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viernes, 6 de enero de 2017

Maduro nombra vicepresidente a un duro, conectado con el narco y Hizbolá, por @ejBlasco



EMILI J. BLASCO 05 de enero de 2017

Nicolás Maduro ha nombrado vicepresidente de Venezuela a Tareck el Aissami, uno de los dirigentes más duros del chavismo, investigado en Estados Unidos por sus conexiones con el narcotráfico y con el extremismo del partido y milicia chií Hizbolá. Tras ganar tiempo durante el último trimestre mediante el presunto diálogo con la oposición, para así superar el crítico listón de 2016, Maduro procede ahora a un mayor enroque.

El símbolo más elocuente es la sustitución del vicepresidente ejecutivo Aristóbulo Istúriz, un veterano nombrado en 2016 por su imagen en teoría más dialogante, por El Aissami, de 42 años, cuya radicalidad venía provocando recelos incluso en algunos sectores del chavismo. El cambio sitúa a El Aissami como número dos del Gobierno, restando poder a Diosdado Cabello, quien, aunque fuera del Ejecutivo, se venía considerando como el segundo hombre fuerte del chavismo.

Con este nombramiento, el exministro de Justicia e Interior y hasta ahora gobernador de Aragua se coloca en excelente posición para la sucesión de Maduro en el caso de que en el chavismo se produjera un relevo. Si debido a la crisis económica y humanitaria de Venezuela, Maduro se viera forzado a dejar el poder, su vicepresidente le sustituiría hasta las elecciones presidenciales de finales de 2018.

Este cambio forma parte de la remodelación del Gobierno –amplia pero sin tocar los puestos claves de Defensa e Interior– anunciada por Maduro desde el caraqueño Cuartel de la Montaña, donde se encuentra el mausoleo de Hugo Chávez. Maduro ha esperado para nombrar a El Aissami hasta que, con el fin de 2016, ha concluido la posibilidad de convocatoria de un referéndum revocatorio que, de perderlo como indicaban todas las encuestas, habría supuesto su salida y la celebración inmediata de elecciones. La oposición había buscado esa solución, pero el Gobierno utilizó al Tribunal Supremo y al Consejo Nacional Electoral, órganos que domina, para boicotear el proceso, contraviniendo la Constitución. Ahora el chavismo tiene asegurado seguir en el poder hasta las elecciones de 2018.

«Le he dicho: métete de noche y de día a trabajar por la seguridad del pueblo, contra los criminales, a depurar las policías regionales y nacionales, a la lucha contra los terroristas de extrema derecha», dijo Maduro en una de sus largas intervenciones ante la pantalla, refiriéndose al nombramiento de El Aissami, hijo de inmigrantes drusos procedentes del Líbano.

Esas palabras de advertencia, dirigidas a los dirigentes de la oposición –«terroristas, cuídense, vamos a por ustedes»– parecen anunciar un recrudecimiento de la represión. En su labor, El Aissami tendrá a su mando el Sebin, a la vez servicio de inteligencia y policía política.

Incondicionales

Al nuevo Gobierno se incorpora también Adán Chávez, hermano del difunto presidente, e igualmente investigado en EE.UU. por su presunta relación con el narcotráfico. El hasta ahora gobernador de Barinas será titular de Cultura. En el Gabinete siguen, cambiando de cartera, Elías Jaua y Erika Farías, otros dos dirigentes que, como Adán Chávez, son especialmente cercanos a Cuba. Con ellos y con El Aissami –quien a su vez arrastra al Gobierno a gente de su grupo, como Ramón Lobo, que estará al frente un unificado Ministerio de Economía y Finanzas– Maduro se rodea de incondicionales.

Los perfiles de El Aissami y Adán Chávez contribuyen a reforzar la visibilidad de la condición de Venezuela como narcoestado. Ya el ministro de Interior, el general Néstor Reverol, ha sido acusado formalmente por la Fiscalía estadounidense por haber tomado parte en operaciones de tráfico de droga. Las investigaciones apuntan a que el 90% de la cocaína de Colombia pasa a través de Venezuela, entregada en su mayoría por las FARC y gestionada en suelo venezolano por altos mandos chavistas (la última condena es la de dos sobrinos de Maduro, juzgados en Nueva York).

En las revelaciones adelantadas por ABC y después publicadas en el libro «Bumerán Chávez», Leamsy Salazar, que fue escolta de Hugo Chávez y Diosdado Cabello, menciona a El Aissami como alguien implicado directamente en las operaciones del llamado Cartel de los Soles, que celebró una reunión en 2013 en Puerto Ordaz, convocada para abordar operaciones de narcotráfico, a la que Adán Chávez llegó con dos colombianos de las FARC y El Aissami lo hizo con dos miembros de Hizbolá. Uno de ellos era Ghazi Nassereddine, un libanés-venezolano que fue número dos en la embajada de Venezuela en Siria y pieza de enlace en la estrecha relación entre Hizbolá y el Gobierno de Caracas. Según investigaciones de EE.UU., El Aissami ha ejercido de principal conexión entre la cúpula chavista y ese grupo, catalogado como terrorista por EE.UU. y la UE.

El Aissami y Nassereddine (este último incluido por el FBI en su lista de personas más buscadas) fueron señalados por fiscales estadounidenses como los principales interlocutores del régimen chavista con Hizbolá. Al primero se le atribuía, como ministro de Justica e Interior entre 2008 y 2012, la entrega de pasaportes a activistas de esa organización; al segundo, la recolección de fondos para la financiación de operaciones terroristas.

Chávez y Hizbolá

Esa relación fue impulsada por Hugo Chávez y oficializada internamente en una entrevista secreta mantenida en 2007 en Damasco por Maduro, entonces canciller, y el secretario general de Hizbolá, Hassan Nasralá.

Por otra parte, uno de los claros damnificados de la remodelación gubernamental obrada por Maduro es Eulogio del Pino, que sigue como presidente de la petrolera estatal, Pdvsa, pero deja de ser ministro de Petróleo, cargos que había aunado. Del Pino ha sido cuestionado internamente por haber captado poco interés internacional para la renegociación de la deuda de la compañía nacional, en un año en el que el Gobierno se ha visto ahogado financieramente. Como nuevo ministro de Petróleo fue nombrado Nelson Martínez, expresidente de Citgo, la filial que Pdvsa tiene en Estados Unidos y cuya venta Maduro no se anima a materializar ante el descenso de su valor en el mercado.