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sábado, 7 de julio de 2018

Hipnosis colectiva por @EfectoCocuyo



Por Oscar Morales Rodríguez


Nos sumergimos en una hipnosis colectiva desde el final del siglo XX hasta ahora y no hay brebajes que nos despierte. Nos llevaron a un trance profundo que nos ha costado el derrumbe de todos los indicadores de desarrollo humano. Y hoy estamos caminando hacia el peor estado sentimental del ser humano: la resignación.

Estamos a mitad de año, y ya podemos decir sin temor a equivocarnos que vamos transitando –sin escalas- a 5 años de hundimiento del producto interno bruto y a casi una década de desplome de nuestras reservas internacionales(tanque para pagar importaciones, deuda y fortalecer la confianza en la moneda nacional). La implosión económica ha llegado y no hay cambios políticos; sólo hay cambios demográficos dramáticos.

Las causas de la tragedia social no han desaparecido. Y aunque no lo crean, todos los días son un infierno crudo para el presidente Maduro, pues, debe preguntarse –al menos- 120 veces diarias cómo permanecer en el poder ante tantos impostores de oficio y cómo alimentar a tantos colaboradores ahogados de ego. Desafortunadamente, este Gobierno desde hace mucho tiempo no satisface a las mayorías y sólo se preocupa por mantener complacidos a sus pocos uniformados.

Mientras tanto, la ciudadanía busca un sexto sentido que anticipe lo que viene; pero se desorienta perdiendo todos los sentidos. De repente, nos quedamos sin temas medulares que nos ponga a debatir sobre algún proyecto que implique futuro, y sólo nos dedicamos a pensar cómo nos alimentamos hoy.

Si antes no planificábamos la visión-país a largo plazo; hoy mucho menos teniendo peores garantías de sobrevivencia que ayer. Si antes intentábamos escalar los primeros lugares en modernización de los servicios públicos; hoy nuestra competencia es por los primeros puestos de los países más inestables o corruptos del mundo. Lo que nos sobra es corrosión y óxido, y nadie nos mira con seriedad.

Cuando observamos los comportamientos sociales de supervivencia que hoy escapan de toda lógica, es fácil suponer que atravesáremos un futuro poco próspero. Las circunstancias no colaboran para actuar de forma racional. Todos se reinventan para ganarle a la depresión económica (hasta perdiendo la decencia).


Para recuperar al país se requiere, entre otras cosas, una masiva profesionalización de todos los sectores económicos –sobre todo el petrolero-, porque no es la improvisación la que nos salvará. Sin embargo, primero debemos empezar por firmar una tregua e intentar establecer tiempos de paz, porque se ha demostrado que el sostenido progreso de los países sólo es posible bajo parámetros de conciliación, armonía y concordia, dado que esta atmósfera permitiría crear reformas modernizadoras y se configuraría los avances conducentes al desarrollo económico. Lo contrario, es retroceso y ruina.

Aparentemente, fuimos despojados de nuestra consciencia y no hay quién nos despierte de ese estado hipnótico destructivo. Nos hostigan con proyectiles de miedos que nos provoquen inacción atenazadora. Pero aún queda la solidaridad que nos acompaña y un recordatorio que nos dice: el poder ejercido por los bárbaros es frágil porque está sustentado con inyección de dudas y miedos temporales, y al final no son más que tigres de papel o monstruos de barro que pierden ante la realidad.

06-07-18