Julio César Arreaza B. 13 de mayo de 2018
El
régimen forajido ha herido de muerte a la república y pretende liquidarla y
sepultarla, y sigue actuando en la política sin ningún escrúpulo, como asunto
de supervivencia y de viveza; carente de arrestos morales no ha tenido empacho
en establecer una organización criminal con tal de mantenerse en el poder como
sea; con su negativa a la ayuda humanitaria demuestra que no le importa la vida
de los venezolanos.
Los
defensores de la república como sistema democrático que se orienta hacia el
beneficio de las mayorías, sabemos que no existen a los efectos de organizar la
sociedad formulas rebuscadas, sino la meridiana conducta de apego a los
principios y hábitos republicanos: independencia y separación de los poderes.
Una república se construye con apego a la fidelidad de unos principios básicos
que sólo son modificables para adecuarla a los tiempos.
La
historia enseña como buena maestra, que la república se desarrolla y fortalece
a través de la práctica de unos valores cardinales sin cuya existencia
desaparece la libertad. Lo que se quiere alcanzar es el bien mayor del
establecimiento de regímenes democráticos equilibrados y civilizados cuyo fin
es la erradicación del autoritarismo que tanto daño ha causado. Para la
restauración de la república nos vemos compelidos de abrevar en sus fuentes
cristalinas.
Quienes
secuestraron el poder hace 20 años se convirtieron en unas máquinas de odio,
arropados con una ideología, sin mucha profundidad y poco estudio, para
desplegar su autoritarismo violatorio de los derechos humanos.
El
problema es que se ha instalado en el poder una organización criminal, un
régimen militar fascista, despiadado y cruel y rico en drogas, trampas y
mentiras. No estamos ante el poder para construir sino para destruir, basta ver
el estado actual de las instituciones, infraestructura y servicios públicos.
Uno de
los logros que marcaba el orgullo nacional consistía que la otrora PDVSA era el
suministrador más confiable de los Estados Unidos; ahora con la destrucción de
nuestro buque insignia, Colombia nos superó como exportador al país del norte,
un mercado que nos beneficia por su cercanía y rentabilidad y porque las calidades
de nuestro petróleo se adecúan a sus refinerías.
Los
corruptos acabaron con la gallina de los huevos de oro.
Es
tanta la maldad que irradian que han llegado a torturar y martirizar, cobarde y
alevosamente, a familiares de los dignos magistrados del legitimo TSJ en el
exilio.
En
esta hora nos enfrentamos a una lucha del mal contra el bien. El 20-M se
llevará a cabo una farsa electoral que condenará al régimen de Maduro al
aislamiento, no será reconocido como presidente, y para nada le servirá la
comparsa de Falcón y sus adláteres quienes quedarán como una anécdota en el
devenir republicano y reposarán también junto al régimen forajido en el
basurero de la historia, destino merecido que les espera.
¡Libertad
para los presos políticos y regreso de los exiliados!
Julio Cesar Arreaza
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