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miércoles, 21 de junio de 2017

Felipe Pérez: La salida de Maduro no es negociable, lo que se puede negociar es su salvoconducto por @ElPitazoTV


Por Laura Helena Castillo


Felipe Pérez decidió el lugar del encuentro: un banco de la plaza Lincoln, en Colinas de Bello Monte. Dijo por teléfono que la entrevista podía ser ahí o en una panadería cercana. Pero en ese lugar no iba a poder ser: la cola del pan, a las 12:00 m de un día de semana, lo ocupaba todo. Pérez, un exministro que anda a pie y usa chemisse, propone caminar hasta otro lugar.

Entre 2002 y 2003 Felipe Pérez Martí fue ministro de Planificación de Hugo Chávez, en un interludio de pocos meses después de Jorge Giordani y antes de Jorge Giordani. En su gestión se creó la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi), hoy Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex). Él fue uno de los diseñadores del control de cambio, medida económica por la que –ha dicho y dice- terminó separándose del gobierno y que, desde hace varios años, critica públicamente.

En la panadería elegida por Pérez Martí no hay pan salado. Al lugar –estrecho y ruidoso- entran varios miembros de la Policía Nacional Bolivariana para almorzar cachito y jugo. Ese día hay una marcha que llegará hasta Las Mercedes y las calles comenzarán a trancarse pronto.

Para Pérez Martí, las protestas simbolizan una camioneta Hummer que arrancó, de frente y midiendo la velocidad, al encuentro del Volkswagen que hoy, según él, es el gobierno de Maduro.


“Si seguimos con esta estrategia del coraje no habrá un desenlace violento sino una escaramuza, como la que estamos viendo ahora con la represión. Esto es una calibración de fuerzas. El liderazgo lo está asumiendo el pueblo mismo y partidos como Voluntad Popular, Vente Venezuela y Primero Justicia se sumaron al coraje. Va a haber negociación y rendición del gobierno con unas concesiones”, asegura, sentado en una mesa con policías y clientes alrededor.

                                           Foto: Vanessa Tarantino

– Cuando fue ministro de Planificación de Hugo Chávez y formó parte del Gabinete que creó Cadivi, el 5 de febrero de 2003, ¿se imaginó, en sus más pesimistas escenarios, que los venezolanos harían cola para comprar pan por falta de divisas para importar la materia prima?

– Yo me tuve que calar el control de cambios que fue impuesto por Chávez por consejos de Fidel Castro y Armando León. Pero a condición de que fuera por tres meses. Un control de cambios es equivalente a un “cierre de taquilla” de un banco privado cuando hay una corrida contra sus depósitos. Por diseño, debe ser algo temporal, mientras el banco recupera su solvencia (en el caso de que tenga ese problema) y la confianza. No puede cerrar la taquilla y racionar las reservas indefinidamente, pues pierde su condición de banco, cuya esencia implica tener menos reservas que depósitos, que son conservados voluntariamente por sus tenedores, pues confían en su valor. Lo mismo un país. Si lo continúas, pierdes tu soberanía monetaria, tu capacidad de emitir dinero. De hecho, emitir dinero bajo un control de cambios es completamente contradictorio, inconsistente. Es como si el banco que ha cerrado su taquilla, racionando sus reservas porque no hay confianza en el valor de sus depósitos, emita nuevos depósitos a partir de nuevos créditos, sin respaldo en nuevas reservas. Esos depósitos no tendrían valor. Lo mismo que ha ocurrido con las gestiones de Chávez y Maduro: ha bajado la confianza en el valor del dinero emitido y en eso consiste la inflación. Y la devaluación. Nada menos. Así que mantener el control de cambios, básicamente, fue un error garrafal.

– En agosto de 2016 publicó un análisis de escenarios y aseguró que lo más probable era un referendazo o una renuncia de Nicolás Maduro. Ninguna de las dos cosas ocurrió. ¿Qué falló en su análisis?

– Mi error fue que sobreestimé a la MUD. Tenía la fuerza potencial que había que convertir en dinámica, como sí se está haciendo ahora. Ir al diálogo fue un error.

– Tiene una línea de acción y pensamiento político llamada “¿Qué hacer?”. ¿Qué le responde a su vecina cuando se la cruza entrando en el edificio y ella le pregunta qué hacer?

– “¿Qué hacer?” no es un grupo político, o ideológico. Es un espacio para compartir ideas y hacer propuestas de consenso, algo así como una pequeña Venezuela, pues hay gente de todas las ideologías, ocupaciones, profesiones, procedencia social, religiones, etc. A mi vecina solo le puedo decir que nos unamos para salir de este gobierno. Y para reconstruir nuestro país. La salida es política. No es económica a nivel macro, ni a nivel micro, personal. Una de las cosas más hermosas que está ocurriendo con todo este movimiento libertario es que la gente se ha unido desde la base. Han salido los vecindarios de clase media, pero también los barrios de clases populares. Se han hermanado trabajadores y empresarios, capital y trabajo. Se ha unido la lucha reivindicativa, con la lucha política. Un proceso de unidad, de hermanamiento, de solidaridad, muy grande. El objetivo es común: rescatar a nuestra madre Venezuela, que está siendo violada.

– ¿Existe el madurismo?

– Existe mientras esté Maduro en el gobierno. Pero es una entelequia que no tiene ideología, ni liderazgo. Este un gobierno títere de los buscadores de renta. Tanto nacionales, como extranjeros. Pues en esto ha estado Cuba de manera muy importante, además de China y Rusia. Cuando caiga Maduro, que va a ser muy pronto, el madurismo será una mancha para quienes, por la razón que sea, lo apoyaron. No tiene futuro. Ni siquiera tiene presente. Y Cuba, un país realmente ocupador, va a salir perdiendo también muy feo aquí.

– El protagonismo que ha ido ganando Luisa Ortega Díaz revela que llevaba un tiempo planificando su estrategia. ¿Cree que dentro del gobierno hay funcionarios que también van tomando nota en una libreta para preparar su desvinculación?

– Claro que sí. Maduro es un lastre para el chavismo. Lo dijimos desde hace mucho tiempo. Si los chavistas quieren tener futuro político, saben que deben separarse, sacudirse ese lastre que los hunde al abismo político. No quieren hundirse con este barco en pleno naufragio. Además, muchos, los enchufados que no están ahí por ideología, ni vocación política, sino por los reales, ya han preparado sus maletas, su ruta de salida desde hace mucho. Va a haber una avalancha de salidas como esta muy pronto.

– ¿Qué es negociable y qué es innegociable entre el gobierno de Maduro y la oposición?

– La salida de Maduro no es negociable. Debe irse. Y se va a ir. Lo que se puede negociar es su salvoconducto. ¿Se va el solo? ¿Se va con varios? ¿Cuántos y quiénes? ¿Cuánta plata se llevan?  Son cosas normales en este proceso de negociación. Pero de que se va, se va. Es un clamor popular y ningún partido de oposición se va a arriesgar a pedir menos, pues la gente no lo aceptaría.

– Usted que conoció a Maduro, ¿cree que llevará el conflicto hasta lugares aún más violentos?

– Este gobierno es como un grupo de ladrones de un banco, pero con rehenes. Está matando rehenes. Pero saben que se van. No puede matar muchos más, pues van a ser linchados incluso físicamente, si no se apuran a salir, a pedir su salvoconducto. No creo que la violencia represiva escale mucho más. Primero, porque se van pronto. Segundo, porque la gran mayoría de la fuerza armada está contra esto, que es no solo insostenible, sino completamente insoportable. Esto, si escala mucho más, se va encontrar con una insurrección de los soldados a todos los niveles. Ya se está cocinando desde hace tiempo. Lo hemos analizado teóricamente, y la evidencia apunta hacia eso.

                                           Foto: Vanessa Tarantino

– ¿Recuerda cómo fue el momento en el que decidió hablar públicamente sobre su desacuerdo de opiniones con el chavismo?

– Salí del gobierno por desacuerdos. Me echaron por no estar de acuerdo con el control de cambios, como es sabido, además de que no era el indicado para el “Plan B” de cuasi-estalinismo que lideró Chávez bajo la égida de Fidel y la ayuda de Jorge Giordani. Tuve muchos conflictos desde mi salida (y cuando estaba dentro, claro). Pero mantuve bajo perfil político, en general, pues estaba más que todo en la academia. Ahora, en 2008 publiqué un documento de fuertes críticas a la política económica, llamado “De las tres R: Revisión, Rectificación y Reimpulso”. Lo llame así tomando la palabra de Chávez. Él no quiso rectificar. Y tenemos lo que tenemos. Pero mis críticas en privado fueron desde adentro y desde hace mucho tiempo. La más fuerte, por el control de cambios.

– ¿Cuál es el costo de la disidencia? ¿El teléfono deja de sonar?

– Nunca he sido un disidente, pues nunca fui chavista. En la carta que le escribí a los soldados explico que a Chávez mismo, cuando acepté formar parte del gobierno, le dije que no me guiaba por él, sino por mis principios (lo que yo llamé ‘Comandante Supremo’). Cuando salí del gobierno estuve muy mal, pues no me quería ni el gobierno, ni la oposición. Ni siquiera me querían admitir de nuevo en el Iesa, aunque estaba de permiso legal. Económicamente lo pasamos mal. Mucha incomprensión de parte y parte. He dicho que la responsabilidad de lo que tenemos es compartida por el sector privado y la oposición de ese entonces, que rechazó el pacto que les propuse en el gobierno. Así que, si fuera disidente, lo soy del rentismo petrolero, que fue defendido, en los hechos, tanto por las élites del chavismo como las de la oposición y el sector privado. Lo que propongo es que salgamos de eso. Todo esto me ha fortalecido espiritualmente, pues el telefonito del Comandante Supremo nunca ha dejado de sonar. Eso es lo que me ha mantenido. Y me tiene muy fuerte ahora, sin depender de nadie, sino de eso: mi trabajo, mis principios.

– Usted ha dicho que no era chavista, sino de izquierda. ¿Aceptaba Chávez que no hubiera chavistas en su entorno político?

– Claro que sí. Lo demostró conmigo. Pero más que todo al principio. Después que quedó picado de culebra, por lo del paro cívico y petrolero y la guía de Fidel. Se volvió sumamente sectario y soberbio.

– ¿Alguna vez lo han llamado “traidor”?

– Creo que sí. Por las redes sociales, algunos chavistas-maduristas enojados conmigo porque creen que fui chavista, cuando nunca lo fui. Soy de izquierda. Siempre lo he sido, y lo seré. Porque estoy con quien está peor, tanto en materia económica, como social y política. Por eso estoy contra el gobierno, que apoya a los que están mejor. Siempre he sido consecuente con esa posición. De manera que si me llaman así, pues no tienen base. Siempre he estado del mismo lado.

18-06-17




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