lunes, 7 de mayo de 2018

Las metamorfosis del chavismo, por @hectorschamis




HÉCTOR E. SCHAMIS 06 de mayo de 2018

En inherente al chavismo, su plástica naturaleza y sus transformaciones perpetuas. Metamorfosis kafkianas que siempre ha emprendido a voluntad. Por quedarse en el poder, todo; aun convirtiéndose en insecto gigante. Como Gregor Samsa, despreciado por su familia y confinado a su habitación pero con la capacidad de causar consternación.


El reacomodamiento de las piezas está en curso, según me llega desde varias fuentes confiables. En un almuerzo que habría tenido lugar hace dos semanas, los embajadores de algunos países de la Unión Europea en Caracas conversaron con el candidato Henri Falcón. Allí se hizo referencia a un gran acuerdo político preparado por José Luis Rodríguez Zapatero.

En base a dicho acuerdo, gobierno y oposición—léase el candidato Falcón—se comprometerán a asegurar la estabilidad y lanzar un plan económico de recuperación inmediatamente después de la elección del 20 de mayo. El escenario previsto es de siete millones de votos para Maduro y cinco millones para Falcón. Es la consabida fórmula del fraude inteligente: 60-40.

Con dicho resultado Falcón será el líder de una oposición a la medida del régimen. Tanto que se habla de ofrecerle la vicepresidencia. La idea ya estaba dando vueltas hacía tiempo, pero fue Zapatero, eximio diseñador de contubernios, quien aparentemente le dio las puntadas finales: un gran gobierno de reconciliación y unidad nacional.

Con tanta pompa no es difícil de imaginar la celebración de Maduro, su acostumbrada danza macabra. En la metamorfosis todo es posible. El insecto de hoy es el clásico consociacionalismo holandés en versión caribeña, una gran coalición de gobierno. Algo así como el Frente Nacional colombiano de 1958 a 1974, claro que en apariencia: Falcón no es más que un subcontratista de la franquicia chavista.

El esquema se ve como un barniz de legitimidad para salir del aislamiento internacional. Francisco Rodríguez, asesor de Falcón, se convertirá en zar de la economía. Tal vez sea zar en el futuro, pero hoy es conocido como el rey de los bonos de hambre. Es que Rodríguez es bróker de tenedores de deuda venezolana y fue eficaz en convencer al gobierno que pague. Es decir, que destine los recursos a Wall Street en lugar de atender la crisis humanitaria. Viva la revolución, de la hipocresía.

Pero servir la deuda fue cosa del pasado, varios de los bonos están impagos hoy. El riesgo, cierto e inmediato, es el default generalizado y luego los buitres. Para evitarlo traen a Rodríguez, con el apoyo de los acreedores, su propuesta de dolarización y su búsqueda de platas frescas.

Bien puede ser una expresión de deseos que, ante el fracaso, será leído como un engaño por parte del gobierno. El gobierno de Maduro no está en condiciones de emitir deuda nueva, salvo privatizando activos que asimismo están deteriorados. Y si el plan es usar la moneda Petro como instrumento de deuda, esa es precisamente la razón por la cual el Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo incluyó en el régimen de sanciones existente.

Jugar con fuego supone el peligro de quemarse, deberían saber los zares, pero si todo esto resulta, el gobierno habrá logrado una vez más lo que hace ya varios años viene consiguiendo con éxito: alargar su horizonte temporal en el poder. O sea, ganar tiempo, desmovilizar, reprimir aunque mejor cooptar, con presos políticos y con rehenes silenciados, neutralizar a la oposición, barajar y dar de nuevo. Una y mil veces.

Y mientras tanto avanzar en la construcción de un sistema de partido único. En las elecciones regionales de octubre y las municipales de diciembre último, fue con fraude y disfraz de democracia competitiva. No debe olvidarse que hubo gobernadores de la MUD que se juramentaron frente a la Asamblea Constituyente, también fraudulenta. Ahora será igual pero con la máscara de un gobierno de unidad nacional.

El comodín de la baraja es qué hará la comunidad internacional el 20 de mayo por la noche. Muchas naciones han anunciado que desconocerán el resultado de dicha elección. Lo cual quiere decir desconocer al gobierno que de allí surja. Sin embargo, algunos países que habían retirado sus embajadores de Caracas—España y Panamá, por ejemplo—han vuelto a enviarlos. ¿Es un retorno temporal a sus destinos?

Es que si verdaderamente desconocen la elección, dichos embajadores deberían estar en casa el día 21. De otro modo, que se preparen para convivir con un insecto gigante en el hemisferio. A este no podrán encerrarlo en su habitación.