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miércoles, 7 de junio de 2017

El inútil afán despótico, por @aveledounidad


RAMÓN GUILLERMO AVELEDO 06 de junio de 2017

Asistí el jueves 1 a la instalación del Frente de Defensa de la Constitución en Guárico.  En San Juan de los Morros, ¿Cómo no recordar a Roscio, epónimo del municipio llanero y jurista de la Independencia? Lo leí en su libro  fundamental El triunfo de la libertad sobre el despotismo, exactamente el sentido de la pelea cívica que libra hoy el pueblo venezolano con el pequeño grupo de avispados que ha privatizado el Estado en su beneficio.

Maniobra para permanecer en el poder contra la voluntad y el interés de la mayoría de los venezolanos, la Constituyente de Maduro ha quemado la legitimidad que le quedaba a su gobierno y, por lo tanto, creo que es uno de los más espectaculares autogoles de los estrategas de las sentencias escandalosas que hicieron exclamar que “rompen el hilo constitucional” a la Fiscal General de la República.

¿Por qué tiró el gobierno de la crisis el resto de su legitimidad a la basura? La llamada Constituyente rompe con la Constitución, con su letra y  con su espíritu, que es la base de su legitimidad formal, y rompe con el legado de Chávez que es la fuente de su legitimidad política. ¿A cambio de qué? Pues de dos falsas promesas: Un diálogo que la llamada Constituyente niega, por excluyente e impuesta y una paz que la iniciativa aleja, porque agrava la crisis política. Y con un agravante que empeora las cosas a un extremo peligroso, dado que no se refiere a los problemas que padece la población y que son el caldo de cultivo del descontento nacional, sobre todo popular, que son los causados por los errores y omisiones de la política económica que se busca perpetuar con el fraude: hiperinflación, escasez, colas y bachaqueo, desvalorización del bolívar.

Así como en Guárico, en toda Venezuela se forman Frentes similares, lo mismo que los venezolanos más diversos, se vienen agrupando en plataformas que desembocan en el mismo gran cauce poderoso.

Al sobreestimar su fuerza y despreciar la capacidad del pueblo, se equivoca el poderoso.  Y es que ya lo dijo Roscio: “Sea cual fuese la forma gobernativa, titúlense como quieran los magistrados y legisladores; ninguno de ellos desempeña bien sus funciones, si carece de sabiduría”.