robar motores. Pero, más allá del arresto en flagrancia, los organismos de seguridad en la entidad no aportan un balance sobre las cifras de detenidos al mes ni estadísticas de robos a embarcaciones, homicidios y agresiones contra los pescadores. Es una realidad constante y silente, que mantiene en vilo a los pueblos pesqueros y que se traduce en historias de hambre y pobreza para los hombres que se dedican a extraer distintas especies del mar.

29-01-17




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