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lunes, 5 de junio de 2017

La crisis reagrupa el mapa reputacional de los actores claves en la sociedad, por @AMADOFUGUET



AMADO FUGUET 04 de junio de 2017
@AMADOFUGUET

Desde que se iniciaron las protestas hace dos meses, el cuadro reputacional de los actores claves en la sociedad en el país ha tenido cambios sustanciales. Este movimiento es generado por la percepción que tiene la ciudadanía sobre las posiciones asumidas y las actuaciones públicas de estos factores sobre los grandes asuntos públicos que han concentrado la atención nacional e internacional.

Una de las variables fundamentales cuando se construye un mapa de actores claves es la reputación. Tiende a ser positiva cuando la mayoría le otorga reconocimiento a determinado actor por sus posiciones y comportamientos en función de lo que esa colectividad espera de él. Y se hace negativa para determinados sectores cuando esa mayoría estima que éstos están expresando criterios y actúan contra lo que aspiran y defienden.

Con la buena reputación ante la mayoría se gana confianza y con la mala se pierde. Por lo tanto, los que suman confianza acumulan credibilidad, y los que ven mermada la confianza la reducen. Los primeros tienen entonces más poder de influencia y los segundos menos. Aún a pesar de que éstos tengan mayores recursos y poder para tomar decisiones.

Uno de los grandes influyentes es la Iglesia. En los estudios de opinión pública siempre aparece este sector en los primeros lugares como una de las instituciones que generan confianza. Y en medio de la crisis ha fortalecido su reputación, sobre todo porque desde principios de años fue marcando la agenda de lo que sería el debate y la respuesta de las instituciones y la ciudadanía ante la crisis. Desde enero fijó posiciones que se convirtieron en el preludio de las manifestaciones que se escenifican en el país desde abril.

Igual ha ocurrido con otros factores de la sociedad, como los estudiantes y las universidades, quienes han venido acompañando durante años recientes a la Iglesia en este cuadro de confianza. El movimiento estudiantil y las comunidades universitarias han sido actores protagonistas y movilizadores en las protestas. Tienen un liderazgo influyente que se ha fortalecido.

Dentro del cuadro de actores de mayor confianza también hizo méritos la empresa privada en los últimos tres años para ganar posiciones. La opinión pública fue reconociendo que el sector productivo privado es fundamental para superar los problemas de abastecimiento que afectan a la población, derrotando la fallida tesis oficial de una supuesta guerra por parte de los empresarios para acabar con la economía. Este sector, aunque ha mantenido un protagonismo prudente en el liderazgo de las protestas, ha fijado duras críticas contra propuestas como la constituyente.

En el ámbito de los actores más políticos ha habido un cambio relevante. Luego de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, la Asamblea Nacional había ganado escalones en el ranking reputacional, partiendo de la promesa de cambio en 2016, pero al no cumplirse las expectativas, perdió terreno. Igual ocurrió con la MUD, sobre todo después de los episodios de diálogo que desfiguraron la confianza que había construido durante la campaña electoral de 2015 y las movilizaciones que se dieron en la búsqueda del revocatorio.

Las encuestas más recientes reflejan un importante repunte de la Asamblea Nacional y de la MUD, en lo cual han tenido que ver varios factores. Uno de ellos está en las posiciones asumidas para denunciar el progresivo golpe de Estado que ha devenido en la calificación al régimen como dictadura. Otro es la presencia constante y a la vanguardia de los líderes -en lo cual sobresale la generación de políticos emergentes- en las manifestaciones caracterizadas por una intensa represión. Y también en una estrategia y un mensaje más coherente por parte de la dirigencia opositora.

La Asamblea Nacional ha resurgido, sobre todo porque en la medida en que ha ido avanzando la crisis, ha venido acercándose más a la sociedad, con iniciativas como el Frente Nacional de Defensa de la Constitución. Pero además ha logrado ser reconocida como el gran interlocutor por parte de la comunidad internacional.

Pero hay un actor en el mapa de poder que ha ganado confianza en sí misma: la ciudadanía. Su presencia en las calles, su involucramiento en el registro de violaciones a los derechos humanos, su participación en la discusión pública y su rechazo las trasgresiones a sus derechos políticos -el voto especialmente- entre otros atributos, ha impulsado su reputación. Con ello, su poder de influencia se ha incrementado, dentro y fuera del país. Ella misma se nutre para movilizar y ejerce presión sobre otros actores.

- Reputaciones a la baja -

En contraste, el Presidente, el Gobierno y los demás poderes públicos vinculados a ellos, han perdido confianza sostenidamente ante una mayoría que tiene aspiraciones distintas a las que promueven y narran estos actores.

Las elecciones parlamentarias ya lo habían evidenciado. La población se expresó en forma tan contundente que el mapa de poder se sacudió. Uno de los poderes públicos más relevantes, la Asamblea Nacional, quedó en manos políticas distintas a las que hasta entonces la conducían.

Y en la medida en que agudizaban los problemas de la población, el crédito del gobierno como solucionador de los problemas fundamentales, como la escasez, la inflación y la delincuencia, se fue diluyendo cada vez más. Más aún, la mayoría le ha endilgado al gobierno la responsabilidad definitiva de los problemas que le están golpeando en la cara: el hambre, la desnutrición, la falta de medicamentos, la precariedad de la atención en los centros de salud, entre tantas otras calamidades.

Este descalabro reputacional se ha venido profundizando desde el momento cuando el TSJ tomó la famosa decisión de eliminar los poderes a la Asamblea Nacional y que fue denunciada como un golpe de Estado.

Ese episodio, la represión violenta a los manifestantes en las protestas, y la propuesta para realizar una Constituyente sin aprobación del soberano, han tenido un impacto negativo en la percepción del público, arrastrando a distintos actores del elenco oficial: El Ejecutivo, el TSJ, la FANB, el CNE y la Defensoría del Pueblo.

La pérdida de la ya decaída confianza en estos actores, se vio acentuada cuando surgieron las sorpresivas posiciones y actuaciones que ha tenido la Fiscalía General de la República, lo que ha significado la principal ruptura dentro de los actores claves del poder. Esta institución, de por sí, es tal vez la única dentro del sector oficial, que ha revertido en buena medida la desconfianza por parte de otros actores de la sociedad, a pesar de sus actuaciones precedentes.

Esta pérdida reputacional en las filas del poder oficialista, también la ha tenido internacionalmente. En forma notoria la comunidad internacional ha hecho saber su posición crítica. Organismos regionales, mundiales, parlamentos, gobiernos, ONG, medios de comunicación y figuras influyentes han denunciado al régimen, de tal forma que el reconocimiento que una vez llegó a tener la revolución en determinados ámbitos internacionales, ha caído estrepitosamente.

- La ANC con falla de origen -

La Asamblea Nacional Constituyente, en este momento, no existe como institución. Pero en el escenario de que llegara a instalarse, vendría con una partida de nacimiento sin la legitimidad y la legalidad que debería tener para tener reconocimiento.

Una institución que es promovida por otras que aparecen en las encuestas con los menores índices de confianza entre los distintos actores clave de la sociedad, parte con un desprestigio de origen.

Al no contar con la legitimidad que solo sería posible con un referéndum consultivo, sus actos no tendrán el reconocimiento debido por parte del soberano. Y por supuesto, tendrá una base legal constitucional precaria.

Si alguna institución necesita el más alto nivel reputacional posible, es una Asamblea Constituyente. Al no tener consigo la confianza y el respeto de los demás actores de la sociedad y de los ciudadanos, en lugar de solventar la crisis, su posible existencia y sus actuaciones podrían profundizarla, con consecuencias nefastas para la sociedad en su conjunto.