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miércoles, 5 de julio de 2017

Solo les queda el chantaje por @Leonarismendi


Por León Arismendi


De la mal llamada “revolución bolivariana”, que alguna vez fue una esperanza para la mayoría de los venezolanos, en particular para los más humildes, sólo quedan escombros. La escasez y la carestía de alimentos y medicinas, la ruina de los hospitales públicos y el deterioro de la educación, la inseguridad y la delincuencia, la destrucción del salario –convertido en bono que a duras penas alcanza para medio comer- , marcan el avance del hambre y la miseria que son los signos de una Venezuela que jamás imaginamos. Nuestros muchachos se van al extranjero en busca del futuro que les niega la vergüenza que tenemos por gobierno y los que aquí permanecen se han volcado a las calles, junto a las grandes mayorías nacionales, a exigir el cambio urgente que el país necesita.

La respuesta del señor Maduro, ante el clamor de la inmensa mayoría de la población, en lugar de algún asomo de rectificación se traduce, por una parte, en una cruenta represión cuya consecuencia más lamentable y trágica ha sido quitarle la vida a más de 80 jóvenes por ejercer su derecho a protestar y, por la otra, un golpe de estado continuado que se inició en el TSJ, con el desconocimiento de la Asamblea Nacional, y tiene su más acabada expresión en la usurpación del poder del pueblo, mediante la fraudulenta convocatoria de una pretendida Asamblea Nacional Constituyente Comunal, con la cual quiere eternizarse en el poder y liquidar la Constitución y la democracia. Ese engendro tiene el rechazo de casi el 90 por ciento de los venezolanos, pero Maduro y su banda, insisten en imponerla con “las armas” y con el chantaje. Chantaje que tiene dos destinatarios: los sectores más pobres de la población y los trabajadores del sector público. A los primeros se les amenaza con dejar de entregarle las bolsas de los CLAP y a los segundos, con quietarles el empleo si no votan en la fraudulenta constituyente comunal.

Semejante chantaje, violatorio de los más sagrados derechos humanos es inadmisible. Nuestro llamado es a rebelarse contra tamaña ruindad. El sagrado derecho humano a disentir está garantizado en la Constitución. El voto es un derecho, no una obligación. Las bolsas de comida no son un regalo de Maduro y mucho menos lo es el puesto de trabajo. La defensa de la Constitución es un deber de todos y ningún chantaje de un gobierno moribundo podrá impedirlo. Los sindicatos del sector público tienen que alzar su voz frente a tal despropósito. El chantaje será derrotado.


05-07-17