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martes, 3 de marzo de 2015

Siempre listo… para morir, Saskia Luengo



Por Saskia Luengo, 27/02/2015

No lo conocí y seguramente –de haber vivido 100 años- no lo habría conocido.

Pero lo mataron y se convirtió en parte de mi vida.

Sé muy poco de él, ni siquiera he logrado saber su fecha de nacimiento, aunque asumo que fue en 2000 o 2001 porque dicen que tenía 14 años.

Veo que le gustaba el personaje del carro destartalado de “Cars” (Mate). El chamo tenía 5 añitos cuando la estrenaron.

Era scout y la promesa que hizo rezaba “Yo prometo por mi honor hacer cuanto de mí dependa para cumplir con mis deberes para con Dios y la patria, ayudar al prójimo en toda circunstancia y cumplir fielmente la Ley Scout”. Pienso en eso, me imagino su emoción al promesarse (porque también la viví) y su asesinato me estremece más de lo que ya lo hacía.

A veces trato de hacer una lista de todo lo que nos ha quitado esta revolución ineficiente y asesina: vidas, dignididad, RCTV y tantos otros medios, la bandera, el escudo, hospitales públicos, educación de calidad, harina, papel toalét, pollo, carne, la posibilidad de acampar en una playa, repuestos de vehículos, ser joven y salir a rumbear, el agua, la luz, el champú, la libertad…

Pero casi siempre paro porque me genera una rabia que no me asiste en nada y –sobre todo- porque es demasiado triste que en la misma lista de la vida esté el papel toalét.

Pero entonces, pienso en este boy scout, en Kluyberth Roa; y me doy cuenta de que a él, como a todos los que tienen 15 años, no les quitó nada la “revolución”.

El chamo no vivió lo anterior.

Vivió un país y dos presidentes. Vivió en una ciudad aguerrida que se ha encendido más de una vez para reclamar justicia. Vio a un presidente mentir sobre su enfermedad y luego decir que moriría solo para aclarar que –cual monarquía- estando muerto su elegido coronaría.

Vio a sus familiares haciendo colas y debe haberse enterado de que en los hospitales públicos la gente se muere por falta de medicinas. Vio a venezolanos peleando entre ellos.

Tampoco vivió que, luego de su muerte, han muerto más y algunos ya no hablan de él porque les preocupa lo que un dólar a 200 le hará al país. No se enteró que el mismo presidente que decretó el uso de armas de fuego en manifestaciones sigue hablando de planes golpistas de una manera casi cantinflesca (con el perdón de Mario Moreno).

Murió a los 14… un “siempre listo” que se fue dejando el dolor que la brevedad de este “siempre” nos significa.



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