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domingo, 4 de junio de 2017

No teman, por @rafluciani



RAFAEL LUCIANI 03 de junio de 2017
@rafluciani

En estos tiempos tan complejos y difíciles nos invaden sensaciones extrañas que hacen pesada nuestra vida cotidiana. El miedo, la angustia y la incertidumbre acerca del futuro pueden paralizarnos e inhibirnos de nuestras luchas por un futuro mejor. El gran triunfo de cualquier victimario está en convertirnos en sus víctimas, en paralizarnos y transformarnos en personas que, aunque no hagamos mal alguno a los demás, dejamos de hacer el bien común que nos corresponde hacer. En ese momento, habremos perdido la conciencia moral que debe regir nuestros discernimientos.

Las Sagradas Escrituras nos ofrecen un mensaje iluminador al respecto. En el libro de Isaías se nos dice: “Decid a los de corazón intranquilo: ¡Ánimo, no temáis! Nuestro Dios viene a salvarnos” (Is 35,4). Del mismo modo, cuando María se encuentra en su momento de mayor inseguridad, llena dudas y afectada por el desprecio de sus vecinos y conocidos, el Ángel se le aparece y le comunica: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios” (Lc 1,30). Hoy, en Venezuela, ese mismo Dios, misericordioso y compasivo, lento a la cólera y rico en piedad (Ex 34, 5-8), nos invita a superar nuestros miedos y desánimos porque la persecución, el sufrimiento y la muerte no son la última palabra. Esta fue la convicción que sostuvo a los primeros cristianos cuando sufrían las consecuencias de la persecución romana y el martirio.

Recordar el continuo llamado de Dios a no temer nos debe animar en estos momentos de tanta angustia y dificultad, pues Dios siempre está del lado de las víctimas y nunca del victimario. Cuando el profeta Isaías clamó esas palabras de esperanza y consuelo, lo hizo a un pueblo que vivía sometido a la esclavitud y la opresión, para que se levantara y luchara. La angelofanía del relato de la anunciación a María le trajo esperanza y confianza a una joven que no veía con claridad su futuro. Los relatos bíblicos nos ayudan a descubrir cómo la esperanza divina se ofrece en medio de aquellas situaciones de soledad y resequedad de la existencia, donde no se ve futuro claro alguno, ni salida viable ante los conflictos y pareciera que el camino del sufrimiento es el único posible que nos queda.

Dios escucha el clamor

A lo largo de las Escrituras, Dios siempre se revela como quien escucha el clamor y la indignación de su pueblo. Él nos ofrece un mensaje de esperanza que, a diferencia del miedo, busca que retomemos el camino del reencuentro con los otros y nos tratemos como hermanos y hermanas de un mismo pueblo. Sólo un pueblo hermanado puede recuperar su sanidad mental, estabilidad política y progreso socioeconómico. Pero esto requiere de un arduo esfuerzo personal por superar el miedo y levantar las barreras que nos separan e impiden acercarnos al otro. El victimario nunca es dueño del futuro. Nuestro mayor triunfo será el no dejarnos convertir en víctimas, en no vivir bajo el peso de la opresión mental y física que nos inhiba a actuar y a expresarnos con la libertad de los hijos e hijas de Dios.

La libertad comienza cuando superamos el miedo. No temer significa transformar la negatividad y la pesadumbre en libertad para actuar, en voluntad de reencuentro con los otros. Significa ponernos en marcha, salir y caminar (Ex 12, 37-38) como un solo pueblo que gime por su bienestar. Esto supone la convicción firme en un Dios que no descansará hasta que tengamos una calidad de vida como la que Él mismo vive. Es lo que los cristianos oramos cuando decimos: “así en la tierra como en el cielo”. No nos dejemos vencer por el miedo.

Rafael Luciani
Doctor en Teología
rlteologiahoy@gmail.com
@rafluciani