Por Jesús
Alexis González, 16/03/2015
Sostienen
algunos autores (opinión que compartimos), que no incluir el Estado en la
materia de la economía política es una omisión arbitraria e injustificable a
la vez que niega que a partir del año 1920 ha venido afianzando su presencia en
la economía a través de variados instrumentos tales como el presupuesto
nacional, gasto público, ingresos fiscales, endeudamiento, sistema financiero y
banco central, tipo de cambio, transferencias y un largo etcétera. De tal
forma, influye en la composición y el crecimiento de la demanda, la estructura
de la producción, la expansión del mercado interno y muy especialmente en el
ritmo y dirección del desarrollo económico; sin que ello implique la demolición del sector privado en lo
particular ni la injerencia (meter una
cosa en otra) en el proceso productivo. El Gobierno debe intervenir, para
contribuir en la creación de demanda
adicional al presentarse una caída del consumo de la comunidad(demanda
efectiva),con la finalidad de mantener el funcionamiento del proceso
productivo. Todo ello, ha de tener como norte el bienestar social (mejor distribución de la riqueza) al accionar
políticas públicas en un escenario de economía
de mercado (moderno y competitivo) con amplia participación del capital
privado en su rol de multiplicador del crecimiento, el empleo y la recaudación
fiscal como fuente financiera (y no el dinero inorgánico) para instaurar
actividades propulsoras de la cohesión social(incluidos los programas
compensatorios); cuyo desenvolvimiento ha de estar vinculado a un sistema económico entendido como la organización de la actividad económica
de una sociedad, apuntalado por un ordenamiento jurídico impuesto por el
Estado.
En
diferente basamento ideológico, encontramos Gobiernos que sostienen, en
equivocada interpretación, que no es posible un ordenamiento jurídico del
sistema económico sin causar tensiones graves a la estructura social (modo de producción y relaciones sociales) habida
cuenta de existir la propiedad privada de los medios de producción. En realidad,
el pensamiento marxista alude a una evolución permanente de las fuerzas productivas (conjunto de medios
de producción) como respuesta a un gran desarrollo
técnico y tecnológico al tiempo de una profunda división del trabajoque conduce a la expansión industrial y a la
especialización de la actividad productiva hasta alcanzar su límite, a partir
del cual se dificulta su crecimiento y se generan las crisis económicas que alteran las relaciones sociales de producción (vínculos entre los participantes
en el proceso productivo). Como bien se desprende, tal enfoque no entraña la
confiscación de empresas en aras de destruir el aparato productivo para
posteriormente “refundarlo” en manos de un “poder popular”, causando en la
“transición” hambre, miseria, desabastecimiento y escasez, como un solidario sacrificio del pueblo en aras
de la aparición de un “hombre nuevo”. En
tal sentido, vale citar al chino Mo Yan
(premio Nobel de literatura 2012) cuando en marzo 2013 afirmó: “Lo que escribió
Marx en El Manifiesto Comunista es de una belleza magnifica. No obstante, me
parece muy complicado llevar ese sueño a la práctica. Por otro lado, cuando me
fijo en el Estado de bienestar de los países de Europa, me pregunto: ¿son
concebibles estos Estados, estas sociedades, sin Marx? En cierto modo, el
marxismo ha salvado al capitalismo, porque los que realmente se han beneficiado
de las bendiciones de esa ideología son las sociedades occidentales. Los
chinos, los rusos y los europeos, por mucho tiempo, malinterpretamos a Marx”.
Para el caso venezolano, son muchos los ejemplos referidos a la indeseable injerencia Estatal en la
producción, de ellos solo mencionaremos (por razón de espacio) el recién
instrumentado (12/02/15) Sistema Marginal de Divisas (Simadi), que en apenas 1
mes de “funcionamiento” la paridad inicial de Bs 170,03/$, que ya era elevada con relación al tipo decambio implícito
(M2/R) al reflejar una tasa de Bs 87,03/$ (02/15),aumentó hasta Bs 187,78/$ (10,44%) impactando tanto el “paralelo” al convertirse
en su paridad piso (¡con disponibilidad!), como a los precios (¡y la
inflación!) al ser utilizado como una referencia para la reposición de
inventarios ante la inexistencia de precios relativos. En fin, bien puede inferirse que no ha sido el ordenamiento jurídico capitalista venezolano la causa
del estancamiento económico actual, antes al contrario, han sido algunos “entes
revolucionarios” los que han afectado negativamente el proceso productivo
nacional. Nos permitimos concluir con una cita referida a la crisis económica de Venezuela: “La
crisis tiene una raíz política, tenemos que reconocerla. El cambio viene, pero
no va a ser placentero. La historia a veces es desagradable para una sociedad”.
(Ramón Piñango, El Mundo, 09/03/15).
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