miércoles, 30 de septiembre de 2015

Pedagogía y política


Por Antonio Pérez Esclarín


Me preocupa muchísimo el peligro de sustituir en educación la pedagogía por la ideología, y confundir proclamas y deseos con logros y realizaciones. Tras los anuncios  de la necesidad de transformar la educación para transformar el país y el mundo,   con frecuencia se oculta la  incapacidad de transformar las prácticas  sumisas, repetitivas, acríticas; incapacidad para, más allá del discurso y las buenas intenciones, gestar modelos educativos y caminos pedagógicos  alternativos. Recitando a Paulo Freire y su Pedagogía del Oprimido, se termina con frecuencia, oprimiendo la pedagogía.


La pedagogía, esa necesaria reflexión de la práctica, nos enseña que los frutos que queremos recoger deben estar ya implícitos en la semilla, la cosecha en la siembra, pues es imposible educar para, si no educamos en: Sólo se puede educar para la participación en la participación; para el respeto y la convivencia, en el respeto y la convivencia; para la inclusión en la inclusión de los diferentes. No es posible educar para la genuina participación si yo creo tener el monopolio del poder y de la verdad  y oriento mi labor a fomentar la sumisión más que la autonomía. No es posible educar para la convivencia si no acepto la diversidad, o  no permito el pensamiento divergente. No es posible educar para la creatividad,   con slogans y discursos aprendidos, con una pedagogía que privilegia la  repetición acrítica, más que la argumentación y la escucha.   Si hace unos años el Maestro Prieto Figueroa acuñó la frase de que la mayoría de los maestros eran unos “eunucos políticos”, hoy la mayoría de los políticos están demostrando con su proceder que son unos “eunucos pedagógicos”, pues niegan con sus actuaciones lo que proclaman en sus declaraciones y discursos: “El ruido de lo que eres y haces, me impide escuchar lo que me dices”: Defiendes con mucha fuerza unos principios que los pisoteas con tu modo de proceder.

Toda mi vida he luchado  por una verdadera revolución educativa. Por eso, me he esforzado por nunca separar la dimensión  política de la educación de las dimensiones ética y pedagógica. Y a medida que van pasando los años, he ido comprendiendo con creciente claridad que todos enseñamos no tanto lo que proclamamos, si no lo que somos y hacemos. Si eres violento e intransigente y actúas con violencia e intransigencia, estás enseñando violencia e intransigencia por mucho que invoques  el respeto, la tolerancia o el amor. Si piensas que todos los que tienen  dudas y críticas porque quieren una educación de calidad real para todos,  son unos   derechistas,    agentes del imperio, que se oponen a la liberación del pueblo y quieren privatizar la educación, de nada servirá que te llenes la boca hablando de que la Constitución y la Ley de Educación son de las mejores del mundo y  garantizan  la participación, la tolerancia, la diversidad, la inclusión.

Es hora de bajarse de los  discursos triunfalistas, superar los desencuentros y trabajar unidos para que la  educación de todos, en especial de los más pobres, vaya siendo cada vez mejor. No olvidemos que a todos nos conviene tener más y mejor educación y que todos los demás la tengan.

29-09-2015




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