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domingo, 15 de abril de 2018

Cohesión por @perroalzao



Por Arnaldo Esté


Cuando hablamos de crisis general queremos decir que su amplitud y profundidad alcanzan, invaden los niveles éticos, los valores que permiten hablar o percibir a una nación. Más allá del territorio y sus recursos, más allá de su historia y hechos, es lo que resulta, lo que ella alcanza o no a ser.

Una grave expresión de esa descohesión son las migraciones, el éxodo. La gente se va tal vez huyendo, tal vez buscando asideros que ofrezcan un sentido extraviado. Mucho más que la mengua material, que es mucho decir, es la dificultad que se deriva de ese extravío para tomar decisiones, para hacer proyectos.

Pero, como bien lo dicen las imágenes e historias de los pueblos y naciones, la cohesión que se logra no es permanente ni mucho menos eterna. Guerras, crisis, catástrofes pueden romper, destruir, desintegrar. Pero, también, muchas de esas historias nos dicen que después de esas penurias las calidades éticas, los valores pueden pervivir y generar grandes recuperaciones.

La historia de Venezuela, desde antes de la invasión ibérica, con la costosa Guerra de Independencia y con el caudillismo de pretensiones ordenadoras y civilizadoras, no alcanzó una sólida cohesión, y, en lugar de cohesión, hubo seguimiento: pegarse detrás de un gerifalte resolvedor.

Cortos períodos de pretensión democrática no lograron la permanencia y emancipación suficiente para estabilizar esa necesaria cohesión. No fueron suficientes los rescates folclóricos ni los imaginarios heroicos. La petrofilia se instaló como fuente de poder, suministro y compra de conciencias.

La “situación”, como se repite con riqueza angustiadora, pareciera negar alternativas.

Ha habido destellos: las elecciones a la Asamblea Nacional, la consulta plebiscitaria del 15 de julio, la asamblea del Aula Magna de la Universidad Central. Cosas que parecieran hablarnos de tesoros escondidos en nosotros mismos que tal vez no se deberían llamar reservas, sino, más bien, semillas, cosas que esperan cultivos y que resultan prometedoras al contrastarlas con el desmadre del gobierno.


Son retos para perseverar, para buscar lenguajes y nuevos símbolos. Mucho trabajo, creaciones y proyectos, pero, sobre todo, la generosidad que propicia la unidad, la reintegración. Esa condición que tiene el genio humano para idear y concitar.


14-04-18




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