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sábado, 25 de febrero de 2017

Sorpresas e indignación por @leomoralesP


Por Leonardo Morales P.


Para los venezolanos de estos tiempos cada amanecer es una sorpresa que, en muchos casos, se termina convirtiendo en indignación. Cada mañana, al abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor nos atosigamos de noticias, no siempre buenas, más bien terribles. Todas las cosas que nos asombran desde temprano atropellan nuestro sosiego y zarandean la capacidad de comprender.

Muy cierto que Venezuela nunca fue un país cuya vida transcurriera apaciblemente; revueltas, insurrecciones y conspiraciones son una parte no poco significativas de nuestra historia. Tres obras saltan a mi memoria inmediatamente: los tres tomos de Jesús Sanoja Hernández, Entre Golpes y Revoluciones; Mondolfi con Temporada de Golpes y, más recientemente, el de Thays Peñalver, La Conspiración de los 12 Golpes, textos que todo venezolano debe leer para entender un pasado que pareciera acompañarnos en el presente y nos amenaza con seguirnos en el futuro.

Cuando creímos haber iniciado una ruta armoniosa, tranquila y democrática, nuestra historia, nuestro pasado, se apersonó para intentar derrocar el sistema inaugurado en 1958 y prefiguraron mal tiempo y tempestades. Ni siquiera cesaron una vez que el golpista Chávez se hiciera del poder por vía electoral comenzado este nuevo siglo y, aun hoy, pareciera que algunos navegantes de endebles naves agitan los mares para alimentar salidas cuyo destino es de muy dudosa orientación.

El cambio político inaugurado por la revolución bolivariana -casi todas las revoluciones se han inspirado en Bolívar-  debía encaminarnos por un mundo más humano y de inmensa paz. Del “hombre nuevo”, nos hablaron.


Cada mañana vemos la edificación de ese “nuevo hombre” nacido en la revolución. Nos sorprendemos e inmediatamente no indignamos interrogándonos: ¿Qué nos ha pasado? Que tres niñas liceístas agredan a su compañera de estudio en estado de gravidez hasta propinarle la muerte debía ser un suceso de la Venezuela pasada y no de esta patria socialista. Cómo es eso que los habitantes de Cariaco en el estado Sucre acusen a unos malandros u “hombres nuevos” para evitar recibir la represión policial de quienes siempre confunden al inocente con el culpable.

Cómo no sorprenderse al ver que en Brasil varias localidades suspenden la inversión en el Carnaval como en Porto Ferreira donde optaron por comprar una ambulancia o que en Rio Grande do Sul el alcalde destine los fondos del Carnaval para disminuir las colas en los hospitales públicos y financiar un proyecto para niños especiales.

Enerva e indigna saber que en Venezuela los niños con cáncer mueran frente a la cara de los gobernantes por falta de tratamiento y medicamentos para sus padecimientos como igualmente ocurre con los niños con problemas cardíacos; cómo comprender que unos niños mueran por consumir leche con cal o por comer yuca amarga. Hechos incomprensibles e indignantes cuando el presidente anuncia que destinará casi 700 millones de bolívares para celebración del Carnaval mientras los enfermos del país mueren por falta de tratamiento y medicinas. Cómo no sorprenderse e indignarse ante la postura indolente de un gobierno al que solo le duele dejar de aprovecharse de los privilegios del poder.

Siempre amanece, por estos días muy oscuro todavía, pero ya llegará el momento en que coincida el amanecer con la claridad, tiempo en el que los venezolanos elegirán un gobierno genuinamente democrático que conduzca a sus habitantes por senderos del progreso, constituyan una institucionalidad fuerte y al servicio de los intereses nacionales.

24-02-17