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martes, 28 de febrero de 2017

Margarita López Maya: ¿qué pasó el #27F y qué pasa ahora en Venezuela? @FranzvonBergen


Por Franz von Bergen


Margarita López Maya encuentra semejanzas y diferencias entre la situación actual y la que se vivía en los meses anteriores a El Caracazo, explosión social que dejó más de 300 muertos en la capital venezolana luego de cuatro días continuos de protestas callejeras. La profesora de la Universidad Central de Venezuela, PhD y especialista en el proceso sociohistórico y sociopolítico contemporáneo, advierte que la crisis económica coloca a la ciudadanía en un estado de “desencanto”. A pesar de eso, considera que el Estado ha “militarizado” a la sociedad y cuenta con una “mayor fuerza represiva”, algo que lo ubica en una posición de más control ante una posible nueva explosión.  

¿Hay semejanzas entre la situación que vivimos hoy y la que había a principios de 1989 antes de que estallara El Caracazo?

Existe una crisis estructural como la que había en 1989, cuando se llevaba años arrastrando una crisis económica. Otro elemento similar es la disolución de las expectativas. En ese entonces el desencanto fue muy fuerte con el presidente Carlos Andrés Pérez, que fue electo por muchos pensando que se lograría una vuelta a la prosperidad que se había vivido durante su primer periodo presidencial. En los primeros días de su gestión, sin embargo, se plegó a varias políticas de ajuste propuestas por organismos internacionales.
Ahora, el Gobierno acaba de devaluar, aunque no lo aceptan como una devaluación y digan que es un reajuste. Tratan de que se crea eso valiéndose de la hegemonía comunicacional con la que cuentan, pero la gente lo nota. Dentro del chavismo también hay desencanto. Algunos piensan que si Chávez estuviese vivo la situación no estaría así, algo que se repite en Aporrea. Aunque el desencanto no sea tan fuerte como con el presidente Pérez, existe y es inocultable, más allá de que algunos se crean la tesis de la guerra económica. La inflación es brutal al igual que la escasez. Si se mantiene la idea de la guerra económica, entonces no hay duda de que el Gobierno está siendo derrotado. El argumento se va agotando y va quedando el desencanto. Además, ya no está verbo de Chávez para volver a despertar la ilusión.

¿Y qué diferencias se registran entre los dos momentos?

En El Caracazo no funcionaron las fuerzas represivas del Estado. Durante todo el lunes (primera jornada de manifestaciones) no aparecieron para controlar las protestas. Comenzaron en las ciudades dormitorios como Guarenes y Guatire, y luego en Nuevo Circo. Como no los detuvieron, se movieron hacia la autopista y después, como seguían sin aparecer las fuerzas del orden, la gente comenzó a saquear. Se dio una especie de vacío de poder. Carlos Andrés Pérez no habló ese día, sino el martes en la tarde. Había un gran desconocimiento de la situación en el Alto Gobierno. Además, el Ministerio de la Defensa pareció subestimar la situación.

Hoy es muy distinto. Existe una militarización creciente de la sociedad y se sabe todo lo que está pasando. El Gobierno está muy alertado y los cuerpos de seguridad son más fuertes, son más y tienen mayor capacidad para controlar una situación de protesta generalizada. Ése es un elemento que no existía en 1989. Para ese momento, incluso, se dice que había una insubordinación de la Policía Metropolitana hacia las autoridades. Ahora, en cambio, parecen actuar diligentemente.


¿Ese mayor control puede reducir el tamaño de la protesta actual?

Durante El Caracazo el Gobierno se vio obligado a decretar un toque de queda y a traer tropas del Ejército a la ciudad, lo que generó una masacre. Oficiales asustados y sin experiencia en control de protestas respondían con balas ante la situación. También muchos ciudadanos no sabían ni siquiera qué era un toque de queda, lo cual no había sido decretado en mucho tiempo. Todo eso se unió para que hubiese más de 300 muertes.

¿Ve diferencias entre las motivaciones de la protesta de ese año y la actual?

En este caso las motivaciones para la protesta son otras más políticas. La manifestación del 12 de febrero fue de la sociedad civil y estuvo acompañada por los partidos políticos. Los manifestantes de El Caracazo no estaban acompañados por ningún grupo, fue espontánea y ante el disgusto. La gente estaba sin dinero, muy desencantada y frustrada. El lunes 27 de febrero, la tarifa del transporte público la aumentaron en 100% y la gente se dio cuenta al salir a la calle en la mañana para trabajar. Era casi último de mes y la gente no tenía cómo llegar al trabajo.

Hay teorías sobre grupos que provocaron El Caracazo…

Es cierto que el movimiento estudiantil estuvo en la calle. Mérida es siempre un primer termómetro de la situación nacional y en esa ciudad hubo disturbios una semana antes, por lo que estaba militarizada. Por eso allí no hubo tantos problemas después. Sí hubo grupitos y activistas que estuvieron en la calle. También hubo denuncias de civiles que dispararon desde los edificios en el 23 de Enero, pero conspiraciones de esa envergadura sólo se le ocurren a militares. Fue algo espontáneo.

Algunos expertos apuntan a que el Gobierno de Carlos Andrés Pérez hubiese podido contener el descontento con una mejor política comunicacional que explicara la necesidad de las medidas económicas que tomó y sus beneficios…

Más que una política comunicacional distinta, lo que hubiese podido cambiar la situación es que el presidente Pérez no hubiese tenido la arrogancia que tuvo. Él pensaba que podía hacer cualquier cosa porque toda la gente se la iba aguantar. Una negociación con los sindicatos y otros factores hubiese sido fundamental para que se entendiera mejor por qué tomaba esas medidas. Incluso, tuvo diferencias con su propio partido, Acción Democrática, que decía que el paquete era peligroso.

Actualmente, el Gobierno de Maduro también se muestra arrogante. No habla con los otros sectores y trata de estigmatizar a una parte de la sociedad para catalogarla como culpable de todo lo que ha pasado. Estamos ante la misma arrogancia de siempre.

Para algunos académicos, El Caracazo fue el inicio de la caída de la democracia representativa que se había iniciado en 1958. ¿Pasa hoy algo similar con el periodo chavista?

El proceso chavista está en declive desde hace rato. La descomposición es muy importante y se trata de mantener con mayor represión y deriva autoritaria. Esto le puede durar un poco, pero se ve que comienza el declive. A menos que rectifique y se abra al diálogo verdadero y busque ampliar su base de apoyo. Este gran poder represivo lo que puede es mantenerlos un poco.

Pero sectores de las bases populares siguen fieles al proceso debido a las misiones y otros programas sociales…

Las misiones nunca terminaron de institucionalizarse y todo depende de ingreso fiscal petrolero. No se sabe cuánto durarán. Además de que no sacan a la gente de la pobreza, no se conoce a ciencia cierta cuál es la calidad de las misiones. Para salir realmente de la pobreza se necesita un empleo y educación con calidad. En esos dos aspectos el proceso chavista no ha sido exitoso.

¿La base de apoyo chavista se erosionaría si los programas sociales se redujeran?

Disminuir las ayudas traería un descontento más grande. Eso viene porque el gasto petrolero ya no alcanza. Por eso la militarización y la represión son crecientes. Y eso terminaría debilitando a sus bases, porque están construidas sobre la distribución del ingreso fiscal petrolero. Si se reduce, se reduce parte del chavismo adentro. El residual irá a la oposición o se desmovilizará.

Alguno historiadores consideran que uno de los detonantes de El Caracazo fue la desconexión que había entre la ciudadanía y sus representantes, desde los partidos políticos hasta gremios y sindicatos. ¿Cómo lo ve ahora?

No siento una desconexión tan fuerte como la de esa época. El Gobierno todavía tiene conexión con un sector de las bases y apuesta a que la ideología reemplace las condiciones que se tienen ahora. Tratan de decir que sufrimos penurias pero que tenemos Patria, por lo que hay que hacer sacrificios. Juegan con ese tipo de manipulación comunicacional. No están desconectados como en otros tiempos, así como tampoco lo están las fuerzas de la MUD con sus bases. El problema de la oposición es que está amarrada. La situación es difícil porque el oficialismo controla todo el dinero y los poderes, lo que complica una salida institucional.

Si la oposición está descontenta pero no tiene vías para hacerse escuchar, ¿cómo canaliza ese descontento?

Puede disminuir la protesta por amedrentamiento, pero pudiera ser que se radicalicen los grupos que salen y se hagan más violentos. Como no pueden expresarse institucionalmente, pudieran buscar otra puerta. Mientras haya malestar, esa opción seguirá existiendo. Para la oposición es un gran desafío cómo encausar todo ese potencial hacia una salida institucional. Es necesario que se reconozcan espacios de diálogo y se discuta con autoridades locales y regionales.

27-02-14