domingo, 15 de julio de 2018

El nuevo contexto latinoamericano por @hcapriles



Por Henrique Capriles


En nuestra Venezuela, el asedio de la crisis económica, el alto costo de la comida, la hiperinflación y la terrible crisis de la salud (agravada por la escasez de medicamentos) y la educación, golpea con tanta crueldad que hace casi imposible que nuestra gente entienda, a ciencia cierta, cómo interpretar las cosas que pasan fuera de nuestras fronteras con respecto al país.

Sin embargo, es importante entender por qué muchos líderes y muchos gobiernos están viendo con preocupación hacia acá. Y un ejemplo reciente fue ver a nuestra Venezuela convertida en un referente constante en países como Colombia y México durante sus procesos electorales.

Todos sabemos que una de las razones de que tanto se hable de nuestro país es porque el modelo político y económico con el que este gobierno lleva dos décadas destrozando a Venezuela se ha convertido en un ejemplo vergonzante.

Incluso políticos y partidos, que alguna vez manifestaron apoyo u otro tipo de solidaridad con el régimen, hoy en día les sacan el cuerpo y no quieren verse vinculados con este desastre.

Y ahí es donde toca revisar cómo es que influye en la vida de los venezolanos la opinión y la política internacional. Eso sí: eso que sucede en todas las direcciones y no nada más donde se hace más bulla.

Pongo un ejemplo. Nuestras fronteras con Colombia y Brasil han tenido mayor cobertura por el importante trabajo que están haciendo para ayudar a los migrantes venezolanos. Sin embargo, en unas declaraciones de hace apenas unos días, el gobierno de Guyana anunció que tendrá que instalar una sede diplomática en el estado Bolívar para atender a sus conciudadanos que quieren volver a su país. Incluso, ya han empezado a atender a quienes, sin ser guyaneses, quieran irse a ese país escapando de la crisis.

Los graves errores cometidos desde las políticas públicas del oficialismo han hecho que los sueños de progreso de cientos de guyaneses que vinieron a Venezuela se conviertan en una pesadilla. Y mientras esto pasa, jóvenes y profesionales venezolanos sienten que hay mejores oportunidades de vida en lugares que hace apenas unos años tenían en Venezuela la idea de un futuro posible.

A muchos podrá parecerles que esto que sucede con Guyana no es determinante, pero está sucediendo lo mismo con muchos de esos votos que alguna vez el oficialismo tuvo a su favor, en especial en las Antillas del Caribe, a cambio de petróleo barato y otras veces prácticamente regalado. Este cambio es en gran medida gracias al trabajo de los propios venezolanos y organismos internacionales que denuncian en el mundo la magnitud de la crisis en Venezuela.

Lo importante es que es necesario que entendamos esto como un espacio de política exterior que debemos atender con responsabilidad, aunque no forme parte de la gran agenda internacional. Si queremos cambiar esto, si queremos convertirnos en Gobierno, debemos estar atentos a cada síntoma y a cada oportunidad política que se presente para que Venezuela recupere la democracia. Eso sí, teniendo al pueblo venezolano como lo más importante siempre y sin dejarse extorsionar ni chantajear, pero tampoco cayendo en la ilusión de que los otros países no se verán obligados a poner por encima sus intereses antes que los de Venezuela.


El asunto es que a nosotros nos toca demostrarles cómo es que lo que suceda en nuestro país será determinante para la región por factores muy diversos, que van desde las olas de migración de venezolanos hasta la posibilidad de recuperar nuestra producción para ayudar a fortalecer la región de una manera real.

Las fuerzas democráticas de Venezuela haremos todo cuanto sea posible, siempre dentro de la honestidad y la verdad, para que cada acción que deba llevarse a cabo a favor de nuestra lucha se cumpla.

En este sentido, para cumplir con los objetivos reales, esta lucha debe hacerse desde varios flancos. En todos debemos insistir, apoyar y en especial explicarle a la gente por qué lo estamos haciendo, para evitar que el aparato de propaganda del gobierno tergiverse las acciones que nuestros países hermanos pueden llevar adelante.

El caso de lo mucho que puede hacer Colombia en este momento no puede perderse de vista. Su recién electo Presidente, Iván Duque, durante su camino hacia la victoria política habló mucho de acciones para ayudar a los venezolanos. Algo que debe llevarse a cabo con el apoyo de otros presidentes de la región, pero eso no significa que vamos a cruzarnos de brazos mientras ellos deciden qué hacer.

Ahora pongamos un ejemplo contrario: las declaraciones del nuevo Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, al decir que su política exterior se va a regir por la no-intervención y la autodeterminación de los pueblos, como un argumento que aparecía cada vez que se hablaba del caso venezolano. Pues bien: eso no debe desanimarnos. No podemos olvidar que en algunas democracias de la región la separación de poderes permite un campo de acción. Si el nuevo gobierno mexicano pretende dejar sola a Venezuela, será nuestra responsabilidad subirle el costo político a esa decisión, hasta que se den cuenta de que esto tiene que parar y todos los países democráticos necesitan que este desastre se detenga de una vez por todas.

No todo depende de lo que decida la política exterior de Estados Unidos, de Rusia, de China. Lo verdaderamente importante es cómo articulamos nuestro liderazgo para leer correctamente un nuevo escenario internacional que en nada se parece a aquellos años en los que el gobierno tenía el barril de petróleo por encima de los cien dólares y la petrochequera iba por el continente comprando el apoyo internacional.

Ya ese Brasil no existe. Ni esa Argentina existe. Ni mucho menos aquel Ecuador. Ya en Colombia no pueden extorsionar con sabotear el proceso de paz. En Perú nadie apela al supuesto espíritu revolucionario. En Bolivia no hay sino un proceso perdiendo popularidad al tiempo que deja de percibir dinero. República Dominicana ya vota abiertamente en contra. Las relaciones del gobierno con las fuerzas políticas de Chile y Uruguay son cada vez más inoperantes. Y ahí está el pueblo de Nicaragua reclamando con fuerza. Eso por poner algunos ejemplos.

Además, en los países donde esos cómplices minimizados pretenden volver a conquistar el Poder, como sucede claramente con el kirchnerismo en Argentina, para cuidar su pretendida popularidad en 2019 van a tener que sacarle el cuerpo a cualquier cosa que medio se acerque al gobierno de Nicolás Maduro, quien además destrozó la industria petrolera y ya ni siquiera cuenta con los recursos que le compren amigos en el Caribe a su gobierno criminal y hambreador.

Sé que es verdad que desde hace mucho tiempo la presión internacional no resulta determinante en los cambios políticos como el que Venezuela reclama. Sin embargo, quien sepa lo mucho que le sirvió ese grupo de cómplices al gobierno para atornillarse en el Poder entenderá también que ese nuevo escenario internacional limita la capacidad de maniobra en Miraflores y a su vez su tiempo de permanencia.

Ya nadie les cree y no tienen dinero para financiar a quienes antes decidían hacerse de la vista gorda y hoy pagan el costo político de una decisión como esa.

Por eso, mientras Nicolás Maduro y su combo se inventan invasiones que nunca fueron reales, así como en el gobierno anterior se inventaban magnicidios y otros delirios, un organismo tan serio como el Parlamento Europeo, donde además hacen vida política prácticamente todas las corrientes e ideologías, emite una resolución donde se evidencia la crisis humanitaria que vivimos de una manera detallada y profunda, argumentando la gravedad de nuestra circunstancia.

Así como para nadie es rentable seguir apoyando al gobierno de Nicolás Maduro, nosotros tenemos la responsabilidad de demostrar que sabemos leer el contexto y articular las acciones necesarias para que, más temprano que tarde, tomemos las riendas del país y hagamos que la democracia prevalezca. No ha sido nada fácil y sigue siendo muy complejo todo, pero si acertamos tendremos el respaldo de una comunidad internacional que se mantiene a la espera de que Venezuela recupere su democracia y estabilidad, porque es algo que el continente entero necesita.

Es parte de nuestro compromiso avanzar en una dirección que convierta toda esta experiencia dolorosa de separación y desarraigo en una lección que no se nos olvide nunca más. Pero también debemos convertir este momento en una demostración de lo que estamos hechos los venezolanos y las venezolanas en cada lugar del mundo. Es importante que quienes decidieron salir del país y saben lo que sucede, lo expliquen con claridad. Sólo juntos podemos hacerle saber al mundo entero la verdad. Y cuando eso pase no habrá una sola persona que no quiera sumarse a esta lucha justa y urgente. Vamos a convertirnos en un ejemplo para la historia por muchas razones terribles, pero también nos vamos a sentir orgullosos de haber hecho lo correcto.

La unidad interna con el resto del mundo democrático nos permite aplicar aquella máxima de nuestro Libertador Simón Bolívar: “Unámonos y seremos invencibles”. Debemos ser invencibles para tener democracia y la ansiada prosperidad.

¡Qué Dios bendiga a los venezolanos en este tiempo tan duro de nuestra historia!

15-07-18