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lunes, 27 de enero de 2014

Humillar al adversario es fascismo

PEDRO LLORENS 26 DE ENERO 2014

Mi primer encuentro con el franquismo, a muy corta edad (tendría unos 10 años) me dejó vivamente impresionado, tanto que suele reproducirse (la memoria, como el corazón, tiene freno y marcha atrás) cuando la política se degrada y los cobardes aprovechan la impunidad de que gozan para humillar al adversario.

Ocurrió con una carta que recibió mi padre, de su hermana que estaba en España, obviamente abierta por la censura, con un papel engomado burdamente pegado en un costado (para hacer más descarada la violación) y en el interior un par de cuartillas escritas a mano, en castellano (estaba censurado el catalán), encabezadas por un rótulo: “¡Viva Franco, caudillo de España por la gracia de Dios!”…

Supe entonces que la exclamación de respaldo al dictador, indispensable para que le pudieran dar curso a la correspondencia, era una forma de humillar por partida doble, al remitente que estaba en el país rodeado de terror y al destinatario exiliado ávido de noticias que no se podían contar. En el texto se informaba de la gravedad de mi abuelo, quien poco después murió.  

Lo que esta vez frenó y rebobinó mi memoria hasta llegar al sobre remendado con el papel engominado y la carta con el “¡Viva Franco…!” fueron unas declaraciones del primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, Darío Vivas, en las que condiciona la devolución de los derechos constitucionales y también los especificados en el reglamento del Parlamento, conculcados a los diputados de oposición, por el stalincito, hitlercito, franquito y todo lo terminado en ito como Hirohito, presidente del Parlamento, a que “aprendan a respetar”, y aprender a respetar para él (para ellos) es que se desdigan de cuestionamientos y reclamos y juren que no lo volverán a hacer.

Claro que, a diferencia del franquismo, quienes juegan a ser villanos en la Asamblea no fusilan como lo hizo Franco, a discreción primero y luego sin prisa pero sin pausa durante los 36 años que duró su gobierno, y hasta ahora no han pasado de golpizas a diputados y diputadas de oposición… pero el odio y las ganas de hacerlo están presentes en muchos de ellos y hasta el mismo Darío, tan dispuesto a conculcar derechos, se olvida de los años en que manifestaba para pedir amnistía (muchas veces se lograba) y sale ahora de asomado a pedir que dejen preso al comisario Simonovis, acusado de una masacre que no ocurrió y que, en todo caso, era propiciada por “pistoleros” defensores de un presidente asustadizo que negociaba su renuncia a raíz del 11-A.


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