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viernes, 24 de febrero de 2017

Hay que rescatar la Fe y la Confianza por @DiarioTalCual


Por Rafael Viloria


Venezuela por estos tiempos del siglo XXI, viene confrontando ya no solamente una crisis económica meramente. “… Ruptura del equilibrio entre la producción y el consumo traduce en una caída general de las magnitudes económicas principalmente inversión, nivel de empleo, venta y consumo…” La “crisis” sobrepasó los límites que sociedad alguna pueda tolerar. Ahora estamos en situación visible y tangible en una evidente ruptura del equilibrio social y político.

Treinta y cinco millones de venezolanos aproximadamente estamos inmersos en el centro de un gran océano que a la postre ha quebrantado profundamente un vital “valor” que no tiene referencia y comparación alguna “la Fe y la Confianza”. “… creencia no basada en evidencias o argumentos racionales. Confianza que alguien tiene de sí mismo, en otro(s) o en una cosa, tener “fe” y confianza en sus probabilidades”.

Mucha gente viene con marcada insistencia planteando que los venezolanos no solamente en los demás, sino también en nosotros mismos. De ello como común y corriente: hay un culpable, hay unos culpables.

Todo pareciera indicar que en las causas, efectos y consecuencias que de ello se deriva, nosotros los más de treinta y cinco millones de venezolanos, ninguno nos adjudicamos ni la responsabilidad, ni la corresponsabilidad de tan particular flagelo. Los creyentes más radicales atribuyen las causas no definidas a un presunto “castigo de Dios”. En consecuencia por ser “impíos”, bien que nos merecemos el castigo.

Por las ciudades, los pueblos, las aldeas del mundo entero, por todos los medios de comunicación en un mensaje común, nos indican que hay que esperar que nuestro creador tome la decisión final de dar por terminado la existencia del mundo.

A decir de mi buen amigo el Padre Jesuita Alberto Dorremochea: todo indica de que el “dorre”, quizás ha tenido razón al decir que la humanidad se desenvuelve en un mar de confusiones en un desierto de ideas. En razón de ello quizá los venezolanos que colectivamente manifestamos una conformista “mansedumbre” y algunos hasta servil conducta; aceptamos la ruptura de la convivencia y coexistencia social como un asunto normal que hay que aceptar como designio de Dios.


En Venezuela la crisis más aguda que la económica, se ubica en lo social. Nadie tiene hoy claro como una sola persona (supuestamente) en su gran afán de imponer una “ideología” que nadie entiende para que sirve, haya conducido a que treinta y cinco millones de venezolanos, una integral crisis social, económica y política al grado de que la misma este en una marcha contra reloj. Diezmando la principal base de convivencia humana, que a la postre la esté conduciendo una marcada perdida de su fe y su confianza; cuestión que por una lógica le impide prepararse para construir su propio esperanza de vivir, convivir y coexistir en armonía y paz verdadera en la construcción de su propio destino.

Los mentores del “Perverso” nuevo destino de esta patria hablan de enviar a sus “huestes” a las “Catacumbas mismas… Galerías subterráneas con nichos rectangulares en las paredes, en las cuales los primitivos cristianos, especialmente en Roma, enterraban a los muertos y practicaban las ceremonias del culto”… para que promuevan tan nefasta doctrina política.

Lo que quizás no sepan los mentores de tan perversa y extraña ideología, es cuanto está costando social, económicamente y políticamente la marcha hacia un destino, que no son precisamente muertos enterrados en unas catacumbas, sino que somos seres humanos que en carne propia pagamos las consecuencias de los grados de “obsesión” idea o preocupación fija que puede alejar de la mente y que domina a la persona. “locura”.

Frente a la situación visible y tangible en la Venezuela de hoy, tenemos que necesariamente y es ya “despertar, reaccionar y actuar”. No precisamente con las mismas armas con que intentan imponer un sistema político, que por principio natural tenemos que rechazar. Impedir que se siga extendiendo. En ese orden se impone la necesidad de una gran convocatoria hacia la unión de voluntades, hacia una causa común, La Patria. Esta patria tiene que rescatar la fe, la confianza en nosotros mismos; para construir la esperanza de una sociedad en verdadera “revolución social y democrática”. No queremos más hermanos muertos, más hambre, miseria, pobreza; queremos construir nuestro propio destino.

¡Queremos construir la paz!

Ex presidente de Cenconave


24-02-17