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domingo, 23 de julio de 2017

Irracionalidad y deshumanización, por @rafluciani



RAFAEL LUCIANI 22 de julio de 2017
@rafluciani

La irracionalidad política en la que vivimos, nacida de una persistente obsesión por el poder absoluto, es consecuencia del abandono de la senda de la moralidad. La consecuencia, padecida por todos, es la gradual instalación de un proceso de deshumanización psicosocial que ha ido conformando una cultura de la sobrevivencia, afectando así a todos los espacios de la vida pública, sin excepción, en menor o mayor grado. Esta consiste en considerar como normal la pérdida del valor sagrado propio de toda vida humana, y en ver a los individuos como un bien relativo al servicio de una ideología, sea política o económica. Los documentos del magisterio episcopal latinoamericano, como Medellín, lo entienden como una «auténtica estructura de pecado que se configura como verdadera cultura de muerte». De este modo se desfigura aquello que conocemos como la vida cotidiana, haciéndose pesada y tediosa de llevar.

Los procesos de deshumanización a los que estamos siendo sometidos todos los venezolanos se agravan cuando debemos pagar las consecuencias de una inflación desbocada, el desabastecimiento de medicinas y la inseguridad por doquier. Estos hechos no pueden ser vistos como meros problemas de una disfuncionalidad económica, sino como la consecuencia de un sistema ideológico que se ha hecho estructuralmente incapaz y moralmente indolente ante la verdad de la realidad que nos rodea. Un sistema es moralmente cuestionable e intencionalmente malo cuando deja de tener como prioridad a los más pobres y vulnerables. Esos que hoy padecen hambre y un fuerte deterioro en la salud. El único cambio posible comienza por colocar nuevamente al ser humano en el centro de las políticas públicas y respetar el valor sagrado de su vida.

Transitar en paz

Durante su viaje a Bolivia, el Papa Francisco dijo que «los pueblos quieren ser artífices de su propio destino. Quieren transitar en paz su marcha hacia la justicia. No quieren tutelajes ni injerencias donde el más fuerte subordina al más débil». En Derecho, a esto se le denomina la soberanía del pueblo y es lo que se ejerció el día 16 de julio bajo un mecanismo constitucional de consulta popular, organizado por el pueblo y para el pueblo de modo absolutamente pacífico y ejemplar.

Hoy estamos viviendo un acontecimiento en nuestra historia. Uno que nos ha devuelto la esperanza. El pueblo venezolano, en su mayoría, quiere y ha pedido retomar la senda de la escucha para sanar la quiebra moral e institucional en la que hemos caído. Es urgente llegar a un proceso de conciliaciones políticas que de pie a cambios para enrumbar al país por la senda electoral. Pero el hecho, nos guste o no, es que mientras muchos se empeñen en criticar todo lo que haga la oposición, el gobierno seguirá ganando espacio y tiempo, porque cuando se polariza sólo gana quien tiene el poder.

No podemos seguir temiendo a palabras como diálogo o negociación, o nunca encontraremos una salida política, pacífica y viable. Cuando nos cerramos en nuestras propias ideas, sólo gana quien ostenta el poder. Podemos terminar recordando las palabras de Jacques Maritain: «la democracia no exige en modo alguno un acuerdo compartido sobre los fines últimos, sino la aceptación de referencias mínimas comunes, como el respeto de las minorías, la preocupación por los DDHH, el sentido y la necesidad de una vida común compartida en el destino de la nación. En todo esto, lo que debe dominar es la preocupación y el deseo de reconocer al otro», de reencontrarnos. Esta es la senda moral a recuperar.

Rafael Luciani
Doctor en Teología
rlteologia@gmail.com
@rafluciani