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domingo, 15 de enero de 2017

Unidad sin unanimidad por @garciasim


Por Simón García


El objetivo prioritario de las fuerzas de cambio debe ser la lucha por la defensa y la vigencia de la Constitución Nacional. Ello significa rescatar derechos confiscados como el ejercicio del voto, la libertad de expresión, la seguridad personal o la existencial posibilidad de comer.

Mantenerse en el ámbito del respeto a la Constitución mientras el gobierno se coloca fuera y contra ella es la principal fortaleza de la MUD. Es el elemento que más consolida la solidaridad internacional y el que proporciona una poderosa base de legitimidad. La otra gran fortaleza es que el Presidente está ejerciendo su cargo no sólo desacatando la Constitución sino destruyendo al país y condenando a la población a condiciones de vida insoportables.

El conflicto entre el gobierno y el conjunto de la sociedad puede desenvolverse en el plano de la violencia y la fuerza, que es el que ha escogido la cúpula gubernamental o puede desarrollarse por una vía pacífica, democrática, constitucional y electoral que es la opción que ha mantenido la MUD.

Es una lucha compleja, difícil y riesgosa en cuya vanguardia, con distintos grados de participación, están los partidos democráticos, organizaciones de defensa de los derechos humanos, el movimiento estudiantil y los restos del movimiento popular, colegios profesionales y venezolanos dentro y fuera del país. Esa vanguardia debe, más que nunca, actuar con amplitud para promover una insurgencia cívica que construya un nuevo consenso nacional, abra espacios a una transición y genere las condiciones para que sectores o instituciones del aparato de Estado dominante retornen al camino constitucional. Eso implica calle, diálogo y presión internacional en todas las modalidades posibles.


Hay que demostrarle al país que desde visiones diferentes, en algunos aspectos hasta encontradas, pueden compartirse acciones unitarias, no sólo en el terreno electoral sino también en ayudar a la gente a resistir sin perder la esperanza en el cambio, a promover luchas por aspectos específicos sobre los que hay consenso como la educación libre de currículos ideológicos, a enfrentar la represión y las intrigas del gobierno para golpear a los dirigentes de la oposición y de la resistencia. No es hora para exclusiones ni para aislamientos, cuando el aparato policial está fabricando una gran intriga para acabar con la Asamblea Nacional, ilegalizar partidos y no hacer elecciones.

Toda la oposición, desde radicales a moderados, comparten no participar en un diálogo mientras el gobierno no cumpla los compromisos que el Vaticano ha sintetizado muy bien en las cuatro demandas: canal humanitario, libertad de presos políticos, respeto a la AN y cronograma electoral. No introduzcamos artificialmente una división entre dialoguistas y rupturistas.

La ruta electoral debe comenzar por exigir la convocatoria de las elecciones de Gobernadores. Es un primer paso y no excluye todas las otras posibilidades para salir de la crisis electoralmente. Transformemos la unidad plural en insurgencia cívica, democrática y constitucional, en lucha, diálogo y acuerdos para avanzar hacia otro país.

14-01-17